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Tapatíos 100%


Con la intención desinteresada de contribuir al entendimiento de los tapatíos y los "fuereños", se presentan las siguientes reglas que permiten entender e identificar al verdadero tapatío.
No hagas en privado aquello que puede ser público mediante el sano ejercicio del rumor o el chisme (ingeniería social). Frases como: "me contaron que...", "te lo voy a confiar nada más a ti...", "no vayas a decirle a nadie...", forman parte del vocabulario cotidiano del tapatío radical. El truco consiste en narrar la historia sin implicarse.
No hagas público aquello que debiera saberse. Un auténtico tapatío se reconoce por su capacidad para guardar información privilegiada, y más si con ello se protege la reputación de algún pariente o amigo. La fidelidad del tapatío radical está con los de su propia especie, los demás no importan.
Comprométete a todo, pero nunca digas cuándo (no en balde el "Son de la Negra" es una de las piezas de música jaliciense más conocidas mundialmente). El verdadero tapatío jamás le pone fecha a sus compromisos y recurre al "te llamo para confirmar..."; así evita el uso del poco diplomático "no". Sacar la agenda puede ser considerado un signo de mala educación o hacer sospechar al interlocutor en turno de algún interés inconfesable. Entre tapatíos radicales esto no representa problema, ya que se resuelve con un cómodo: "me llamas o te llamo... sí pues".
Conoce los árboles genealógicos de las familias "bien", que es uno de los principales requisitos para moverse con soltura en diferentes ámbitos. Un "pero claro, tú eres la hija de "X", que se casó con "Y", quien es primo de mi cuñado", es capaz de abrir cualquier puerta. Además, cualquiera que no pertenezca a esas familias y haga billetes, es sospechoso de "lavado de dinero" o "narcotráfico".
Al buen tapatío se le reconoce por el beso en la mejilla y el apretón discreto de manos. No se trata en estricto sentido de un beso ni de un apretón, es apenas un roce en la mejilla y un corto y discreto toque de manos, otros aspavientos son costumbres de norteños y mafiosos.
La utilización de diminutivos forma parte de la complicada socialización del tapatío o tapatía radical. Jamás emplea en familia o fuera del círculo de los "de más confianza" palabrotas soeces como usan los norteños.
Fundamental resulta el dominio de ciertos localismos en sus contextos de uso. "Ocupo" (en lugar de necesito), el adverbio "bien" ("bien mucho", "bien bonito", "bien suave", etc.), "ira" (como sinónimo de "mira", "fíjate"), "mijo" o "mija" (para dirigirse a cualquier persona menor en edad), el "pos" en lugar de "pues", y finalmente, el plural en las conjugaciones de la segunda persona del singular ("dijistes", "trajistes", "hicistes").
Los tapatíos pueden ser invisibles. Pueden encontrarse de frente dos amigos y no reconocerse (por así convenir en el momento a uno o ambos de ellos), así que se rozarán sin saludarse. Hay que afinar la lectura del lenguaje corporal para evitar saludar a alguien que en ese momento no lo desea.
El tapatío es "sentido como jarrito de Tonalá". Ello significa que se toma todo a pecho y como afrenta personal.
Los tapatíos radicales tienen varias opciones dominicales: recluirse en la santidad del hogar; recluirse en la santidad del hogar extendido, es decir, en la casa de los papás, los suegros o los abuelos; ir a comer raspados; metersa a las plazas en busca de boletos para la película más solicitada; ir al fut-bol y, si gana su equipo, llevar a comer a la familia a las "Carnes Garibaldi", si pierde, a la birria a Tlaquepaque. Organizar "carnes asadas" no es opción. Esta es costumbre de norteños y "donde empieza la carne asada termina la civilización".
El Tapatío 100% jamás se deja ver en "desfiguros". Eso de salir a la calle vestido como para lavar el aljibe es costumbre de chilangos. No es admisible ni para lavar el carro.
Cuando el auténtico tapatío maneja un automóvil se convierte en propietario del carril por donde circula y no admite que nadie se le atraviese obligándolo a modificar la velocidad o cambiar de carril. Por supuesto que él también trata de no estorbar y solo la desesperación o el error (nunca admitido) lo hacen entrar en forma "imprudente" a un carril. Otra forma de conducir es considerada incivil, "chilanga" o de "gente que aprendió a manejar en una cantina".

De Mexicanos de Primera, a Chilangos de Tercera

Y como la maldición se cumplió: Guadalajara cada vez se parece más al DF, volvieron a salir con sus altares de muertos, alegando que son 'tradición', cuando antes de la invasión chilanga no habían sido vistos en esta ciudad.

Me comentaban que habían promovido la instalación del altar de muertos para frenar la costumbre -más exótica- del 'Halloween'. Está bien, pero eso de las calabaza y las chiquillas y chuiquillos tocando a las puertas para pedir regalos en esa fecha, es costumbre de hace siglos en la hacienda de El Cabezón, de los Cañedo, aquí en Ameca.

Chiquillas y chiquillos salen en bola, sonando botes y cazuelas, tocan la puerta y cantan: 'No vengo por hambre/ni por necesidad/es por costumbre/que usted me ha de dar'. Les daban calabaza cocida, tamales, dulces o dinero. Hagan de cuenta como ahora 'pedir el jalowin'.

En la zona rural de Ameca había la costumbre de 'Pedir la Calabaza'. Rezaban y luego recitaban a la puerta 'Animas de esta casa, echen fuera la calabaza'. Así que ni calabazas, ni pedidera son tan exóticos en estos rumbos, como lo es la fábula de los altares de muertos.

Gregorio González Cabral
(v.pág. 4A de Ocho Columnas del 4 de noviembre de 2001).


La explicación de por qué estamos y somos así los tapatíos. Si lo llevamos en el tibio clima, el lustroso paisaje, el cielo nimboso, los celajes inolvidables; el 'ahorro' consuetudinario, la afición al chisme, la envidia inclemente, la desconfianza habitual, lo cual no siempre pudieran ser defectos, pues los griegos clásicos eran así y construyeron la cultura madre, del mismo modo como el culto Agustín Yáñez nos dio una Minerva que parece madre con casco.

Francisco Rea González
(v.pág.7/A del periódico El Occidental del 4 de mayo de 2003).


Siempre donde hay dos tapatíos, encontramos seis opiniones distintas y tres pleitos verdaderos. Imposible esperar unanimidad respecto a nada en estos rumbos donde los celos y las envidias son considerados virtudes cívicas.

Gregorio González Cabral
(v.pág.10A del periódico Ocho Columnas del 8 de junio de 2003).


Cucharadas de jarabe tapatío

Pos, si no le parece o no está de acuerdo y si ha de malgastar su vida criticando la forma de ser, hablar, pensar, manejar y convivir que tenemos los tapatíos, me permitiría sugerir a mi rumbosa vecina que se dé una vuelta por la Central Camionera e investigue cuándo hay corridas hacia Durango o Villahermosa, en donde dicen que se vive a todo dar.

No es que no la apreciemos, ni que en la cuadra experimentemos animadversión alguna contra los oriundos de la otrora húmeda laguna de Texcoco. Tampoco se trata de coartarle su inalienable libertad de expresión sino, simplemente, sugerir que ella, al igual que todos esos fuereños que tan a disgusto viven en este pueblo bicicletero a donde llegaron para asentarse, alcance esa paz espiritual que ha perdido a causa de nuestros regionalismos verbales y nuestras provincianas mochilerías.

Tal vez en un destino más distante, no se le altere el ánimo porque alguien ocupa un birote para hacerse un lonche, un balde para trapear el zaguán o un fajo para detenerse el pantalón. En otra ciudad que no sea Guadalajara, quizá nadie ofenda su pudor porque come capirotada con panocha o porque coge un camión en Pedromoreno o Lopezcotilla. Muy posiblemente, en otro terruño geográficamente más cercano a la avanzada capital que dejó hace diez años, no tenga necesidad de vivir enfatizando las desventajosas comparaciones entre su lugar de origen y su actual residencia. Estoy cierta de que en otros lares, su proverbial impuntualidad no será más responsabilidad de esos torpes jalisquillos que manejan y papan moscas al mismo tiempo; que dejará de lamentar la ausencia de quién sabe que menjurje que en su tierra abunda y aquí ni siquiera sabemos con qué se come.

Probablemente me equivoque, pero intuyo que si la susodicha muda sus reales a otras latitudes, dejará de repelar por el modo como hablamos, por lo sentido que somos, por las costumbres que tenemos.

Y más le valdría considerar muy seriamente la posibilidad de encontrar un nuevo sitio para vivir, porque a quienes le rodeamos ya nos caldeó el ánimo y, Dios no lo quiera, cualquier chico rato, no nos detendremos para suministrarle unas cuantas cucharadas de jarabe tapatío, pero con una cuchara de palo, de esas que aquí ocupamos para menear ese menudo aguado y sin chiste que tanto le hace extrañar el potaje grasiento y enchilado que se estila en su terruño. No es que deseemos emprender una campaña de linchamiento contra los capitalinos que encontraron buen asiento geográfico en nuestra hospitalaria y remilgosa ciudad, pero al menos desearíamos que les funcionara un poquito mejor la dinámica neuronal para asumir que, si se trata de criticar o hablar mal de los tapatíos, sólo nosotros podemos hacerlo con impunidad. Faltaba más. Y, para empeorar el asunto y volverlo más pantanoso, la desdichada le va al América.

Paty Blue
(v.pág.38 del periódico Público del 30 de septiembre de 2003).


Publicado en el periódico Mural el 9 de octubre de 2003.


Batalla callejera [del 28 de mayo] mirada en su totalidad por la televisión que produjo un hecho nunca antes visto en la historia de siglos de Guadalajara: la aceptación y el apoyo de los habitantes a sus policías.

Por primera vez los cuicos no sólo recibieron el reconocimiento de los tapatíos, sino que generaron un fuerte sentimiento de apoyo popular. Frente a los políticos radicales y los burócratas de los derechos humanos que 'pretenden calumniarlos', achacándoles violencia innecesaria a unos y prácticas torturadoras a los de la judicial, la voluntad general está por 'las fuerzas de la ley'.

Según sondeos, un rotundo 80% de los ciudadanos están completamente de acuerdo con sus policías. Es más, la gente ya no les huye cuando divisa a los policías. Incluso les ofrece el jarro de agua o la chela.

Pero no sólo eso. Para dejar en claro el 'milagro', los agarrados, ahorrativos, codísimos lugareños ya acordaron darles propina a sus policías. Eso sí es más que prodigioso. Tapatíos reconociendo servicios con dinero y no con diplomas, es también para la historia. No obstante sucedió. En lugar de descontarles a los policías los escudos rotos, las macanas perdidas o las botas maltratadas, les van a dar: cinco mil pesos a cada uno de quienes estuvieron en primera línea, dos mil a quienes hayan estado de apoyo a la hora de los hechos y mil a cada policía o 'policío' que haya estado acuartelado.

¿Cuándo se había visto eso en Guadalajara? Nunca antes. Jamás de los jamases.

La misma gente presiona para evitar la impunidad, por lo menos la de quienes fueron atrapados o atrapadas por la policía la tarde noche de aquel viernes. Aun cuando ahora alegan que no fueron ellos o ellas, que los confundieron, que los encueraron, que les pusieron a hacer sentadillas, que 'libertad a los presos políticos', el clamor popular es que paguen por andar viniendo aquí a golpear pacientes policías y a causar destrozos en los comercios. De plano tienen la aplastante mayoría en contra... e indignada.

Para acabar de complicarles la vida, salieron a defenderlos ¡los del PRD! Ahora sí como si pretendieran hundirlos. Vale aquel dicho: Mejor no me defiendas, compadre. Aquí el PRD, aparte de que no pinta, dejó fama de revoltosos. Y precisamente por eso los traen de encargo, por revoltosos, por enemigos de la ley y el orden, por anacrónicos izquierdistas...

Gregorio González Cabral
(v.pág.9A del periódico Ocho Columnas del 6 de junio de 2004).


Eso que llamamos aquí 'crudo invierno' en otras latitudes sería una agradable semana de otoño.

Los tapatíos (o biroteros-zonametropolitanos, para ser más específicos) somos malagradecidos y más bien chillones respecto al clima que nos tocó: siempre estamos viviendo el mes más frío, el más caliente, el más lluvioso o el más seco del que tenemos memoria. Y ése es el problema: que no tenemos memoria. Queremos que la ciudad se acerque al mito que tenemos de ella, el de 'la ciudad de la casi eterna primavera'... porque sin el 'casi' sería entonces Cuernavaca, que así le dicen, aunque tenga peor tráfico y contaminación que nosotros, gracias a las hordas chilangas que han tenido a bien invadirla.

Y entonces queremos vivir de acuerdo con una falsa idea de lo que es el clima aquí: dizque una sucesión de largas primaveras, refrescadas por un par de meses lluviosos que nos dejan el aroma de tierra mojada y rematadas por templados otoños en los que, si acaso, sacaremos una chamarra o un rebozo, según el gusto y ya no el género.

Pero no es así: arrancamos el año entre azul y buenas noches, con días secos y fríos como bistec sin tapa en el refrigerador, luego tenemos dos o tres meses ventosos y con tolvaneras para pasar a un calor estilo Mexicali light donde hasta las iguanas pujan. Cuando estamos a punto de morir deshidratados, llegan unos tormentones que nos inundan hasta las azoteas, y terminan justo a tiempo de tener, ahora sí, algunas semanas de campeonato, que nos dejan soñar con eso de la 'primavera eterna', que aparte de cursi suena más añejo que un comercial de Novedades Bertha.

Y esta época es lo mismo, la terca realidad termina por encimársenos una y otra vez: en cuanto los meteorólogos predijeron 'el invierno más crudo de los últimos años', empezó un calor como de Cuyutlán en julio, y ahora que nos acercamos a febrero, tómala: fríos, resfriados y pulmonías. Entramos al invierno.

Por lo pronto, yo aprovecharía para sacar del ropero un 'gallito' que algún despistado de apellido Navarrete se agenció justo para salir a cazar focas en el Polo Norte, aunque nunca fue más allá de Sombrerete, y que aquí sólo puede ser utilizado en una madrugada como la de antier. El problema es que dos horas después ya está uno sudando como pasajero de minibús en mayo. Y ni modo de cargarlo: tiene el volumen, la apariencia y la mitad de peso que un auténtico oso grizzly. De hecho, parece que el pariente mío no fue más allá del cañón de Juchipila, les decía, porque lo confundieron con una bestia y otro ídem se lo tumbó con un riflazo 30-30.

El agujerote, cuando menos, ahora sirve de ventlación.

Paco Navarrete
(v.pág.3B del periódico Mural del 20 de enero de 2005).


En nuestro envidioso mundito tapatío, podemos apreciar una tendencia bastante prolija para hablar mal de los demás. La cizaña, los rumores y el chisme se dan con singular alegría, sobre todo cuando se trata de arruinar a quien ha tenido éxito.

Ricardo Elías, arquitecto y empresario
(v.pág.8A del periódico Mural del 3 de febrero de 2005).


Tiene su significado la indiscreción de los botellones de barro de Guadalajara. Así como éstos transpiran el agua que se les confía, así los tapatíos dejan escapar cuanto saben o les cuentan en una continua exudación de rumores.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y ex gobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 5 de febrero de 2005).


La apatía que caracterizó durante generaciones a los tapatíos, murió a raíz de las explosiones del ´92, y quedó sepultada bajo los escombros de las calles reventadas y las casas derruidas en el Sector Reforma. Aquella ciudad tibia, apática, indiferente, cuyos habitantes se quedaron al margen de los acontecimientos históricos; que en la guerra de Independencia se inclinó más hacia Calleja que hacia Hidalgo y que festejó con un multitudinario Te-Deum en catedral la victoria realista en la batalla de Puente de Calderón y la huida del libertador y sus huestes, y que en la Revolución vio pasar por sus calles a villistas y carrancistas como quien ve llover y no se moja; aquella ciudad abúlica, incapaz de involucrarse en nada, es cosa del pasado...

Lo que antes era excepcional, si acaso, ahora es sistemático: la actitud de los tapatíos se ha vuelto levantisca por sistema. Ejemplos recientes: la irritación de los comerciantes del Mercado Libertad cuando se habló, hace unos años, de demolerlo; la indignación generalizada ante las recientemente anunciadas alzas en las tarifas del transporte público; ahora mismo, las voces de protesta que ya empiezan a levantarse ante el anuncio del alcalde de Guadalajara, de dar luz verde a la instalación de ductos para el gas natural.

Muchos tapatíos aún no pueden superar 'el síndrome de Guadalajara', como se le llegó a llamar: en todo ven amenazas de explosiones.

Queda claro que la burra no era arisca...

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 9 de marzo de 2005).


Guadalajara es una ciudad bonita, podrida de chiqueada, muy sangrona, y su medio cultural es muy hostil. Hasta ahora están surgiendo los apoyos de gobierno, pero no ha habido un apoyo proporcional a la cantidad tan grande de creación que se hace en la ciudad.

El gobernador de Jalisco, Francisco Ramírez Acuña, se muestra totalmente desinteresado en los temas de la cultura. Tenemos una secretaría pobrísima en recursos, en capacidad y visión y una secretaria que me da un poco de vergüenza.

Karla Sandomingo
(v.pág.16-B del periódico El Informador del 11 de julio de 2005).


Cuando un fuereño despistado pregunta por nuestra cocina regional, es llevado a un local con meseras vestidas como piñatas, o si tiene suerte, a una cenaduría: un local minimalista -a veces consta sólo de una doña, una mesa y un anafre con su palangana de aceite hirviendo- donde se sirve mexicatessen de alto pedorraje: tacos dorados de requesón, flautas de frijoles o carne deshebrada, o el súmum de la comida jalisciense: el pozole, que es una sopa de cerdo con granos de maíz previamente reventados al hervirse con un puñado de cal. Vamos, tíos: un caldo de pop corn con marranito. Aderezado, claro, con hortalizas frescas: col o lechuga ralladas, cebolla, rábanos y un buen chorro de limón verde, muy agrio.

Por cierto, los tapatíos gustamos de echarle limón a todo tipo de alimentos, razgo no muy celebrado por nuestros compatriotas.

Emparedados en caldo picante

"La torta ahogada callejera es, como los misterios eleusinos, un secreto al que sólo se accede después de peregrinar a su meca: Guadalajara, Jalisco.

Parte del problema remite a sus ingredientes. Las carnitas -trozos de cerdo fritos en su propia grasa- requieren una sazón local. Más profundo es el misterio del birote salado: un pan de levadura agria, con migajón consistente y costra dura, crujiente, que sólo es posible elaborar en esta zona metropolitana. Así como se lee: fuera de estas coordenadas territoriales no es posible reproducir la calidad y consistencia de este pan, ni siquiera con expertos panaderos de estos lares. Es por eso que exóticas torterías de la Ciudad de México, por ejemplo, importan a diario un cargamento de birotes por vía aérea.

Por todo lo anterior, la torta ahogada es un manjar desconocido para el resto del mundo. Lástima. Es una obra maestra de depuración en el arte culinario: consta sólo de un birote -en ocasiones con una ligera embarrada de frijoles refritos- sobre el que se tiende un puñado de carnitas. Eso es todo.

O casi todo: el apelativo de ahogada le viene de un singular proceso de inmersión en un cuenco de salsa, ya sea 'dulce' (sin chile) o picante, llamada 'de chile'. El tiempo de inmersión en cualquiera de las salsas (o en ambas sucesivamente, pero siempre primero en la 'dulce'), determina los grados de radioactividad de la torta. Una vez rescatada de su chapuzón salsero, la torta se sirve en el plato y es acompañada por cebolla cruda curada en limón, o 'desflemada'.

Ya después, sin parsimonia, pasa a calcinar lengua y paladar de los comensales, por no hablar del resto de su tracto digestivo.

Paco Navarrete
(v.pág.3B del periódico Mural del 28 de julio de 2005).


No hay entusiasmo tapatío que dure más de 72 horas.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.1-C del periódico El Informador del 23 de agosto de 2005).


¿Dónde termina el folclor y comienza la piedad?... O, planteado a la inversa, ¿dónde termina la piedad y comienza el folclor?...

Los límites entre uno y otra -o una y otro, que 'tanto monta...'- se diluyen por completo.

'La Romería', si se le denomina con su nombre culto, o 'La Llevada', si se prefiere el nombre plebeyo, es, en efecto, parte del folclor (definido por la Real Academia como 'conjunto de creencias, costumbres, artesanías, etc., tradicionales de un pueblo') de Guadalajara y anexas. La costumbre data de los tiempos en que'Las Barranquitas', hacia el norte; el Agua Azul, hacia el sur; el barrio de Oblatos -vecino a San Juan de Dios-, hacia el oriente, y la Colonia Americana, hacia el poniente, constituían los límites de la ciudad. Acompañar a la imagen de 'La Generala' hasta Zapopan, en esas circunstancias, aun atenuadas por el hecho de que desde los orígenes de la tradición ya se contaban por miles los fieles que se aventuraban por veredas y caminos de herradura, era, en toda la extensión de la palabra, una expedición.

Alguna vez, al levantar el acta ministerial de una de las trifulcas que casi nunca faltan, entre grupos de jóvenes alcoholizados, que se resolvió con algunos heridos y unos cuantos detenidos, los testimonios concordaron: de uno de los grupos surgió una exclamación: '¡Viva la Virgen de Guadalupe!'; del otro, la réplica: '¡Cállense, (...) chilangos!'... Y se armó, literalmente, 'la de Dios es Cristo': de los insultos se pasó a las pedradas, y de ahí a los golpes y a todo lo demás.

En Zapopan, la comuna anticipó que, con motivo de la 'Romería', daría 3,700 permisos a comerciantes fijos y ambulantes. Falta la cifra de licencias para expender alimentos y baratijas de toda especie que, con este mismo motivo, extienda el Ayuntamiento de Guadalajara. Lo cierto es que los miles de 'puestos' que se instalan, desde la 'Plaza Guadalajara' hasta la ahora llamada 'Plaza de Las Américas Juan Pablo II', convierten esa ruta, por unas horas, quizá, en el tianguis o 'mercado sobre ruedas' -con predominio del expendio de fritangas- más extenso del mundo.

Por supuesto, ni a irreverencia llega -y ya no digamos a blasfemia-, consignar que, al paso de 'la venerada imagen' -como reza el lugar común-, humos y olores del aceite con que se cocina al aire libre, prevalecen, ampliamente, sobre las aromáticas volutas emanadas por los incensarios, y que los pregones de los comerciantes prevalecen, ampliamente también, sobre aclamaciones, cánticos y rezos.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 10 de octubre de 2005).


La que se supone que es nuestra gran tradición popular es el Día de Muertos. Eso, claro, si no le preguntamos a un niño popis, sino a un antropólogo, de preferencia gringo o europeo. Porque el tapatío promedio, sobre todo si es sincero, nos dirá que aquí, la verdad, eso del Día de Muertos es tan exótico como el Jálogüin. Y con razón: es una festividad que tiene un pie firmemente anclado en la tradición indígena y, por lo tanto, muy arraigada en zonas con mayor población autóctona o mestiza: Michoacán, el Edomex, Puebla, Guerrero...

Y la verdad, en la Guadalajarita criolla, con ínfulas de ciudad güera casi alteña, como que eso de armar tzompantlis con sus tzempasúchitls, prender las velitls con cerillotls y comer tamallis con xocolátl en águatl, como que no cundió. Para decirlo en tapatío vernáculo: 'Sabe qué modo', pues.

Paco Navarrete
(v.pág.3B del periódico Mural del 3 de noviembre de 2005).


Todas las personas que por diversos motivos han venido a radicar a Guadalajara tienen una queja en común: consideran que integrarse a la sociedad tapatía, 'entrar' en ella y ser bienvenido socialmente es sumamente difícil.

Y no me refiero a aquéllos que por el solo hecho de haber nacido o vivido, por ejemplo, en la capital o en la regia ciudad del norte se sienten superiores a los 'provincianos' tapatíos, o a aquéllos a los que su soberbia los hace merecedores del rechazo social, sino a todos los que, a pesar de que brindar un trato amable, de 'iguales', de gente 'normal' y educada, y que han tratado noble y honestamente de hacer nuevos amigos en esta ciudad a la que la vida los trajo son, de una u otra manera, rechazados.

Yo no sé si esto se da en todas partes o es práctica exclusiva de los tapatíos, pero sin duda en Guadalajara existe un concepto de la amistad muy especial y equivocado.

La mayoría de los grupos sociales se consideran a sí mismos como cerrados y difícilmente aceptan que se agregue a ellos una nueva persona o una nueva pareja.

No obstante, las probabilidades de aceptación de un fuereño son revisadas y aumentan exponencialmente si el aspirante a la categoría de 'amigo' cuenta con determinadas características físicas y económicas.

Si el recién llegado y su pareja son ricos, bien parecidos y, preferentemente, de ojo claro, la aceptación se agiliza, como si se tratara de un corrupto trámite burocrático. Pero si el fuereño es de modesta economía y su aspecto físico se asemeja más a la llamada raza de bronce que a la de los suizos tapatíos nacidos en alguna de las nobles colinas de Guadalajara y que, por lo mismo, se sienten con la misma alcurnia de la nobleza europea, las probabilidades de ser rechazado socialmente son prácticamente todas.

De que en Guadalajara la discriminación por debajo de la hipocresía social opera al máximo, no les quepa la menor duda.

Pero los problemas de estos grupos sociales no son únicamente los relativos al rechazo de individuos de cultura y orígenes distintos, sino también otras extrañas reglas y conflictivas condiciones que le ponen a las amistades.

Una de ellas es que los amigos son y vienen en paquete. Esta regla dice, que si por alguna razón alguien llegara a invitar por separado a una persona que regularmente sale con un determinado grupo de amigos, nadie de ese grupo le perdonará jamás que los haya dejado fuera. Si así lo hace, corre el riesgo -si se puede llamar riesgo- de que los que no fueron invitados boicoteen su amistad y le retiren el saludo. Los grupos sociales funcionan como pandillas: o van todos o no va nadie.

La otra regla o condición es el fenómeno de la 'exclusividad de la amistad', que funciona como sigue:

"Si un día se le ocurre salir con alguien distinto y ajeno al círculo de amigos que normalmente frecuenta, habrá un extrañamiento, y el hecho será interpretado como desinterés y el posible deseo de cambiar de amigos. O sale siempre con los mismos o le obligan a escoger, porque la amistad es concebida como una especie de franquicia exclusiva que nadie más puede utilizar, como si se tratase de marcas o patentes de amigos registrados.

Ricardo Elías, arquitecto y empresario
(v.pág.10A del periódico Mural del 10 de noviembre de 2005).


Paisajes tapatíos

La costumbre de fin de año de festejar con fogatas [y quema de llantas], sobre todo en colonias populares, ha hecho durante los dos últimos años nuevos que el 1o.de enero se tengan los perores niveles de contaminación atmosférica de todo el año.

(V.pág.8 del periódico Público del 30 de diciembre de 2005).


Guadalajara fue víctima de su propio encanto. Atrajo ('sedujo', podría ser el vocablo más exacto) a muchos migrantes, no sólo de Jalisco y estados circunvecinos, sino también de entidades relativamente distantes. Fue la tierra de promisión para quienes quisieron compartir la 'aurea mediocritas' (dorada medianía) de los tapatíos... Pero no sólo: el carácter afable de su traza, de su clima y, sobre todo, de sus habitantes -cordiales, hospitalarios...-, conquistó también a parias y delincuentes de cuello blanco: tan malvivientes unos como otros.

El creciente desempleo -resultado de la insuficiente oferta de trabajo para todos los demandantes- generó, por una parte, las manifestaciones típicas del subempleo: el ambulantaje; algunas variantes de la mendicidad: 'franeleros', 'apartalugares', 'limpiaparabrisas'. Por otra, la delincuencia abierta.

Vandalismo. 'Grafiti'. Suciedad. Desorden. Ruido. Proclividad a la anarquía. Inseguridad. Corrupción. Prepotencia de las autoridades. Desprecio del ciudadano por ellas... Esos serían algunos de los rasgos más característicos del horrendo autorretrato que los habitantes de la ciudad trazamos día a día ('golpe a golpe, verso a verso', diría Antonio Machado), a brutales brochazos, en deterioro de la plausible imagen de ciudad amable' que los tapatíos de otros tiempos se esmeraron, amorosamente en trazar.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 15 de febrero de 2006).


Guadalajara ha sido una ciudad asediada por la contaminación del agua que consume. Y tan copada como lo ha sido su territorio desde los sismos aquellos que acometieron a la Ciudad de México en 1985, cuando mucha gente se fue a radicar a la Perla Tapatía.

Cosas de las costumbres. O de las malas educaciones con que suele llegar la gente a lugares donde no estaban.

Mucha gente de aquella Guadalajara recuerda todavía cómo el agua era utilizada con cuidado y las calles barridas desde muy temprano. La madrugada incluso. Conforme llegó más gente a vivir allí, podía mirarse a personas que regaban a manguerazos la banqueta o lavaban el auto a cubetazos.

Vicente Bello
(v.pág.2-A del periódico El Informador del 15 de abril de 2006).


A la gorra no hay quien corra, y mucho menos un tapatío. Con decirles que la última encuesta de MURAL en cuestión de espectáculos no dice nada nuevo, pero confirma contundentemente lo que ya sabemos: pedimos mucho, pagamos poco. Y eso, si no hay remedio.

El 24 de abril pasado, en la sección Gente apareció esta nota, por si les interesa ahondar en ella. Si no, aquí se la resumo: pedimos a U2, al mamucas de Robbie Williams o la mamita caderona de Shakira. Pero uno de cada tres no pagaría ni 300 pesos por boleto. Menos de 30 dólares. ¿Es poco o mucho? Para lo que cuesta una producción de ese tipo, muy poco. Para nosotros, mucho. Para mí, por ver al nefasto de Arjona, por ejemplo, es un robo descarado.

Peor aún: el 50% de los encuestados, la mitad, no va nunca a conciertos. Nunca. Claro que esa respuesta se presta a varias interpretaciones. Se supone que el margen de error de la misma es de 5%. Pero no sabemos si de pronto la que respondió fue una ruquita que cree que lo único que vale la pena oír en un concierto es música compuesta hace dos siglos, o un chavito reventado que no va a conciertos... porque se la pasa en los 'raventones' a la ponchis ponchis, 24 horas de reventón constante. Vayan ustedes a saber.

Y hablando del poder de los gruperos, ¿quién se acuerda de aquellos gentíos del Río Nilo? Ahora ni los casinos llenan.

Paco Navarrete
(v.pág.10 del periódico Mural del 4 de mayo de 2006).


Hay muchas palabras que los tapatíos usamos incorrectamente, algunas veces sin darnos cuenta, y otras, las más, conscientemente, pues las hemos incorporado a nuestro lenguaje habitual.

Tal vez, la palabra que tiene el primer lugar en este uso incorrecto sea el verbo ocupar, que utilizamos por necesitar, pues campechanamente decimos 'ocupo' un martillo por necesito un martillo.

Mucho se nos ha criticado por esta incorrección, pero nosotros seguimos tan campantes, que hasta podría pensarse que nos agrada esta crítica.

Otra palabra de un uso doble incorrecto es 'ahorita', que la usamos cuando nos retiramos de con un amigo o un grupo de amigos, al expresarles 'ahorita' vuelvo. En primer lugar la palabra ahora no tiene diminutivo, y en segundo lugar, lo correcto es ahora me voy y luego regreso.

También el vocablo ahora lo usamos mal, al confundirlo con el adverbio hoy, ya que ahora es el momento en que lo pronunciamos y no la fecha o el día.

Igualmente, usamos mal la palabra álgido, puesto que a pesar de que significa lo más frío, lo usamos como lo más caliente.

Cuando al estar comiendo le echamos sal a la comida, justificamos esta acción afirmando 'es que soy muy salado', cuando lo justo sería decir 'es que soy muy desabrido'.

Desde pequeños se nos dijo 'límpiate esas narices', cuando sólo tenemos una.

Luis René Navarro
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 19 de junio de 2006).


Entre las versiones que conozco acerca de nuestro gentilicio, 'tapatíos', hay una que achaca su origen al supuesto náhuatl 'tapatiotl', que dizque significa 'comerciante'. Otra, más plausible, se refiere a una medida utilizada en el comercio. Como sea, ambas nos otorgan una cierta afinidad y vocación comercial, actividad que en verdad ha predominado, ya fuera a nivel regional, hacia poblaciones relativamente cercanas, como a nivel nacional, pues éramos paso obligado en la ruta Pacífico hacia el norte.

Y tanto talento para la compraventa, el regateo y la trácala... ¿qué se hizo?

Pues si tomamos en cuenta a las grandes firmas del comercio jalisciense, se hizo humo. Al igual que la gran industria en el estado, fue comprado o simplemente orillado a la quiebra por fuereños más hábiles o más eficientes. La fábrica de los Aranguren y Calzado Canadá son ejemplo de ambos extremos. En el comercio, grandes almacenes pasaron a mejor vida, o a manos más hábiles, en tan sólo un par de décadas: Maxi, Hemuda, El Nuevo París o Las Fábricas de Francia, con todo y su barata For-Bec.

El comercio 'informal', de nuevo, prosperó, pero al parecer no con el empuje y la habilidad de otras zonas, en especial el centro de la república. Es cierto, cualquiera capaz de armar y sostener las redes que surtan de contrabando a la segunda ciudad más poblada del continente, será en principio el rey de la fayuca. Tanto por volumen de ventas, como por su capacidad de tener a las 'autoridades' comiendo de su mano (esto, si no es que los mismos funcionarios son los capos mayores).

Paco Navarrete
(v.pág.10 del periódico Mural del 3 de agosto de 2006).


Varias imágenes quedan de lo que fueron y son algunas costumbres de los tapatíos, así como cosas curiosas que pasan en Guadalajara.

En primer lugar, la romería del 12 de octubre, para acompañar a la Virgen de Zapopan en su retorno anual a su basílica.

Los tapatíos participan con el mismo entusiasmo en los festejos patrios.

La Plaza de la Liberación continúa como predilecta de las familias, para pasar en ella una tarde de recreo.

Las tortas ahogadas se multiplicaron, pero con un sabor distante del que tenían las de su creador, "El Güero", que las vendía en Miguel Blanco y 16 de Septiembre, salvo las que se sirven en la esquina de Madero y Huerto, que sí se les parecen bastante.

Se conserva aún el hábito de las tapatías de tener macetas con plantas de ornato en los patios y balcones de sus casas, cuidando de ubicarlas en el lugar correspondiente si son de sombra o de sol.

La cena de antojitos, pozole, tacos, sopes, tortas y tostadas, ya sea comprados y llevados a casa, o comerlos en los mismos puestos y establecimientos.

En algunos barrios todavía se escucha el peculiar silbato del afilador de cuchillos, a cuyo sonido se deben agitar los monederos, para la buena suerte.

Los vendedores de fruta picada, en recipientes o bolsas de plástico, con sal, un poco de picante y limón.

Las personas que conservan la buena costumbre de barrer el frente de sus casas, las que no hay que confundir con aquéllas que sólo avientan la basura a los lados o al centro de la calle, y que luego los vehículos se encargan de regarla por toda la cuadra.

Los que piden ayuda para completar el boleto de camión, para comprar unas medicinas o para enterrar a algún familiar, y que las más de las veces no es cierto.

Los conductores de vehículos que cuando hay corrientes de agua en las calles, disfrutan bañando a los peatones que van por las banquetas.

Los discapacitados, que en sillas de ruedas aprovechan los 'altos' prolongados en algunos cruceros para ofertar dulces, chocolates y chicles a los conductores de vehículos, y que muchos les compran porque su venta es una actividad digna, y no se limitan a extender la mano, como lo hacen, en los mismo cruceros, mujeres jóvenes con niños en brazos.

La venta de los famosos dulces llamados 'borrachitos', tocayos como diría un amigo, en la confluencia de Hospital y Federalismo, pero que la venta la realizan mujeres ancianas y niñas, al ya increíble precio de 10 pesos la caja.

Los huicholes, que en los tianguis andan vendiendo pomada de peyote para dolores musculares, reumas y torceduras.

En algunas colonias de la periferia el reparto de leche se sigue haciendo en caballos y mulas.

Por último, como cosa curiosa, en los negocios de venta de pollo frito, del famoso 'coronel', todos los empleados, hombres y mujeres, llevan pantalones sin bolsas.

Luis René Navarro
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 18 de septiembre de 2006).


"¿Qué tanto sabe usted sobre la Revolución Mexicana? (Escoja sólo una opción, no sea burro)."

¿Quién fue Madero?
A) Un aguardiente.
B) Una calle.
C) Un futbolista del Atlas.

¿Qué es lo más destacable de la Revolución?
A) Que le hizo justicia a mi padrino el diputado.
B) ¿La avenida? Que la bloqueó el PRD, según Paulina Rubio.
C) La Revolución de Amor, de Maná.

¿Por qué no hay calles con el nombre de Calles?
A) Porque se pasó de rosca.
B) Porque ni modo de ponerle a una plaza, "Plaza", o a un busto "Busto".
C) Porque ni siquiera debutó en Primera División.

¿Por qué Villa no fue presidente?
A) Por pen... sarlo tanto.
B) Porque se fue a la villa, perdió la silla y lo cosieron a balazos.
C) Porque, a diferencia de Germán Villa, en la única división que militó fue en la del Norte.

¿Quién evacuó Piedras Negras?
A) Una bola de zacatones.
B) Uno que tragó harto y se empanzonó.
C) Los Tecos, con tantos cambios de entrenador.

¿Cuál es la fama de "los Dorados"?
A) Que, como no se bañaban, brillaban a lo lejos.
B) Que inventaron el bronceado sin Coppertone.
C) Que anunciaban una mueblería, "Los Dorados de Villa".

Solución:

Si respondió a la mayoría con la letra...
A) Es usted un cínico. Tal vez no sepa mucho de historia, pero siempre se acercará a la verdad por el puro hecho de pensar lo peor de cada situación. El periodismo puede ser su opción profesional.
B) Es usted un imbécil. Siempre se va por la salida fácil. Dedíquese a la política.
C) Usted es el peor: es un enajenado. Apague el televisor y póngase a trabajar. Ya. En lo que sea.

Paco Navarrete
(v.pág.10 del periódico Mural del 28 de septiembre de 2006).


Pues sí: como en Jalisco ya no hay inseguridad, ni desempleo o subempleo, ni falta de servicios de salud o deficiencia en los de educación, etc., que requieran esfuerzos o desvelos de los representantes populares, éstos, fraternamente colegiados en el Congreso del Estado, encontraron al fin -¡eureka!-, lo único que faltaba: ¡un himno!

Dirán que ahí está la 'Guadalajara', de Pepe Guízar. Empero, por una parte, lo de los 'Colomitos lejanos' es un craso anacronismo, tomando en cuenta que la mancha urbana ya los devoró; la evocación del aroma 'a limpia rosa temprana' en plena inversión térmica, y 'a pura tierra mojada' a cualquier hora y cualquier punto de la ciudad es, hablando en plata, una ironía grosera. Tampoco funcionaba reciclar un mambo -o algo así- que ponderaba las aproximaciones al Olimpo que hace medio siglo, gracias a las "Chivas", una figura del boxeo y el primer mexicano nombrado 'príncipe de la Iglesia', engalanaban a esta 'tierra de Dios': 'Jalisco tiene tres cosas / que hacen la tierra temblar: / su equipo Guadalajara, / Becerra y el cardenal'... Y como el bravío '¡Ay, Jalisco, no te rajes!', en plena invasión del americanismo, 'La Academia' y la música de banda (hay la hipótesis de que Jalisco -¡madre santísima de Talpa!- ya es el estado más sinaloense de la república) ya no motiva a nadie, se promovió un concurso para buscarle letra y música.

El vate Moisés Guerrero López presentó estos vibrantes versos: 'Jaliscienses, la patria nos llama, / tremolando el pendón tricolor, / recordando la casta valiente / que a Jalisco su vida ofrendó'. Etc.

Obviamente, la similitud en la métrica, en el léxico (tremolando, pendón...), la ideología belicista ('la patria nos llama', 'la casta valiente'...) en los ripios incluso, con el Himno Nacional, es mera coincidencia. El maestro Felipe Vázquez, al musicarlo, debió vérselas negras para no fusilarse, impunemente, a Jaime Nunó.

Lo cierto es que el Himno Jalisciense aún no pasa la aduana. Al parecer, se piensa -es un decir- abrir un concurso, para que ningún aspirante a autor se quede afuera. Ni siquiera quien propone otro con dos estribillos. Uno, para antes de los eventos en que el Himno se ejecute: '¡Sí se puede, sí se puede...!'. Otro, para después: '¡No se pudo, no se pudo...!'.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 2 de octubre de 2006).


Gracias a la fermentación de unos granos y unas frutas, los tapatíos han disfrutado de excelentes bebidas, que han sido el deleite de sus paladares por varias generaciones. Luis René Navarro
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 2 de octubre de 2006).
Publicado en el periódico Mural el 19 de octubre de 2003.


Muchas organizaciones altruistas y de asistencia social que llevan programas de atención a los más necesitados, se quejan de que los ricos de Jalisco, con sus honrosas excepciones, no saben dar a los demás. Que son verdaderamente tacaños.

Familias que tienen multitud de propiedades, negocios y capitales almacenados en diversos bancos no tienen la capacidad de mantener una actitud altruista hacia los que menos tienen.

Guillermo Dellamary, filósofo y psicólogo
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 24 de octubre de 2006).


Los defensores de las costumbres mexicanas apuestan por conservar el Altar de Muertos y luchan contra la importación del Halloween.

Pero, ¿qué tan tradicional es en Jalisco el hecho de colocar calaveras de azúcar y papel picado para celebrar el Día de Muertos?

A lo mejor no tanto, porque según el investigador del INAH Jalisco, Horacio Hernández, los Altares se empezaron a popularizar a finales del siglo 19 en México y llegaron al estado provenientes, probablemente, de Michoacán.

El investigador, que tiene 20 años trabajando el tema de las ofrendas para los fallecidos, considera que si los altares no tienen una larga tradición en el país, menos aún cuentan con una historia en el estado.

"En el caso de Guadalajara y de Jalisco esta práctica no está arraigada, no es parte de nuestra memoria histórica porque empieza a cobrar vida de manera extraordinaria de unos 20, 25 años para acá. Si nos remontamos al siglo 18 aquí no teníamos la más mínima idea de eso", aseguró.

"(En Jalisco) empieza a cobrar una importancia inusitada en función de que se academizó mucho esta festividad y se academizó en el sentido de que la Universidad de Guadalajara y otras universidades privadas empiezan a elaborar Altares de Muertos en sus espacios".

Incluso el autor del libro Ofrenda a la Vida a Través de la Muerte, editado por la UdeG, "culpa" a la película "Janitzio", de 1934, de la llegada de los altares a Jalisco.

"Si mal no me acuerdo, aquí en la ciudad los primeros altares maravillosos que se empezaron a hacer fueron los de Pepe Hernández en el Museo Regional de Guadalajara, hace aproximadamente unos 25 años", añadió el investigador.

Para Hernández, la Iglesia católica también ha jugado un papel importante en estos intentos por "fabricar" esta costumbre a través de la normativización de los altares incluyendo elementos como los tres niveles para representar a la Santísima Trinidad.

"La propia Iglesia ha estado insistiendo en reapropiarse este tipo de expresiones para hacer más patente la sintomatología del cristianismo, más que el hábito pagano o el hábito indígena", explicó el investigador.

(V.pág.5 de la sección "Gente" del periódico Mural del 2 de noviembre de 2006).


De acuerdo con el arquitecto y rbanista Carlos Mondragón González, el problema de la traza urbana de Guadalajara comienza en la época virreinal, ya que en ese tiempo "se establecía que el ancho de las calles debería de aproximadamente 13 metros de ancho para que se pudieran mover con facilidad, mulas carretas y gente".

Según el estudio de movilidad del ITESO, en los inicios del Siglo XX, Guadalajara ya presentaba las primeras modificaciones en su traza urbana, en ese entonces la ciudad contaba con una población de 101,452 habitantes, que tan sólo en 10 años aumentaría hasta los 120,000 pobladores. Esto se debió fundamentalmente "a la migración de personas del campo que buscaban emplearse en la ciudad".

Para 1940 se acelera el desarrollo urbano de Guadalajara, aparecen "nuevos fraccionamientos, se pavimentan los primeros 80,000 metros cuadrados de calles y nuevas avenidas".

A finales de esa de década el sistema de tranvía eléctrico ya había desaparecido para dar paso a autobuses y los primeros automóviles, además de que la extensión la ciudad casi se había duplicado al pasar de 2,620 a 4,180 hectáreas.

En la década de los 60 el acelerado incremento de la población, el parque vehicular y la mancha urbana continuaban avanzando. La población pasó de 867,035 a un 1'480,472 habitantes, además de que "aparecen 123 nuevas colonias y fraccionamientos, de tal forma que la urbe llega hasta el municipio de Tonalá en 1964, año en que Guadalajara alcanza el rango de metrópoli con un millón de habitantes repartidos en casi 9,000 hectáreas".

Para 1980 la población metropolitana alcanzó 2'245,000 habitantes y los automóviles registrados pasaron de 82,000 a 250,000. En este periodo se elaboran y aprueba el Plan Municipal de Desarrollo Urbano de Guadalajara para posteriormente dar paso al Plan de Ordenamiento de la Zona Conurbada de Guadalajara. Finalmente, en 1989, al Plan Estatal de Desarrollo Urbano. En ese mismo año se inaugura el primer sistema de transporte colectivo: El tren ligero.

Actualmente, según el último Conteo Nacional de Población y Vivienda, realizado por el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática, Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá y Tlajomulco de Zúñiga sirven de asiento para 4'169,463 personas, aproximadamente, que representan 61.8% del total de población jalisciense.

(V.pág.8-B del periódico El Informador del 6 de noviembre de 2006).


Qué se le va a hacer. A los tapatíos nos gustan las vacas, pero para hacerlas bisté. Esa, la explicación más sencilla, es tal vez la más adecuada para entender por qué a pocas semanas de haber iniciado, la exposición callejera CowParade muestra un sinfín de vacas de fibra de vidrio pateadas, raspadas, rotas, rayoneadas y destazadas.

Será que necesitamos inaugurar un rastro estilo TIF en la avenida Vallarta. Se ocupa.

Los enterados de la industria restaurantera recordarán que hasta hace pocos años, cuando alguien intentaba ofrecer algo más que comida típica, se arriesgaba al más rotundo fracaso, a menos que de última hora, con las mesas vacías y ya con los acreedores pateando la puerta, hicieran un ajuste providencial a su menú. Justo al lado de los rollitos Raigón con espejo de jalea de chabacano y salsa de tres berenjenas, aparecía la infaltable lista de cortes de res. Así salvaban el pellejo.

No es que la raza sea ignorante o bárbara. Es que si no siente que comió carne, nomás no considera que valió la pena el gasto. De ahí la frase pa' frijoles, en mi rancho. Nadie va a un restaurante de postín a pedir un plato de frijoles de la olla, aunque sí pague por una fabada asturiana, que son frijoles... con chorizo y varios trozos de carnitas. Lo mismo pasa con la paella. ¿El sushi? Si no incluye pescado, que se los compre sushi.

Así que no es exagerado pensar que, con todos los destrozos, el desfile de vacas es un verdadero éxito. No sé de qué se quejan los organizadores. Han tenido publicidad gratis, ubicación privilegiada y gran popularidad. Nunca antes en esta ciudad se había montado tanto ganado desde que desaparecieron los caballitos de monedas de afuera de las mercerías. ¿Y la moda de los toros mecánicos? No fue más allá de un par de discotecas gruperronas.

Será entonces por pura nostalgia que abundan aquí los lugares de table dance. Sólo que ahí los papeles se invierten: son los clientes los que son jineteados, tal vez no como vacas, pero sí como bueyes. Porque de qué otra manera puede uno explicarse que paguen un buen billete por tres minutos de simulacro, y que además lleguen a pensar que una lindura de 20 años está brincoteando sobre su gran barriga, y a 30 centímetros de su cara con más barros que una brecha en época de lluvias, porque él le cayó bien. O por guapo.

Muuu.

Olvídense de los hula hulas: las vacas del CowParade son un verdadero hito en la plástica tapatía. Que si se rompen las obras de arte, peor para ellas. Quién les manda a los artistas ser tan desechurados, hombre. Qué les costaba hacer más recias sus esculturas. Le hubieran pedido consejo al charlatán ése de Sebastián, el culpable de los Arcos de Milenio. El les hubiera sugerido, claro, hacerlas de puro fierro: así no se las pueden llevar, porque pesan un demonial. No se rompen, si acaso se oxidan. Y con el friyazo que se puede llegar a sentir, a ver quién es el guapo que las monta sin congelarse las sentaderas.

Paco Navarrete
(v.pág.10 del periódico Mural del 14 de diciembre de 2006).


He aquí los pasos para manejar un auto en Guadalajara:
  1. Si tiene un auto súbase en él. Si tiene varios, préstele uno a su esposo, su mujer, su hijo: la familia quedará mejor si cada quien conduce uno. Dispóngase al viaje por Guadalajara. Tome de preferencia las avenidas Federalismo, Enrique Díaz de León, Javier Mina, Revolución, Vallarta, López Mateos, Hidalgo, Las Rosas, Américas. En su defecto tome la avenida que le dé la gana. Váyase al infierno que son las calles hoy en día en la ciudad. Antes, no olvide verificar que su claxon funcione.
  2. Seguro el maldito tráfico lo pondrá furioso. Cálmese: usted no tiene la culpa. Además, ese gusano lento, multicolor y gordo del que su vehículo forma parte es un privilegio: significa que usted subió en la escala social y ahora pertenece a esa cuarta parte de la sociedad que no debe viajar a bordo de un pestilente camión. Recuerde: tres cuartas partes de sus paisanos lo envidian.
  3. Los ciudadanos de a pie lo envidian no importa que sean niños, mujeres bellas o viejitos con bastón. Para que se les quite écheles el carro, invada las líneas de cebra, súbase a las banquetas. Nomás cuide que no lo vea la autoridad o resígnese a ser multado.
  4. Ignore los semáforos. En estos días, usted habrá notado que cuando su semáforo está en verde usted avanza medio metro. Písele cuando su semáforo se ponga en rojo. Una advertencia: si, por ejemplo, usted viaja por Federalismo a la altura de Hidalgo, se quedará a medias de Hidalgo y los que vienen por esa vía le pitarán, ciegos de ira. Hágales una seña obscena. O gríteles: le servirá para bajar la tensión. Si por el contrario, usted viene por Hidalgo y una treintena de automovilistas le impiden avanzar hacia el centro, use el claxon y, no se quede con las ganas, responda la ofensa: "¡Imbécil, muévete!" u otra peor, según su temperamento. Claro, tome en cuenta que también se la podrán regresar.
  5. Para dar una vuelta a la izquierda no es necesario que circule por el carril izquierdo: las filas son inmensas, usted no está como para perder su tiempo y lo hará verse como todo un valiente si usted dobla a la izquierda desde el carril derecho. Anímese. ¿Se dio cuenta de cuántos años le ha pagado al seguro sin usarlo? Puede intentar la operación en Vallarta y Rafael Sanzio, en Federalismo y la Paz o la avenida de su preferencia. Notará que varios siguen su ejemplo. Si por el contrario alguno le mienta la madre, siga las últimas instrucciones del paso anterior.
  6. Quizá encontrará algunas avenidas más desahogadas: llegó el momento de aprovechar todos los caballos de su vehículo. Ni se le ocurra dejar que otro automovilista se pase a su carril. Si usted viene de ese lado su trabajo le costó.
  7. ¿A su pareja se le ocurrió ir de compras al centro de la ciudad? Ni intente ir a un estacionamiento. Los que no están llenos son caros. Muchos tuvieron la misma idea y la zona está abarrotada, al igual que Santa Tere y las plazas comerciales. Mientras su pareja compra, usted espere en la calle, en doble fila. De todos modos otros lo hacen.
  8. Tome en cuenta algunos tiempos de desplazamiento por esta ciudad en las horas pico (descubra usted mismo cuáles son): si va sobre Hidalgo, tardará mínimo quince minutos entre Enrique Díaz de León y Federalismo. Si circula por Américas hará 30 minutos entre Pablo Neruda y los arcos de Zapopan. Para llegar a Plaza del Sol, de donde quiera que venga, hará más de media hora. De la calzada del Ejército a la glorieta del Charro, 25 minutos. No pierda su tiempo: practique los pasos anteriores. Tome en cuenta que todos los carros que usted ve continuarán en Guadalajara después de la Navidad. Tome en cuenta que el próximo año será peor. Y recuerde: en estas fechas las agencias automovilísticas rematan su mercancía: quizá lo que usted necesita es un vehículo más rápido.
Vanesa Robles
(v.pág.8 del periódico Público del 17 de diciembre de 2006).
Entre los tapatíos, existe una expresión reprobatoria que define la estrecha y prejuiciosa idea que muchos habitantes de esta parte del mundo han tenido de su propia ciudad: "¡Estás hasta la calzada!". Esta expresión, con sus variantes que incluyen a otras personas gramaticales, debió acuñarse a fines de la Colonia o en los primeros años de la época de la Independencia, cuando a la rúa que atravesaba Guadalajara de cabo a rabo, desde el Agua Azul hasta el actual parque Morelos (La Alameda se llamó en un principio), comenzó a ser conocida popularmente como "la calzada", tanto por inusual anchura como por estar acotada o "calzada" por cuatro hileras de fresnos, que corrían por ambas aceras y por los bordes del río de San Juan de Dios, que hasta los primeros decenios del siglo XX fluyó, a cielo abierto, por la parte central de la calzada.

Aun antes de ser conocida así (el oficial fue, durante mucho tiempo, paseo: Paseo de la Alameda, Paseo del Agua Azul, Paseo Porfirio Díaz..., pero acabó cediendo ante la denominación popular), la calzada ya era vista por los habitantes del poniente como frontera "hasta un límite natural había: el riachuelo de San Juan de Dios" de la Guadalajara "criolla", "castiza", "decente", entre otras presunciones clasistas y sociales por el estilo. Del otro lado de la calzada vivían los indígenas de Analco (su toponímico no podría ser más significativo: "al otro lado del río") y el populacho, con los "malditos" de San Juan de Dios y de barrios como El Alacrán. Y aun cuando a fines del Porfiriato el gobernador Miguel Ahumada entubó el río, y a la calzada se le impuso el apelativo de "Independencia", con motivo del centenario de la gesta de Hidalgo y de la inauguración del monumento conmemorativo, en 1910, "estar hasta la calzada" siguió significando estar equivocado y muy lejos de lo deseable.

Lo peor del caso es que, en la práctica, este prejuicio es compartido por muchos grupos sociales y hasta por las propias autoridades. ¿Dónde se desarrollan, por ejemplo, las actividades culturales patrocinadas por el Ayuntamiento de Guadalajara y el gobierno del estado? No, por cierto, en el oriente de la ciudad. ¿Cuál es la idea que directivos y patrocinadores del Cowparade tienen de Guadalajara? La de una ciudad literalmente mocha, pues borraron todo el oriente tapatío, al no instalar una sola de sus "artísticas" reses del otro lado de la calzada. ¿Quiénes son los que de veras están hasta la calzada?

Juan José Doñán
(v.pág.3 del periódico Público del 19 de enero de 2007).


Sostener que "esas cosas sólo suceden en Guadalajara", sería, como dijo alguien, "mentir... y, además, faltar a la verdad". Sin embargo, hay que decir, precisamente en honor a la verdad, que es preocupante que "esas cosas" ocurren con tanta frecuencia en Guadalajara y sus alrededores.

El miércoles, la Secretaría de Desarrollo Urbano, mediante un escueto boletín, informaba que el tráfico por un ramal subterráneo del "nodo Colón", se cerraría durante dos semanas, al efecto de instalar "un dispositivo recolector (vulgo ‘tubo’), para evitar que se mojen los pavimentos del nivel menos seis".

Como en las historietas de La Pequeña Lulú, "La Araña ya investigó". Una vez que "el estudio que previamente se había realizado" -reza el boletín- demostró que "el flujo del nivel freático no ha sufrido alteración" (o sea que la naturaleza no aprovechó la coyuntura del paso a desnivel para alterar abruptamente sus leyes, inmutables por definición), se encontró una manera de contener las filtraciones: un palo de escoba -sujeto con alambres, en parte para amacizarlo... y en parte para que no tan fácilmente se lo roben- retacado en el orificio. El sistema parecerá burdo, poco sofisticado, indigno de profesionistas de primer nivel; pero de que funciona, funciona.

La memoria se pierde en todas las historias surrealistas que, en tratándose de obras públicas, desde tiempo inmemorial han ocurrido en estos lares: el soporte y los "cinchos" que en ese mismo paso a desnivel se colocaron debajo de un colector, para evitar que un sismo lo fracture y lo colapse; la barda perimetral que circunda Plaza del Sol, para evitar inundaciones; los parches al Palacio Federal y la "faja" en la "Torre Educación", porque ambas construcciones resultaban inseguras; los reforzamientos que requiere el Mercado Libertad, al advertirse que la carga que soporta su estructura puede ser, en el muy posible caso de un sismo, superior a su resistencia; o el colmo: el túnel de la Avenida Federalismo, que debió corregirse, porque no se calculó que los carros, en la curva que tiene entre Hidalgo e Independencia, simplemente no cabrían.

Menos mal que los urbanistas tapatíos tienen maestrías, doctorados "y de ahí p’arriba", en los que el arquitecto Guillermo Sandoval Madrigal llama "remedios rancheros"...

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 29 de enero de 2007).


Quienes hayan asistido desde hace tiempo a la esquina de los olores que dominan, la Calzada y Javier Mina, incluso antes de la instalación del sifón de triste memoria, recordarán la creación de Taiwán de Dios: cuando los vendedores de fayuca, china en su mayoría, se comenzaron a instalar en lo alto de la noble estructura diseñada por el arqui Alejandro Zohn.

A poco, la venta de grabadoras Panasonex, cassettes Memormex y Sonni y pantalones Lewy's empezaron a hacer competencia a las marcas originales -Panasonic, Memorex, Sony, Levi's- que también ahí se vendían. Pero la explosión nos llegó desde el ciberespacio: primero fueron los quemadores de CD, luego, los de DVD. Y de ahí pa'l real: lo que inició con discretos puestos, a la sombra, es ahora un impresionante despliegue de discos, películas y juegos para computadora o consola de TV. El megachurro "Apocalypto", que recién se estrena en cines, está ahí disponible desde hace un mes "directito del original, amigo". "Babel" y "El Laberinto del Fauno", no se diga.

Pero más apabullante que su nivel de sofisticación para ofrecer mercancía inconseguible aquí de otro modo, es su proliferación: ya son mayoría en el tercer piso, pero también empiezan a propagarse por el área de las joyerías, las rampas centrales ¡y hasta las guaracherías!

Una película en DVD, por ejemplo, vale 20 pesos. 10 veces menos su valor en tiendas. Un juego de XBox, igual. ¿Cómo esperan, de verdad, competir contra eso?

Paco Navarrete
(v.pág.8 del periódico Mural del 1o.de febrero de 2007).


Hace 50 años, para remediar el problema de la falta de cambio, una de las líneas camioneras que entonces había, la de Mezquitán-Mexicaltzingo, los camiones verdes para quienes los recuerden, puso a la venta pequeñas monedas de bronce, con un pequeño hoyo en el centro, para que los usuarios pagaran con ellas su pasaje, con el aliciente de que al comprar cierto número les daban una de más.

A mí me tocó conocer todas esas líneas, y tengo la impresión de que su servicio era mejor y más seguro que el de ahora.

Además de la línea Mezquitán-Mexicaltzingo, estaban:

Centro-Colonias, de color blanco y con rutas del centro a las colonias del poniente.

Oblatos-Colonias, de color rojo, comunicando a colonias del oriente con la zona céntrica.

Norte-Sur, de color verde bajo y con rutas entre el norte y el sur de la ciudad.

Analco-Moderna, de la zona de Analco a varias áreas de los sectores Hidalgo y Juárez.

Tlaquepaque-Guadalajara, enlazando a Tonalá y Tlaquepaque con Guadalajara.

Mezquitán-Mexicaltzingo, con camiones verdes que unían a una zona sur de la ciudad con gran parte del Sector Hidalgo y avenida Américas hasta Zapopan, regresando por Atemajac.

Circunvalación, de color azul, con un recorrido periférico dentro de la ciudad.

Todas tenían camiones de primera y de segunda, estos últimos con un asiento alrededor de la unidad, al igual que un pasamanos para todo el pasaje de pie.

Los boletos en los camiones de primera costaban 20 centavos y sólo se les permitían tres pasajeros de pie; en los camiones de segunda el pasaje era de 15 centavos.

El mejor servicio estaba en la línea Centro-Colonias y el peor en la Analco-Moderna, a cuyos camiones se les llamaba Analco-Panteón o "Fiebre Amarilla".

Luis René Navarro
(v.pág.1-B del periódico El Informador del 12 de febrero de 2007).


Los valores y tradiciones de los tapatíos han cambiado en las últimas décadas, y al referirse a ello, el coordinador de Investigaciones de El Colegio de Jalisco, Jaime Olveda Legaspi, dijo: "Las costumbres tradicionales son desplazadas por las costumbres modernas; algunas celebraciones cívicas han desaparecido o ya no les dan importancia, existe un desgano por conocer la ciudad, por recorrerla, por vivirla. Por ejemplo, mucha gente no conoce el centro de la ciudad".

Por su parte, el investigador del Departamento de Estudios Mesoamericanos y Mexicanos de la Universidad de Guadalajara, Bogart Armando Escobar Hernández, al hablar del orgullo de ser tapatío expresó: "Los antiguos historiadores hablaban de una supuesta identidad tapatía: describían al tapatío como una persona que en donde se paraba, se notaba que era de Guadalajara, desde su presencia física, hasta una gran dignidad; resaltaba la personalidad, pero ese estereotipo cambió con el mosaico diverso de personas, incluso de otros estados que ahora conforman el universo de Guadalajara.

-¿Cómo cambió?

-En los años 80 llegó mucha gente de otros estados, tanto por la numerosa oferta de construcción de vivienda, como por el auge económico de la capital de Jalisco. Se reconfiguraron las prácticas sociales y culturales con los nuevos habitantes, mismas que incluso responden a procesos mundiales.

-¿Cuáles son los valores del tapatío?

-Gente amable pero no de entrada, se pasan años para consolidar aceptación. Es hospitalario pero no desde el principio, el tapatío es muy leal en su amistad cuando la da, ése es un valor del que está orgulloso.

Otro valor es la solidez familiar; uno ve la trayectoria de los grandes personajes que ha dado esta ciudad, como Efraín González Luna y Jorge Matute Remus, es gente que cuando se destacan sus datos biográficos, lo principal es su fuerza, su base familiar, la solidez de su familia y sus creencias, su religiosidad católica y su dedicación al trabajo; la sencillez es otro de los rasgos del tapatío.

Sin embargo, actualmente existen identidades diversas, fragmentadas, con la aparición de corrientes como los "escatos" y los "dark", que lo que evidencian es que no están encontrando ningún referente que les atraiga, ningún tipo de personajes o agrupaciones que los convenzan, por lo que están "volteando hacia sí mismos", intentando crear referentes de identidad, obviamente en el actual contexto de globalización.

Jaime Olveda Legaspi, es una voz autorizada para hablar de la identidad del tapatío a 465 años de la fundación de la ciudad de Guadalajara.

-¿Qué percepción tiene el tapatío de su origen? -La ciudad de Guadalajara ya no es la de antes. Algunos insistimos en que existe toda una identidad, un orgullo subsiste, pero ha cambiado, porque la realidad está cambiando.

La ciudad de Guadalajara no es la misma de hace 70 años, sobre todo por fenómenos como la globalización, ésta hace que los habitantes de cualquier ciudad tengan una percepción distinta de "su" ciudad. Así, la percepción de la Guadalajara tradicional, bonita y todas esas cosas, ya no la tienen todos los habitantes, porque las circunstancias han cambiado, el orgullo provincial, el orgullo de ser tapatío, el orgullo de sentirse habitante de una ciudad bonita, representativa, también se transforma, y junto con ese sentimiento de identidad, el sentido de pertenencia.

La ciudad se ha convertido en un receptáculo de muchos inmigrantes, tanto nacionales como extranjeros, que la convierten en una ciudad cosmopolita, en la que necesariamente la identidad cambia.

-¿Qué aporta la llegada de inmigrantes a la ciudad?

-Ellos traen sus propias costumbres y muchos se agrupan en clubes, se reúnen y recrean sus propias costumbres y todo eso permea, pero también asumen costumbres de los tapatíos, es una mezcla, una combinación, que de alguna manera cambia la identidad típica.

-¿Cómo es el orgullo actual del tapatío?

-No es el mismo de los años 30 y 40, que se empezó a reflejar en el cine mexicano, en las películas de charros; la sociedad se ha urbanizado, el país es otro, está más integrado, el regionalismo se ha debilitado, y también se ha debilitado el orgullo de ser tapatío y jalisciense, solamente se debilita pero no ha desaparecido, todo mundo se siente orgulloso del lugar donde nació, no es cualidad propia de los tapatíos.

(V.pág.8-B del periódico El Informador del 14 de febrero de 2007).

Centro


Mucho ha llovido y el río que se lleva las avenidas hace ya más de un siglo que lo convertimos en un albañal. El otro río, el Grande de Santiago, es otro albañal, que ahora se intenta limpiar. Y regresarlo, junto con su barranca, como parte del gran paisaje que a Guadalajara corresponde y que tanto ha negado. Desde las más altas crestas del bosque de la Primavera hasta los más hondos pliegues de la barranca de Oblatos el suelo que nutre a la ciudad espera su reconocimiento y su vigencia. Las venas que alimentaban la tierra fueron, una tras otra, segadas, aterradas, entubadas. Es tarea de esta generación entender finalmente el suelo que pisamos, comenzar la ardua tarea de restaurar lo agraviado, de recuperar lo perdido.

El valle de Atemajac podría volver a ser el ámbito de armonía que alguna vez nos contaron que fue. La arquitectura que ahora se levante pudiera aspirar a abrigar, con discreción y gracia, la vida de todos, todos los días. El orden extraviado entre la codicia y la insensatez puede ser instaurado. Basta que los habitantes así lo quieran. La historia de las ciudades muestra con largueza la posibilidad de la regeneración y el renuevo.

Mucho tiene Guadalajara que no ha perdido. Subsisten aún las huellas de la original sensatez, los esfuerzos de 30 generaciones por vivir en orden y en paz. Muchas arquitecturas ahí están, aún presentes. Casi olvidadas otras, a duras penas en pie, esperan la oportunidad de volver a ser útiles, de durar bajo el mandato de la racionalidad y la sencillez. Y mucho, nunca hay que olvidarlo, es lo que hemos perdido, a veces sin remedio. La nómina de los daños es extensa y fatigosa. Desde el viejo Colegio de Santo Tomás, el Colegio de San Juan, el Palacio de Medrano y el de Cañedo, medias calles de 16 de Septiembre, Alcalde, Juárez, Corona y varias más; los viejos mercados Corona y de San Juan de Dios, casi todos los conventos del Carmen y de San Francisco, la iglesia de la Soledad, los hoteles Imperial y García, la Escuela de Música, la casa Aguilar de Barragán y aquí seguiría la lista.

Mejor quedar con una estampa indeleble que pintó Ixca Farías hace ya muchos años: una vieja casa de barrio de ese certero color pajizo que en tantas construcciones se usaba. Dos contrafuertes sostienen los humildes muros puntuados por puertas y ventanas. Un árbol fraternal se recarga contra el edificio. Las sombras revelan la tarde que avanza. Podría haber sido ayer, quizá dura hoy todavía, por el rumbo de San Andrés, por ejemplo. Es la Guadalajara que pasa y que queda: la que sin duda durará mañana.

Juan Palomar Verea
(v.pág.9-B del periódico El Informador del 14 de febrero de 2007).


Mientras la mayoría de los ciudadanos tapatíos asegura que respeta el reglamento de tránsito, no compra "piratería" y no ha estado involucrado en accidentes viales, es común observar en la ciudad autos estacionados en sitios prohibidos, personas que no cruzan por las esquinas, autos contaminando, automovilistas arrojando basura y un sin fin de hechos que demuestran que la responsabilidad ciudadana no es una característica de los tapatíos, y para el investigador Adrián Acosta Silva, resulta "preocupante" la situación que se vive, por lo que urge mejorar en cuanto a la cultura de la legalidad, la formación de valores, la cultura democrática y el desarrollo comunitario.

Para el estudioso Adrián Acosta Silva, jefe del Departamento de Políticas Públicas de la Universidad de Guadalajara, la ciudad padece problemas derivados de hábitos y costumbres que tienen muy poco que ver con el "ciudadano ideal", es decir existe un déficit de civismo.

"La falta de responsabilidad ciudadana tiene una deuda cívica que se manifiesta en el incumplimiento de normas, reglamentos, en los comportamientos cotidianos, que trasciende hacia otros esquemas de orden social, como las prácticas de simulación, los arreglos, la transgresión de la ley, los acuerdos ‘en corto’, entre otros, que revelan un orden cívico desdibujado", dice el experto.

Lo anterior revela un estudio realizado por el Departamento de Mercadotecnia de EL INFORMADOR, a 600 personas mayores de 21 años habitantes de la zona conurbada de Guadalajara.

A la pregunta ¿ha estado en riesgo de ser multado por manejar de manera inconveniente?, 57% contestó "sí"; 43% respondió "no".

Las razones por las cuales estuvieron en peligro de ser infraccionados fueron: 41% "por no usar cinturón"; 28% por "estacionarse en lugar prohibido"; 22% por "pasarse un alto", y 9% por "conducir bajo los efectos del alcohol".

Al preguntar ¿cree usted que debe mejorar la cultura en cuanto al nivel de responsabilidad ciudadana? 72% respondió "sí" y 28% "no".

A la interrogante ¿alguna vez ha utilizado un servicio sin pagar? 61% dijo "no" y 39% "sí". Los servicios que no pagan fueron: 52% servicio de cable; 30% agua y 18% luz [energía eléctrica].

Finalmente a la pregunta ¿alguna vez ha comprado un producto "pirata"? los encuestados dijeron: 61% "no" y 39% "sí".

Para Acosta Silva el poco ejercicio de civismo es un problema viejo de la sociedad mexicana, de la tapatía y en general de las sociedades de América Latina. El experto considera que existe un inconveniente en la construcción de ciudadanos y una ciudadanía ligada a la debilidad ante lo que se ha denominado "el imperio de la ley" o el "estado de derecho".

¿Y qué pasa con la cultura?

-La cultura ciudadana tiene que ver más bien con los "hábitos del corazón", los rituales, las costumbres, las creencias, los valores y las prácticas que poseen los ciudadanos, que son construcciones sociales que se trasmiten de generación en generación; es decir, la cultura de "más vale un mal arreglo que un buen pleito", la costumbre de la "mordida", dar dinero para evitar o evadir el cumplimiento de la ley, el no respetar los lugares de estacionamiento, las señales de tránsito, el violar constantemente los límites de velocidad, todo eso tiene que ver con los "hábitos del corazón", que no son buenos en términos democráticos, sino responden a una forma de pensar y de actuar, que se ha edificado sobre la base de eludir compromisos y comportamientos.

-Si se considera que la falta de responsabilidad ciudadana es un problema ¿qué hacer para intentar revertirla?

-Una forma tradicional, histórica y probada de formar ciudadanía tiene que ver con la escuela. Es en los centros escolares y en la familia, donde se van construyendo los valores, las prácticas, las costumbres, los hábitos deseables para la vida en común; y ahí en donde están los problemas, en el ámbito público que nos ofrece la escuela y en el ámbito privado, que es la familia, existen enormes conflictos derivados de la vida cotidiana, que no es que sean "malos hábitos cívicos", ni productos de una sola fuente, pues son resultado de la falta de interacción entre la escuela, la familia, la gente de la colonia, el barrio y la propia ciudad.

-¿Por qué el déficit cívico?

-Los problemas de déficit cívico son en buena medida problemas de confianza social, que simplemente se reflejan en la falta de cumplimiento de normas y de leyes que no revela otro problema que la desconfianza en las instituciones, cuyas leyes son sustituidas por otras formas de comportamiento, redes de confianza y de asociación.

-¿Es alarmante la falta de responsabilidad ciudadana en la ciudad?

-Es preocupante, no es apocalíptico ni dramático; sí existen normas, aún no se llega a la anomia social, todavía no existe un caos, ni se ha llegado a la ley de la selva, en realidad existe un orden, corrupto, oscuro, pero que responde a una necesidad social en la vida de los ciudadanos. En esta medida, comprender el ordenamiento social de los grupos es encontrar formulación de mejores políticas para crear ciudadanía democrática, que se define en el respeto a la ley, a las instituciones y la tolerancia y el acuerdo, para avanzar hacia la construcción de una ciudadanía más responsable.

En Jalisco y en la ZCG se ha logrado avanzar en la cultura de la prevención, sin embargo, aún existe un gran sector de la sociedad tapatía que no escucha las recomendaciones de los distintos organismos encargados de proteger a la ciudadanía.

Así lo expresó el mayor José Trinidad López Rivas, director general de la Unidad Estatal de Protección Civil en la Entidad.

"La gente escucha poco, una parte mínima de la ciudadanía hace caso a las recomendaciones, reglas o reglamentos, un bajo porcentaje de la población tiene idea que existen riesgos y que se pueden eliminar, al tener una mejor seguridad tanto en el hogar como en el vehículo".

"Urge conformar un frente común entre medios de comunicación y autoridades, para informarle a la población cuáles son los riesgos y cómo se pueden evitar, mediante un programa permanente en el que se asegura que las instancias seamos escuchadas".

-¿Qué falta?

Despertar cultura de la autoprotección civil. No se pueden seguir tolerando jóvenes que circulan a 140 kilómetros con sus camionetas; que los camioneros sigan circulando con tanta irresponsabilidad; traileros que le avientan su camión a otros automovilistas. Todas ellas son evidencias de la falta de cultura, pero también de respeto hacia los demás, falta mucho por hacer, se tiene que hacer un frente común por parte del medio oficial, llevando medidas de seguridad a la población, desde Protección Civil, Bomberos, Seguridad Pública, Vialidad, los maestros en la escuela, todos tenemos que hacer lo que nos corresponde.

-¿Es irresponsable la ciudadanía en Jalisco y la ZCG?

-Nunca he sido partidario de la palabra irresponsable, pero la palabra correcta es ésa. Somos irresponsables porque aún conociendo los riesgos, nos hacemos "de la vista gorda", del oído sordo y esa mentalidad que muchos mexicanos tenemos de "a mi no me pasa", "ay se va".

-Es un orgullo tonto de pisar el acelerador del carro para rebasar a dos o tres que van delante de nosotros, cuando debemos de cuidarlos a ellos también y los accidentes disminuirían.

-Existe un gran sector de gente irresponsable entre jóvenes y adultos, entre amas de casa, en algunas zonas de la ciudad existen grupos de niños y niñas de 11 a 13 años inhalando drogas, ¿dónde están los padres?, ésa es una irresponsabilidad por permitirle a los hijos hacer lo que quieran.

-En general, los padres estamos dando una libertad que se ha convertido en libertinaje. Desde 1994 comprobé que los únicos responsables de generar y hacer delincuentes somos los padres de familia, por desobligados, por descuidados. Si todos los padres los vigiláramos, estuviéramos enterados de dónde están, con quién, qué hacen, se disminuirían los accidentes, pero existe la costumbre de muchos padres de familia de "echar" a los niños a la calle para que no los 'molesten'.

Sus autos, marcas de ropa y acento al hablar los identifica. Es "gente bien" que compra productos "piratas" en los tianguis de Santa Tere, Chapalita, Paseos del Sol y otros puntos en donde se expenden copias de ropa de marca y sin fin de artículos de calidad dudosa a mucho menor costo.

Las apariencias engañan. No solamente la clase media y baja son los principales consumidores de la piratería, sino que las altas esferas de la sociedad tapatía son los primeros clientes de los tianguistas y proveedores de artículos apócrifos.

Perfumes, ropa, zapatos, discos, películas, bisutería, programas de cómputo, videojuegos y sombreros son solamente algunos de los productos que se consumen día a día en los mercados ambulantes, por parte de los tapatíos.

"En el tianguis de Paseos del Sol tenemos de todo, desde mercancía original hasta las perfectas copias, mucha gente no tiene para pagar grandes cantidades y por eso prefiere la piratería, es claro que mientras haya gente que compre nosotros vamos a tener un inmenso sector de venta".

"La verdad, aquí viene gente rica, pobre, clase mediera, pero todos buscan ahorrar dinero, todos quieren salir con el mejor artículo a precios baratos, por eso nosotros estamos listos para ofrecer la mercancía".

"Hace unos años la gente no pedía marcas, ni las conocían, pero gracias a la televisión, revistas y anuncios, pues tenemos un margen de ganancia más grande, unos lentes que en un centro comercial cuestan hasta 5,000 pesos, aquí los tenemos en 200 pesos, no es lo mismo, pero dan el 'gatazo' y eso es lo que le importa a la gente, quieren aparentar que traen algo bueno, cuando realmente es bien 'pirata'", dice Sergio Alfredo Villa Martínez, vendedor del tianguis de Paseos del Sol, quien habló de la piratería como un problema "que nunca va a terminar, mientras haya compradores, esto es como en tiempos de Al Capone, además el nivel viene de las altas esferas, ¿quién saca los demos de los discos?, los empresarios de alto nivel, la autoridad simplemente se hace de la vista gorda", dijo el comerciante.

Los compradores van en grupo, buscan las mejores marcas, unos parecen productos originales, tienen la etiqueta, pero hasta la marca está mal hecha.

"A nosotros nos surten desde México, de Tepito, allá pedimos las etiquetas y aquí cuando se maquila el producto, se coloca la marca y la gente que nunca ha tenido una prenda original, pues la compra sin chistar", señala entre risas Sergio Alfredo.

Al ser cuestionado sobre su trabajo explicó: "Desde niño acompañaba a mi papá a trabajar en los tianguis, aquí uno aprende muchas cosas, sabemos que estamos haciendo mal, pero la necesidad es más grande y por eso lo hacemos".

"No tenemos ninguna clase de cultura en ningún aspecto, ni vial, de autoprotección, lo peor es que a diario vemos como los padres de familia impulsan a sus hijos a maltratar las áreas verdes, a no respetar a los adultos mayores, a repetir los modelos establecidos". - Elizabeth Salazar, empleada de oficina.

Las reglas que más se rompen:
Desconocer los reglamentos de tránsito, como la vuelta a la derecha, que es continua, pero se debe esperar a que pasen los peatones y los autos.
Manejar alcoholizado.
Exceder los límites de velocidad.
Estacionarse en sitios prohibidos (minusválidos, cocheras, raya amarilla, hospitales, escuelas y doble fila).
No respetar el balizado para peatones.
Hablar por teléfono celular cuando se conduce.
Hablar por teléfono celular cuando se carga gasolina.
No tener tolerancia con el resto de los automovilistas, ni ayudar a una mejor movilidad.
No ceder el paso cuando se encienden las luces intermitentes de otro automovilista.
Dejar el auto en doble fila y las llaves al "apartalugar" para que lo estacione cuando haya lugar.
Tirar basura por las ventanillas de los automóviles y en la vía pública.
Usar el claxon en la madrugada afectando a los vecinos.
Tener mascotas sin control.
No mantener la distancia establecida entre un vehículo y otro.
Los automovilistas que se "pegan" detrás de las ambulancias para circular a una velocidad mayor.
Observar el semáforo preventivo y cruzarse, ante lo cual se provoca caos vial por quedar a media calle.
No respetar el "uno y uno", es decir usar reglas no escritas que en otras ciudades como Aguascalientes, Zacatecas y San Luis Potosí y algunas de Los Altos de Jalisco se utilizan; en la ZCG todos los automovilistas quieren pasar a la vez.
Circular con infantes en la zona delantera del auto, sin ninguna silla de seguridad.
No cruzar por las esquinas.
No respetar el semáforo para peatones.
Permitir que se dañen esculturas, árboles o monumentos.
Tirar basura en la vía pública, fuentes o camiones.
No dar el asiento a los adultos mayores y discapacitados cuando se viaja en camión.
Al observar el semáforo en preventiva (amarillo) cruzar la calle en lugar de detenerse.
No usar los puentes peatonales.
No usar casco cuando se viaja en motocicleta.
Comprar piratería.
Tala de árboles.
Quema de llantas.
Orinar y defecar en la vía pública.
Colocar grafiti.
Los camiones que circulan con las puertas abiertas.
La gente que habla y que recibe llamadas de su celular en el cine.
Responsabilidades que se dejan para después:
Pago del predial.
Pago de la tenencia.
Afinar el auto.
Fugas de agua que no se arreglan.
Barrer el frente de la casa.
(V.págs.10-B y 11-B del periódico El Informador del 21 de febrero de 2007).
Cuando yo era chica, en mi propio hogar, el probable juicio de algún prójimo, tan anónimo como sus intenciones de juzgarnos, cobraba capital importancia. No se podía llegar tarde a casa porque, con toda seguridad, alguien estaría pendiente de nuestras entradas y salidas para "andar diciendo" sabrá Dios qué cosas de uno. Si se armaba la discusión familiar, no había mejor justificación para acallarla, que "los vecinos que nos oigan van a decir que...".

Y, para que los susodichos, o los parientes, o la gente que pasaba por la calle "no dijeran", no usábamos minifalda, no platicábamos con el novio en la banqueta, no comíamos mucho en público, no nos enfrascábamos en la charla larga y tendida con la tendera, no preguntábamos por el paradero del marido desaparecido de la de enfrente, no gritábamos de una banqueta a otra, ni pedíamos fiado ni prestado.

Que Dios nos guardara de andar dando razón de nuestros presupuestos, hábitos, aficiones y debilidades porque, según mi progenitora, era dar pie a que "anduvieran diciendo". La reticencia llegaba a punto tal que, para que "no fueran a decir", porque de seguro vivían pendientes de la puntualidad de nuestros asuntos internos, no comprábamos toallas sanitarias, ni siquiera pastillas para aliviar los cólicos, si quien atendía en la farmacia era del sexo masculino, porque luego iban a "decir que"...

Luego, existía una variante en esto de la "dicencia", que consistía en contrarrestar el muy posible veredicto de quienes nos tenían en la mira, como bichos en un miscroscopio. Entonces, al son del "pa que no digan", había que realizar otra larga lista de proezas, heroísmos y actos públicos para destacar en la conversación ajena.

Paty Blue
(v.pág.15-B del periódico El Informador del 12 de marzo de 2007).


Un buen amigo dice que los tapatíos vivimos en un estado de depresión permanente. Que siempre buscamos el dato que confirme que los regios o los capitalinos son más diestros, más unidos o aunque sea más suertudos que nosotros. Que los políticos, académicos y empresarios exitosos, son dignos de sospecha, acerca de sus méritos o el origen de sus logros.

Los triunfos de nuestros artistas y deportistas, los consideramos éxitos personales, aunque en muchos casos alguna autoridad, universidad o empresa local, o al menos la familia o los conocidos hayan sido claves en alguna etapa de su desarrollo. Andamos deprimidos y nos empeñamos en alimentar la depresión.

Eduardo Rosales Castellanos
(v.pág.11 del periódico Público del 25 de marzo de 2007).


Juan Palomar define el estado de ánimo de los tapatíos como "melancólico". Pareciera que vivimos en la insatisfacción plena y que el peso del ayer nos aplasta brutalemente. Vivimos en el reino de la pregunta inútil: "si hubiéramos hecho". Sin embargo, esa tendencia kierkegaardiana que súbitamente ensombrece nuestro espíritu es combatida discreta pero eficazmente por miles de tapatíos exitosos.

En Guadalajara, como en el resto del país, el cooperativismo está por los suelos. Si al ver a personajes públicos triunfadores, o bien, a los héroes anónimos que por convicción propia ponen un grano de arena en la construcción de la ciudad que soñamos ser, nos motivamos a ser mejores, iremos de gane. Lo que no debe ocurrir es que se pervierta la iniciativa y se convierta en un activo para un grupo en específico.

Vale la pena que los municipios vean esta campaña, a fin de cuentas Guadalajara es la suma de las ciudades que la rodean. Lo ocurrido con el concepto de Ciudad Zapopan fue una pesadilla. Esos intentos por diferenciarse a lo bruto de lo que somos no contribuyen a pensar en lo que requiere la ciudad: ser una sola.

Las ideas innovadoras, la capacidad de tomar riesgos quiere provocar la desaparición del apatío, del nostálgico del ayer, del melancólico.

Frank Lozano
(v.pág.19 del periódico Público del 25 de junio de 2007).


Los ingresos que la Cruz Roja recauda en Jalisco mediante la aportación extraordinaria en el pago del refrendo vehicular, cayeron este año: apenas 39 de cada 100 personas que pagaron este impuesto aceptaron contribuir con 23 pesos adicionales para la benemérita. En 2006, la cifra fue de 42 por cada 100.

No sólo el refrendo, sino el resto de colectas han ido a la baja. Este año la meta era recabar cinco pesos por jalisciense y obtuvimos 2.20 pesos. Eso es insuficiente para atender la demanda.

(V.pág.11 del periódico Público del 13 de julio de 2007).


Célebres personajes escribieron sobre los aguaceros de Guadalajara. Uno de ellos, el escritor y liberal radical Ignacio Manuel Altamirano, quien estuvo aquí en 1867 y lo que más le impresionó de la ciudad fueron sus mujeres y las tempestades. De esos fenómenos naturales consignó "en pocos lugares de la república puede contemplarse el grandioso espectáculo que en Guadalajara, que pudiera llamarse la hija predilecta del trueno y de la tempestad".

Enrique Ibarra Pedroza
(v.pág.10 del periódico Público del 29 de julio de 2007).


Lo que nos ha ocurrido a los tapatíos en los últimos 30 años es que hemos vivido de generar ideas grandiosas. Nuestro orgullo está sustentado en los que algún día fuimos y en lo que soñamos que podemos ser y no en una realidad concreta. Ese tapatío farolón, de negocios de saliva, vendedor de ilusiones es el que, desde mi punto de vista, tenemos que desterrar de nuestro imaginario.

Parte de la cultura empresarial que tenemos que cambiar en Jalisco es que nuestra capacidad de ejecución sea más cercana a nuestra capacidad de imaginación. El cementerio de las buenas ideas es la industria de mayor expansión en el estado y eso genera incredulidad, dudas y desesperanza. En la medida en que seamos capaces de acercar la capacidad de imaginar a la capacidad de ejecutar entonces podremos decir que hemos comenzado el camino a una nueva cultura empresarial en Jalisco.

Diego Petersen Farah
(v.pág.3 del periódico Público del 10 de agosto de 2007).


Para mi, las mejores tortas del mundo se hacen con birote (pan salado) de Guadalajara, aceite de oliva español y rebanadas de jitomate rabiosamente americano. La otra torta mejor del mundo, o la segunda, es la que se hace con telera de Guadalajara, angulas españolas en aceite de oliva y una guindilla (chile de árbol) picada. El mejor pan blanco que se puede conseguir en este país es el de Guadalajara, sobre todo si se lo llevan hasta las puertas de su hogar, como es mi caso.

Rafael del Barco
(v.pág.38 del periódico Público del 12 de agosto de 2007).


17 de agosto de 2007


Todo empezó en los años ochenta con el afán de importar (¿copiar?), desde la Ciudad de México, las soluciones al congestionamiento capitalino resuelto con los "ejes viales", de los cuales quisimos que nos tocara un Par, y así no quedar rezagados del progreso nacional.

Es inconfundible nuestra ciudad intermunicipal, donde abundan los arquitectos y los urbanistas, y paradójicamente escasea ya la arquitectura y el urbanismo (cuando antes era al revés); donde practicamos la amnesia voluntaria haciendo caso omiso del proyecto del Tren Ligero dejándolo a medias y conformándonos con dos líneas truncas y con su intersección semigloriosa, prefiriendo mejor saturarnos de coches inubicuos; donde preferimos aumentar el caudal de la red de distribución del agua en lugar de reparar sus nada insignificantes fugas que socavan el subsuelo; donde bajo cables eléctricos plantamos árboles como si éstos jamás fueran a crecer hacia arriba (o extender sus raíces) y cuando los mutilamos so pretexto de poda, los dejamos desahuciados, listos para caer sobre los mismos autos inubicuos durante la tradicional temporada de chubascos.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Eciometrópolis, A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 11 de septiembre de 2007).


Guadalajara nació dividida. En 1542 los españoles eligen instalarse en definitiva al poniente del río San Juan de Dios. Al oriente del mismo río, en Analco, ya se localizaban asentamientos indígenas. Desde su fundación, un río ha sido nuestra referencia urbana, nuestra diferencia económica y nuestra distancia social. La indiferencia ha sido cómplice de esta división de origen que nos desvalora por igual a los habitantes de ambos lados. Los tapatíos "lo hemos tenido claro": nos molestaba tanto la inmundicia del río San Juan de Dios que, en lugar de sanearlo, lo tapamos, como si enterrándolo nos hiciera olvidar nuestras miserias. Optamos por un efímero "progreso" con la Calzada Independencia, en lugar de haber elegido la rehabilitación de un río con parques, plazas y puentes de concordia, convivencia y unión. El río siempre nos ha podido unir o separar; la opción siempre ha sido nuestra.

Juan Ignacio Castiello Chávez
(v.pág.10 del periódico Público del 21 de septiembre de 2007).


Proyectos de envergadura se desarrollan y planean de forma inconexa, porque no hemos sido capaces de crear una visión conjunta de nuestra ciudad para el futuro; estamos ocupados en resolver los asuntos cotidianos, dejando de lado la altura de miras que nos uniría para trabajar cada uno en su espacio; carecemos de una estrategia abierta al futuro.

Esta actitud tendiente a la inmediatez, que viene de largo tiempo, ha propiciado la superficialidad en la aproximación a los grandes temas de nuestro futuro. Los prejuicios, propios de un conservadurismo cerrado, han dominado la escena, de forma que sólo con grandes esfuerzos es posible crear grandes proyectos, que por supuesto carecen siempre del respaldo general. Hemos creado una fuerza invisible que nos impulsa a la medianía, dado que se castiga lo excepcional por principio.

Viene al caso reflexionar estos temas, porque en muchos casos hemos caído en la resignación de no hacer grandes cosas por la falta de presupuestos. Haremos unos juegos con escenarios menores a lo de Río; no hay forma de crecer el tren eléctrico urbano; una presa con récord en retraso, un macrolibramiento postergado; las iniciativas urbanas de magnitud carecen del respaldo general; Centro Cultural Universitario; Guggenheim; transporte urbano de calidad y muchos otros.

Por eso cabe preguntarnos: ¿Quiénes piensan la ciudad? ¿Serán las autoridades, los técnicos, los académicos, los líderes formales, los políticos, o será que la piensan en presente y no en futuro? Más aún, ¿quiénes hablan del futuro de la ciudad con perspectiva y profundidad?, porque quienes tienen capacidad, que son muchos, parece que piensan pero no hablan, o mejor no dialogan.

Luis Salomón, doctor en Derecho
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 10 de octubre de 2007).


En el caso de Guadalajara, realmente han sido pocos los beneficios que el predominio centralista nos ha traído recientemente. Desde el temblor de 1985, hace 20 años que perdimos la brújula y nos dio un caso agudo de Infonavititis; nos derramamos en la jungla del crecimiento urbano desordenado (desatado primero por la migración masiva de capitalinos y luego por la imposición de tontas políticas públicas federales en diseño, construcción y financiamiento de vivienda que poco han tenido que ver con las características locales).

Por contraste, los proyectos de estirpe local, si bien tienen tiempos elásticos propios, rara vez son contundentes. En el caso de los grandes proyectos privados de interés público (cuyos pasos se aletargan según los tiempos de la economía particular y la política local) figuran notablemente los aspiraciones eternamente en camino como son el Desarrollo JVC, la torre Torrena, el Centro Cultural Universitario, el museo Guggenheim, el Santuario de Santos Mártires, la renovación del centro histórico, la Presa Arcediano, el gran proyecto de la Red Metropolitana de Vialidad y Transporte y las Villas Panamericanas, entre otros.

Aquí, la falla sustancial en la planeación de nuestra extensa ciudad urbana está en que todavía parecemos atrapados por el peso de nuestra propia historia que nos limita. Mientras no sea resuelta nuestra dependencia a la capital del país, se ve difícil que se resuelvan bien las oportunidades de nuestro futuro.

Una de las muestras del centralismo que sufrimos en todo el país, es que la prensa y las noticias de lo que ocurre en interés de la Ciudad de México, acapara la atención de todas las provincias restantes, volviéndose así el foco distractor de la vida nacional.

Como si sufriéramos los demás de insuficiencia cardiaca, adiestradamente la Ciudad de México ha sido el "marcapasos" de lo que ocurre en el resto del país.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Eciometrópolis, A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 16 de octubre de 2007).


Un estudio del Instituto Mexicano para la Competitividad ubicó a la zona conurbada de Guadalajara en el segundo sitio entre 71 ciudades del país, a pesar de que Jalisco como estado se encuentra en el lugar 16 de las 32 entidades.

El hecho que Guadalajara esté en el subliderato y el estado a media tabla habla de las enormes desigualdades y carencias que todavía hay al interior del estado y del país.

Para su información, el primer lugar lo ocupó la zona conurbada de Monterrey.

El estudio "Ciudades, piedra angular del desarrollo del país. Indice de Competitividad Urbana 2007", revisó 10 variables: sistema de derecho, cuidado del medio ambiente, sociedad sana y preparada, estabilidad económica y política, eficiencia gubernamental, sectores precursores de clase mundial, mercados eficientes, estabilidad política, relaciones internacionales benignas y macroeconomía estable.

Y frente a estos sofisticados indicadores, la pregunta que me hago es si el empresario común, el profesionista, funcionario público y trabajador promedio de la ciudad de Guadalajara es realmente competitivo y reúne todas esas maravillosas cualidades con las que conjuntamente terminamos calificados en segundo lugar, o si más bien lo que ocurre es que los tapatíos en general nos estamos "colgando" de la competitividad de unos cuantos, principalmente de la industria electrónica y del software asentada en nuestra ciudad, y que opera con estándares y niveles de exigencia superiores a la media nacional; porque salvo honrosas excepciones, la verdad, así como que los tapatíos nos caractericemos por ser competitivos y eficientes en el ámbito empresarial y profesional, no parece muy creíble.

Ahora, si la competencia se diera en el cuidado del ambiente (el de la chorcha) o en la efectividad para el consumo de aperitivos, tacos y botanas, no tengo duda de que hasta los chistes tapatíos serían biodegradables.

Tampoco veo que la eficiencia gubernamental y la vigencia del sistema de derecho sean característica de los gobiernos municipales involucrados en el estudio.

Creo más bien que, así como a Guadalajara la ubican en el segundo lugar de competitividad y a Jalisco en el 16, de la misma manera, la competitividad atribuida a Guadalajara le corresponde a las grandes empresas nacionales y trasnacionales asentadas en la ciudad, y no a la enorme cantidad de pequeñas y medianas empresas, de changarros, talleres y despachos de profesionistas que trabajan con sistemas y equipos obsoletos, ni a las ineficientes oficinas de gobierno con las que nos topamos todos los días.

Admitámoslo: la realidad general es otra, y el éxito de unos cuantos nos los han adjudicado a todos.

La competitividad de una ciudad debiera medirse no en términos macroeconómicos o con macroindicadores de estabilidad política, sino en términos de la microeconomía y del precario micro estado de derecho que cotidianamente sufrimos la mayoría de los tapatíos y no los grandes corporativos.

Se puede decir que una persona o empresa es competitiva cuando lo que hace es difícil de imitar, único, posible de mantener, netamente superior a la competencia y aplicable a variadas situaciones.

Y la realidad es que el ciudadano y el funcionario público común de la zona conurbada de Guadalajara dista mucho de contar con estas características que definen la competitividad.

La ineficiencia, así como la falta de capacitación y tecnología en las oficinas de gobierno municipales y en la generalidad de los negocios y servicios tapatíos son evidentes y más característicos que la competitividad que ahora se nos atribuye.

Por lo anterior me parece necesaria una precisión a los términos de este segundo lugar de competitividad que nos han otorgado a los tapatíos y a nuestras autoridades:

En lugar de decir que Guadalajara obtuvo el segundo lugar nacional de competitividad, más bien habría que decir que las grandes empresas de Guadalajara obtuvieron el segundo lugar nacional de competitividad, y que para ellas el estado de derecho, y por tanto la administración de justicia, es eficiente, expedito y confiable.

Ricardo Elías, arquitecto y empresario
(v.pág.6 del periódico Mural del 18 de octubre de 2007).


Estrategias de la Tapatiez

En lo que toda a las reglas de cortesía y a las interacciones, siempre debes tomar en cuenta que el tapatío, pese a ser tapatío, es "sentido como jarrito de Tonalá". Ello significa que el tapatío radical se toma a pecho y como afrenta personal, de maneras misteriosas, cualquier tipo de comentario, acción u omisión, cometidas por un conocido-amigo-enemigo y cuya factura será cobrada al "infractor-infractora", ad infinitum y ad nauseam, y también de maneras misteriosas, que el afectado-afectada a veces nunca percibe.

Al buen tapatío se le reconoce por el beso lejano en la mejilla o por el apretón discreto de manos. Son movimientos difíciles de dominar, pero el ejercicio constante hace al maestro. No se trata en estricto sentido de un beso, o de un apretón. Es apenas un roce delicado en la mejilla del amigo-amiga, oponente o amiga del amigo, acompañado de una cierta distancia corporal, que sin práctica puede hacer trastabillar al donante. El chasquido producido por un beso bien dado, o un apretón fuerte de manos, no llama a engaños: inmediatamente revela a los infiltrados. Ah, y a la gente nomás se le saluda de abrazo en los cumpleaños o en Navidad, ¡por Dios!

La utilización de los diminutivos forma parte de la complicada socialización del tapatío o tapatía radical, pero puede ser aprendida siguiendo algunas reglas básicas. El diminutivo no puede faltar cuando se hace referencia a algún atributo o marca de carácter físico o social, que los tapatíos consideren ligeramente incómodo: un negro pasa a ser un "negrito"; un ciego se convierte en "cieguito"; un homosexual se transforma en "rarito" (si es de confianza puede sustituirse por "jotito"); un bebé poco agraciado se llama "curiosito"; un discapacitado puede ser un "tullidito".

(V.pág.3 de la revista "Tapatío" del periódico El Informador del 20 de octubre de 2007).

Pese a su acusado perfil cosmopolita, los auténticos tapatíos mantienen el núcleo de su identidad a través de su relación con la comida y un particular estilo de nombrarla. Por ejemplo, para evitar el albur, "huevos" ha sido sustituido por "blanquillos", aunque se trate de huevos rojos de granja. Error frecuente de un outsider es llamar a todo pan salado "birote" en el afán de congraciarse con los locales, para birotes, los de la (vieja) Central Camionera y que esta forma particular de pan (saladito, crujiente y con poco migajón) no sería nunca confundido con un bolillo o con una telera, por un verdadero, auténtico y radical tapatío.

Conocido crítico español del cine mexicano (q.e.p.d.), autor de la "Historia del Cine Mexicano", pero a quien no viene al caso citar, ha dicho, con agudo sentido del método de observación, que "los domingos tiene serias dudas de que los tapatíos existan". Nada más cierto y más falso, en sentido dialéctico. El despoblamiento de la ciudad es un hecho empíricamente verificable los domingos, pero lo que nuestro observador ignora (todavía) es que los tapatíos radicales tienen 3 opciones dominicales: a) recluirse en la santidad del hogar, propio; b) recluirse en la santidad del hogar, extendido, es decir, en la casa de los papás, de los suegros, de los abuelos, de los compadres, o c) ir a comer raspados o a tomar un agua fresca y en un acto de generoso reconocimiento a la diversidad cultural, comprar "morelianas" del parque Chapalita, que todavía es llamado por los auténticos tapatíos "la glorieta del Padre Cuéllar". Lo que de ninguna manera significa que los tapatíos no existan, sino que su existencia transcurre en plácidos y bien predecibles escenarios.

(V.pág.3 de la revista "Tapatío" del periódico El Informador del 27 de octubre de 2007).

Fundamental resulta el dominio de ciertos localismos en sus contextos de uso. Muchos simuladores se han metido en problemas tratando de copiar sin la debida formación sociolingüística el ya célebre "ocupo", que si bien como sabemos, es sinónimo de "necesitar" y no de llenar un espacio, requiere de un manejo adecuado. Así, decir "ocupo verte para decirte una cosa", puede resultar exagerado, pero decir "ocupo decirte unas cosas" es una frase auténticamente tapatía. Los niños "ocupan un lápiz"; la señora de la casa "ocupa una sirvienta" y el político "ocupa mejorar su imagen". Al "ocupo" le sigue en orden de importancia el prefijo "bien" que antecede, según la situación, a los calificativos "mucho", "bonito" o "suave": "bien mucho", "bien bonito", "bien suave". Sin embargo, al pasar de los años, el "bien mucho" ha perdido popularidad entre las clases medias que consideran a esta formulación "ligeramente naca". En su lugar se recurre al infalible "bien bonito", que se pronuncia con los cachetes un poco inflados y algo flojos. Transclasista es, en cambio, la palabra "ira" (no de los pecados capitales, sino como sinónimo de "mira", "fíjate"): un outsider se declara cuando pone cara de desconcierto al escuchar la formulación de usos múltiples: "esquira", pronunciado sin respirar y sin pausas. La traducción al "no-tapatío" sería: "Es que mira, fíjate", o incluso "observe, permítame explicarle". Finalmente, en lo que toca a los localismos, es importante aprender a introducir el plural en las conjugaciones de segunda persona del singular, ejemplos: "dijistes", "trajistes", "hicistes" (pero no se debe llegarl al "dijites" o "hicites"; eso es más bien del interior del estado).

(V.pág.3 de la revista "Tapatío" del periódico El Informador del 3 de noviembre de 2007).


¿Qué tal cuando no se sabe hasta el último momento si el respetable va a responder a la convocatoria? Eso, todo empresario local lo sabe, es un verdadero albur en esta ciudad donde la gente se espera hasta cinco minutos antes de que algo inicie para ponerse una camisa y lanzarse a ver qué localidades encuentra. Claro, a menos que se trate de una reverenda estupidez inflada por la televisión...

Paco Navarrete
(v.pág.12 del periódico Mural del 1o.de noviembre de 2007).


Después de años de ver manejar a los tapatíos he llegado a una lapidaria conclusión: son los automóviles los que los manejan a ellos. Hasta el más comedido y educado muta en pitecantropus cuando se pone al volante. Dan vuelta como si trajeran trailer, entienden las direccionales en una avenida como indicación de que quien las encendió nunca podrá abordar el carril que seguro alguien facturó a su nombre, entran a las glorietas como si fueran ciegos, tocan el claxon como si sirviera para algo. Son una absoluta calamidad. Lo han sido siempre y seguirán siéndolo. Sin embargo, para quienes pensaban que había fenómenos como éste que no podían empeorar, bueno, recuerden, hablamos de los tapatíos.

En los últimos tiempos pululan otros especímenes que a todo lo anterior agregan nuevas gracias. A algunos les ha dado por encender las luces en pleno día. Es una manera de decirle, imagino, al que está adelante de ellos "quítate, me estorbas". A los que han adoptado esa costumbre absurda una información más que pertinente: nadie va a decir "chin, alguien prendió las luces, voy a quitarme o voy a acelerar". Apaguen sus luces, honestamente no nos importa. Otros, y esto es histórico, se avientan el tiro de abrir el escape de sus autos. Es una ternura escuchar un motor "rugir" y voltear esperando ver un Porsche o un Jaguar y encontrarse con un Tsurito o un Jetta que parece Atlantic. A esos otro mensaje: gente muy inteligente, científicos, han trabajado hasta el cansancio para disminuir el ruido de los motores. Piensen que calificativo merecen los que van a contracorriente de ellos. Y qué tal los que traen el sonidazo atasacdo de bajos que no permiten, entre otras cosas, escuchar la "música". O los que se le pegan a las ambulancias para ganar tiempo. O los que se ponen por encima el cinturón de seguridad sin abrocharlo sólo para evitar la multa. Es una fauna indefendible, por decir lo menos.

Y por último, nuestros heroicos motociclistas. ¿Pueden imaginarse alguien más estúpido que uno de ellos con el casco en la mano? El otro día me topé con uno de estos émulos de Neandertal y le indiqué lo absurdo del hábito. Su respuesta es para enmarcarla: "Lo necesitas más tú que yo". Le respondí que en caso de chocar con él, el accidente le costará la vida, a mí, en cambio, me costaría cuando mucho una multa. Digo, además del más que difícil trance de haberle causado la muerte a alguien con toda la carga psicológica, anímica y legal que conlleva. Pensando bien todo lo anterior, le debo una disculpa al hombre de Neandertal por la injusta comparación. "Yo no era tan bestia", diría.

Antonio Salcedo M.
(v.pág.3 del suplemento "Ocio" del periódico Público del 2 de noviembre de 2007).


El tapatío: (V.pág.3 de la revista "Tapatío" del periódico El Informador del 10 y 17 de noviembre de 2007).
Guadalajara es una ciudad con más tradición que visión, con más pasado que futuro, con más desatinos que destinos. Una ciudad tan clasista, tan llena de murallas, tan encerrada en sus miedos. Lujuriosamente puritana, perversamente católica, con más zonas rojas que verdes. Dormida en sus marchitos laureles. Amable sólo en el slogan. Gigantesca, hipocondríaca, mercantilista, privada de iniciativa, que cambia para no cambiar. Con una sociedad civil que actúa más por berrinche que por conciencia ilustrada, adolescente en contra de todo por sistema, con unos medios críticos hasta el disparate y serviles hasta la deshonra, que confunden chisme con noticia, alarmismo con objetividad.

Una ciudad con tapatíos que bendicen al cambio mientras no se metan con su banqueta, con su calle, con sus rumbos, que son ecologistas hasta que no tienen un árbol enfrente que les tira basura; como si las hojas y las flores fueran comparables a latas y envases desechables.

Tampoco ayuda mucho el tener autoridades que se equivocan hasta cuando aciertan, que no importa lo bondadoso y útil de una idea o una acción, ya que se presentan y explican a la comunidad tarde y mal, que siempre nacen politizadas y por lo mismo endebles. Autoridades que no creen ni en ellas mismas.

(V.pág.14 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 17 de noviembre de 2007).


Este hogar es tapatío.

(V.pág.12 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 8 de diciembre de 2007).


Duele decirlo, pero Guadalajara no era así...

Los tapatíos -oriundos o arrimados, que "tanto monta..."- tenían el defectillo de ser presumidos; excesivamente orgullosos de su ciudad. Sin embargo, ni cuando la ponderaban como "la ciudad de las rosas", ni cuando la calificaban como "ciudad amable", ni cuando se preciaban de que como "ciudad limpia" competía con cualquiera, se les podía tildar de mentirosos. Guadalajara hacía honor a todos y cada uno de esos calificativos. Su gente honraba la fama de educada, atenta y hospitalaria que corría por todo el país. Por las mañanas, en efecto, Guadalajara, olía "a limpia rosa temprana". Y en las tardes lluviosas del verano, era un deleite aspirar su aroma "a pura tierra mojada".

Unos tiempos traen otros, por desgracia. Probablemente sucedió que las brutales costumbres de los inmigrantes -"mea culpa, mea culpa..."- avasallaron a los lugareños con todo y sus virtudes. Lo cierto es que la degradación de Guadalajara, consecuencia de lo que pudiera denominarse "la invasión de los bárbaros", es evidente... Sus habitantes, por desgracia, nos acostumbramos a vivir en medio de la suciedad. Vemos con naturalidad que las calles estén llenas de papeles; las banquetas, tapizadas de chicles; las fuentes, pletóricas de botellas de plástico; fachadas y cortinas metálicas de establecimientos comerciales, tapizadas de "grafitti"; el mobiliario urbano -postes, bancas, arbotantes, paraderos de camiones...-, vandalizados; prados, camellones y jardines, atiborrados de desperdicios de comida; las unidades deportivas, convertidas en catálogos del deterioro y el abandono.

Toda esa inmundicia que la ciudad exhibe impúdicamente, que retrata de cuerpo entero la desidia de los moradores; la incompetencia de las autoridades... La experiencia demuestra que tratar de "concientizar" a los ciudadanos es perder el tiempo; que realizar campañas publicitarias -aquellas de "atínale al bote", "la limpieza va en serio", etc.- es tirar el dinero del pueblo...

La ineficacia de cuantas acciones se han tomado hasta ahora por estas vías, sugiere la conveniencia de que, a la voz de "la tercera va la vencida", se probara una fórmula que hasta ahora se ha tenido en el abandono: aplicar la ley... Para decirlo pronto: como si hubiera autoridad.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 14 de enero de 2008).


Mis tías -tapatías de tooooda la vida-, en un afán de cuidar sus ahorritos de viuda, todo lo regatean, escatiman en todo hasta que no tienen más remedio que pagar. Y aún así, acaban evadiendo la fecha de pago a sus acreedores. Ya saben: si los regiomontanos tienen fama de codos, acá bien nos merecemos la de "poquiteros". Y aquí está uno de sus hijos preclaros para confirmarlo.

Paco Navarrete
(v.pág.10 del periódico Mural del 17 de enero de 2008).


2 de la tarde con 20 minutos. Avenida Federalismo, dirección hacia el norte. Carril derecho. Semáforo en rojo. Me detengo. Soy el primero de la fila. Estoy justo en la esquina de Reforma. Un claxon de tono agudo, similar al de un Volkswagen, se escucha una y otra vez. Sale de una Caribe que conduce una señora. Está detrás de mi Tsuru. Cuando veo el retrovisor, la mujer, de unos 50 años, manotea y saca la cabeza de su auto. "¡Muévete! ¡No ves que es vuelta continua!", claro que sí, pero los coches que circulan por Reforma no dejan que doble con facilidad. Además hay peatones que esperan el paso. "¡Pendejo!", remata la señora, 2 segundos antes del verde. Doy la vuelta. El Caribe azul celeste me rebasa al instante, pasa a mi izquierda y a paso lento la señora sigue con sus reclamos. Increíble. "¡No sabes manejar! ¡Idiota!". No pude decir nada. Me atrapó el silencio y pedí lo mismo. "¡Cállate!", le dije. Nada más. Debió subir la velocidad porque ahora su Caribe interrumpía el tránsito fluido. El claxon salía de una pick-up y su tono era grave. La señora y su Caribe azul se perdieron entre el tráfico. Uno más de los tantos automovilistas que se suben al coche para descargar la ira al subir la velocidad y mentar madres ante el menor contratiempo. ¡Qué cosas!.

Nebur
(v.pág.2 del suplemento "Ocio" del periódico Público del 18 de enero de 2008).


No nos hagamos tarugos, el territorio de limpieza del tapatío, se reduce a su propiedad privada y a su colindancia inmediata, y no siente obligación alguna por cuidar lo que le pertenece a otro, llámese vivienda, local comercial, plaza o avenida.

Cada quien pinta su raya, y solamente barremos y limpiamos el frente que nos corresponde. Ni un centímetro mas. Y cuando nadie nos ve, la basura se la echamos al vecino y así nos "deshacemos" del problema, recorriéndolo hasta llegar a la esquina o a la avenida principal donde, por arte de magia, los desechos que originalmente fueron nuestros, se vuelven ajenos, y por lo tanto responsabilidad municipal.

En la propiedad ajena (y la de todos es considerada ajena), se vale tirar basura, escupir, pintarrajear o destruir. Y si vemos a niños o adultos hacerlo, nos hacemos los desentendidos y guardamos un silencio cómplice a menos, claro está, que la propiedad en cuestión sea la nuestra. Entonces sí que reclamamos al otro su falta de educación y de civismo.

No disculpo a las autoridades por su insuficiencia para mantener limpias las calles y espacios públicos, pero aunque suene trillado, el problema y la solución no es sólo del gobierno, sino de todos.

Debemos reaccionar frente al deterioro de la propiedad pública de la misma manera como reaccionamos para defender la propiedad privada.

Las asociaciones de colonos podrían ayudar mucho en esto, y así como se organizan para exigir enérgicamente a la autoridad que pare las construcciones que no les parecen y castigos para quienes las autorizan, de la misma manera deberían organizarse para exigir la limpieza periódica de las "tierras de nadie", de los pasos a desnivel y de las grandes avenidas que colindan o pasan por sus colonias, porque los basureros públicos tapatíos no son recipientes adecuados y estratégicamente colocados en las calles y avenidas de la ciudad, sino los mismos montones de "basura de nadie" acumulada en las "tierras de nadie" a los que cada transeúnte o automovilista que pasa cerca de ellos les agrega algo de su propia cosecha.

Como que a la "basura de nadie" se vale echarle más encima, al cabo nosotros no fuimos los que empezamos el montón.

Nos podemos desgañitar reclamando atención, pero al final esto no se corrige limpiando todo lo que los ciudadanos irresponsablemente ensuciamos, es un asunto de cultura y educación cívica, particularmente de la autoridad que tiene a su cargo el aseo público (aunque lo subcontrate), porque la basura se tira en las narices de los mismos policías y ni se inmutan. Yo mismo los he visto dejar basura y envases de refrescos en los cajetes secos de las banquetas, pero nunca he visto a uno llamarle la atención a alguien o levantar una infracción por tirar basura en la vía pública.

Y si apareciera por ahí un policía o agente de tránsito educado en Suiza y nos multa por tirar basura, el monto y las consecuencias son de tal manera ridículas que no son freno o escarmiento suficiente como para dejar de hacerlo.

La solución no tiene más que dos lados: el lado ciudadano y el lado de la autoridad.

El lado ciudadano se llama cultura cívica, y esa sólo se va a lograr si desde las escuelas se hace un agresivo y permanente programa de educación cívica que involucre a alumnos, maestros y padres de familia, pues de nada sirve decirle a los niños con dibujitos que la basura hay que ponerla en su lugar, si en el trayecto a la casa, sus padres (que no tienen madre) tiran la bolsa del lonche por la ventana del auto.

Y en el lado de la autoridad, habrá que hacer varias cosas: además de endurecer la ley y ver que se aplique, organizar mejor su trabajo y asegurarse que los policías, los agentes de tránsito y sus familias reciban un curso intensivo de educación cívica.

Solo así podremos cambiar ese arraigado y nefasto modo de ser los hombres y mujeres de esta impune y vapuleada ciudad, que en su fuero interno dicen que: lo mío es mío y lo demás no importa.

Ricardo Elías, arquitecto y empresario
(v.pág.6 del periódico Mural del 24 de enero de 2008).


Los tapatíos destinan cerca de 10% de su salario en comprar cigarros y bebidas alcohólicas: caguamas, tequila y ron.

Investigadores del Departamento de Métodos Cuantitativos de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.33 del periódico Público del 25 de enero de 2008).


Hay pequeños detalles que ilustran con claridad los hábitos, la cultura, la personalidad y la educación de la gente que integra una determinada comunidad.

Usted, que es una persona pacífica y educada, podría salir en este momento, abordar su automóvil y seguramente en el tránsito de su trabajo a su casa, o viceversa, tendría sobradas razones para experimentar varios disgustos y escupiría más de una maldición. Allá afuera, en la selva de asfalto, se presentan muchas situaciones que explican tan singular y abrupta transformación en un caballero o una dama de tan fina estampa.

a) Porque no faltarían personas que atravesaran la calle o avenida a mitad de cuadra, sin utilizar la zona peatonal determinada para ellas con las rayas amarillas diagonales o los puentes peatonales construidos para garantizar su seguridad, exponiendo su vida y la de usted, que muy probablemente tendría que frenar precipitadamente, con el riesgo de que el vehículo que venga detrás le alcance y le pegue.

b) Porque algún motociclista suicida, que podría ser un simple vendedor de pizzas, se le podría emparejar para rebasarlo en forma zigzagueante, en su apresurado afán de entregar su mercancía antes de media hora, como le obliga alguna singular promoción. Para eludirlo, quizá tendría que frenar intempestivamente o cambiar de carril en forma apresurada, con el consiguiente riesgo para usted y otros automovilistas, además de los muy naturales insultos a de los que seguramente usted se haría acreedor.

c) Porque podría suceder que detrás de usted apareciera algún piloto suicida, que en su suprema ignorancia e insensatez le vaya impulsando, apresurando e insultando con el claxon de su vehículo, para obligarlo a acelerar, cuando es evidente que usted transita tranquilamente por el carril de baja velocidad. Y en ocasiones podría suceder el absurdo de que el resto de los carriles, por los que podría circular a mayor velocidad o rebasar con facilidad, estarían desocupados.

d) O en todo caso, que al llegar a una esquina, usted atiende la luz preventiva amarilla del semáforo y se detiene con oportunidad, en el mismo momento que quien transita detrás de su auto "e amarra"ruidosamente y le insulta, porque simple y sencillamente usted acató una elemental disposición de tránsito y se detuvo con corrección y prudencia, en lugar de acelerar para tratar de ganarle a la señal de alto, como usualmente reacciona la generalidad de los conductores.

e) También podría tener la desgracia de encontrarse como compañero de viaje a un camión urbano, de tamaño medio o grande, que en forma permanente lo intimidaría, para tratar de arrinconarlo contra la banqueta, o que se mantendría en doble o triple fila simplemente para fastidiarle a usted el día e impedirle el paso, nada más porque se le pega su regalada gana a un grosero e impertinente chofer. Podría suceder inclusive que ese camionero salvaje le raspara alguna parte de su vehículo, le diera un ligero golpe y hasta le insultara, por el simple placer de hacerlo repelar y hacerlo sentir como el más miserable e impotente de los mortales, frente a un energúmeno cavernícola.

Estos hechos son parte del catálogo del absurdo que caracteriza la vida de la comunidad metropolitana. Todos los días los padecemos o somos protagonistas de ellos. Poco reflexionamos en forma madura, inteligente y sensata sobre la imperiosa necesidad corregirlos.

Pedro Mellado
(v.pág.2 de la sección "Comunidad" del periódico Mural del 21 de febrero de 2008).


Decir Semana Santa, en Guadalajara, en tiempos pretéritos, era disponer el ánimo para las celebraciones culminantes de la cuaresma: el Lavatorio de los pies, el Vía Crucis, Las Siete Palabras. Los privilegiados que encontraban un lugar en Catedral para el tradicional sermón del canónigo José Ruiz Medrano, el Domingo de Resurrección, ya tenían tema de conversación para varias semanas... En aspectos más profanos, los altares y las imágenes en las iglesias, borradas de la vista por severos mantos morados; las matracas que sustituían a las campanas hasta que éstas reaparecían, triunfalmente, anunciando la Gloria; las multitudinarias visitas del Jueves Santo a Las Siete Casas, con algunas suculentas -nada penitenciales, pues- escalas gastronómicas, estratégicamente distribuidas en los puestos de empanadas.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 18 de marzo de 2008).


Desde que se anunció la visita de Renée Fleming, programada para el miércoles próximo y suspendida la semana pasada "por razones logísticas" (sería deseable, por cierto, que alguien tradujera al español la frase entrecomillada, pues "logística" significa "parte del arte militar que atiende al movimiento o avituallamiento de las tropas en campaña", y también "lógica que emplea el método y el simbolismo de las matemáticas"), se temía que la promoción se frustrara. En una ciudad del primer mundo de la cultura, un recital con la Fleming sería un acontecimiento. Un mes antes de la fecha programada, ya sólo sería posible encontrar boletos en la reventa, y probablemente a precios prohibitivos. En Guadalajara, al margen de la versión oficial (más abstracta e incomprensible que la otrora clásica "por causas de fuerza mayor"), hubo otra, acaso más creíble: puesto que la preventa, insignificante, hacía vislumbrar la posibilidad de un fiasco tanto en lo artístico -un recital con miserable respuesta de público desmoraliza a cualquiera- como en lo económico, se optó por tomar "las de Villadiego"...

En Guadalajara, gente cuya cultura operística se circunscribe a saber que "la ópera se acaba cuando la gorda se muere", suponía que Renée Fleming formaba parte del elenco de "Los Soprano" porque en los pendones del Auditorio Telmex la anunciaban como "la mejor soprano del mundo".

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 24 de marzo de 2008).


A los tapatíos nos encanta quejarnos del calor, aunque sabemos que cada año en los meses de abril, mayo y junio va a hacer y mucho. Cada año decimos que nunca había hecho tanto calor casi como un reflejo plavloviano y, acto seguido, arranca una plática que comienza con el tema del calentamiento global y termina con la nostalgia de la ciudad que se nos fue.

¿Hace más calor ahora que antes? No. El calor es el mismo. Las temperaturas en estos meses pueden llegar a 38 grados a la sombra; este año se espera que lleguen a 36 (5% menos de la máxima). 2008 no será un año especialmente caliente. Pero no importa: sentimos más calor y nos quejamos más. Sentimos más calor porque ahora pasamos más tiempo expuestos a él. El recorrido de la escuela a la casa o del trabajo al lugar donde comemos es ahora más largo. Si antes de cualquier punto a otro de la ciudad (allá en los gloriosos setenta) no se hacían más de 15 minutos en auto o 30 en camión, hoy un recorrido promedio a mediodía es del doble. Sentimos más calor porque hay menos sombra en la cual resguardarnos y porque la mancha de concreto lo irradia más. Además de lo terrible que es sufrir el calor, el problema de las temperaturas de estos meses es la contaminación. A diferencia de la de invierno, que es una nata evidente, la estival es menos visible y más peligrosa. El ozono es veneno puro, pero por alguna extraña razón nos preocupa menos que el resto de los contaminantes. Lo que nos importa del calor es expulsarlo, para lo cual he aquí algunas recetas tapatías.

Un café expreso volcado en un vaso con hielos. Pocas cosas pueden ser más refrescantes y al mismo tiempo energizantes. Lo único que se le podría comparar es una coca chica tomada de un solo jalón. Mi recomendación es tomarse los dos, aunque cuando yo lo hacía el mesero del Café Azteca me miraba con cara de azoro como si fuera una droga prohibida. El efecto es espectacular y no está prohibido.

Un tejuino con nieve, de preferencia del mercado Centenario (el de la Capilla de Jesús) o de alguno de los de la familia del carrito naranja. El tejuino es un manjar de dioses, y algo saben de eso estos muchachos, pues en el cielo, dicen, hace un calor infernal.

Cuenta la leyenda que el pintor Benito Zamora recomendaba practicar la inmovilidad. Muchos animales, aunque no sean tapatíos, lo hacen. El riesgo es que 99% confundirá el ejercicio de la inmovilidad con la flojera, entre ellos su jefe o su pareja, y podría usted ser injustamente acusado de tirarla impunemente.

Diego Petersen Farah
(v.pág.3 del periódico Público del 4 de abril de 2008).


Jalisco, donde se hacen los hombres.

(V.pág.46 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 19 de abril de 2008).


Esta es una Ciudad, ¿quién lo duda?, destruida y reconstruida en función del automóvil. La aspiración máxima es tener un buen carro. La mínima, un "chocolate" [de contrabando]. No es casualidad que en una ciudad apenas clasemediera abunden tantos carros de lujo, pagados a plazos. O chocolatones, de reciente legalización. En un extremo, la ostentación, la búsqueda de estatus. En el otro, el afán de librarse de la pesadilla que es el transporte colectivo. En medio, una ciudad de vialidades cada vez más congestionadas e imposibles de atravesar por un peatón: ahí están cientos de atropellados cada año, como testimonio inobjetable: más muertes que las de Ciudad Juárez, y sin tanto despliegue en los medios...

Paco Navarrete
(v.pág.8 del periódico Mural del 24 de abril de 2008).


Caminando por las calles del centro, después de asistir a la marcha, tuve la curiosidad de preguntar a los cuerpos de Protección Civil de Guadalajara y Bomberos, si ellos tenían conocimiento del motivo de la acumulación de personas que protestaban, y cuál fue mi sorpresa... casi no lo pude creer, pero es que ¿acaso no tienen acceso a la información? Ninguna de estas personas, encargadas de cuidar a los ciudadanos, sabía de qué trataba la marcha. "Se trata de los del PRD", "Es por lo de la telenovela Las tontas no van al cielo". Ninguno de ellos tenía idea de la verdadera razón por la que los ciudadanos estaban reunidos.

El motivo de la marcha no fue hacer una separación de partidos, qué importa si se trata del PRI, PAN, o PRD. La manifestación del pueblo jalisciense fue en contra de un gobernador que no respeta ni el erario ni a sus gobernados. Al primero lo deja en manos de Dios, y a los segundos se dirige con palabras: "Chinguen a su madre, me vale madre". Quienes se encargan de mantener el orden y cuidado de los ciudadanos nunca se enteraron de nada en concreto. ¿Sigue siendo Guadalajara una ciudad apatía?

(V.pág.7 del periódico Público del 27 de abril de 2008).


Guadalajara está en la lista de espera para ser Capital Mundial del Libro en 2010; Beirut, la capital de Líbano, lo será en 2009. ¿Qué será lo que ofrecerá nuestra distinguida capital de Jalisco al mundo del libro, en caso de ganarle la candidatura a Lisboa (Portugal), Ljubljana (Eslovenia), Riga (Letonia), San Petersburgo (Rusia), Viena (Austria) y Wellington (Nueva Zelanda)? Por lo pronto, se puede presumir que se tiene a la Feria Internacional del Libro, la más importante en lengua española en todo el mundo; sí, suena apantallador, pero ¿se sabe qué índices de lectura arroja la llamada Perla Tapatía? ¿Se sabe que en nuestra ciudad -por no decir que prácticamente en todo el estado- las políticas públicas de promoción al libro y crecimiento de lectores brillan por su ineficacia y mala planeación cuando no por su ausencia? Para poner un ejemplo rapidísimo, que si lo supieran los de la UNESCO quién sabe si se arrepentirían de haber dado tal deferencia a Guadalajara para 2010: la Feria Municipal del Libro, que se llevará a cabo durante los primeros días de mayo, y que es la feria dedicada al libro más antigua del país, destinará la extraordinaria cantidad de ¡200,000 pesos! para poder llevarla a cabo, amén de una considerable reducción en las actividades que regularmente se ofrecían al público. Las autoridades municipales han señalado, por cierto, que sólo si se otorga el nombramiento de Capital Mundial del Libro estarán dispuestos a ofrecer mayores apoyos al fomento de la lectura. No, pos gracias por no ser tan convenencieros.

David "Negro" Guerrero
(v.pág.13-B del periódico El Informador del 30 de abril de 2008).


¡Órale, ándale, híjole, éjele, újule, quihúbole, école, épale, úchale y éijas!

Todas estas expresiones tienen múltiples significados y aplicaciones, según el contexto y el tono en que se usen, y aunque su uso es bastante común, no todas aparecen en el diccionario de la lengua española.

Veamos: ¡Órale! es una interjección que el diccionario dice que sirve para exhortar, pero la realidad es que tiene mas usos: en algunos casos se utiliza para quejarse de la imprudencia o tosquedad de una persona (órale, fíjate por donde andas); también sirve como señal de alarma, sorpresa o peligro, y en otros casos como señal de entendimiento, admiración o reconocimiento a lo que otro hace o es capaz de hacer (órale, qué bien esta eso). Curiosamente también funciona como saludo o despedida. Es una mexicana deformación de la interjección ¡oh!, utilizada para manifestar diversos estados de ánimo, asombro, pena o alegría, y cuando se pronuncia con la "o" más larga (oooórale) se convierte en la versión mexicana del wow! que utilizan los americanos.

¡Ándale! puede ser una orden o una exhortación para que alguien se apresure; un sinónimo de ¡apúrale o pícale!, y en otro tono, un reto, advertencia o amenaza de las graves consecuencias que podría tener una determinada acción (ándale: atrévete a hacerlo y verás lo que te pasa).

El ¡híjole! es la expresión de susto o miedo más popular y se utiliza con frecuencia cuando algo malo ocurre o nosotros provocamos. Esta expresión tiene otra versión más "light": el ¡áijole!.

¡Éjele! es la forma más clara de burlarse descaradamente, de la broma o del engaño.

El ¡újule!, aunque también sirve para la burla, es mucho más preciso cuando se le dice a quien, aparentando ser experto en algo, le salen mal las cosas y decepciona a todos.

¡Quiúbole! es el saludo por excelencia. Sin embargo, si se le cambia el tono y una letra (u por o) denota cierto extrañamiento reto o amenaza (¡quióbole, qué trais!)

El ¡école! es señal inequívoca de aceptación, aprobación, conformidad o permiso.

Un ¡épale! o un ¡éijas! sirven para reclamar los tropezones y atropellos corporales; una manera simpática de decir ¡fíjate!, ¡cuidado!, ¡aguas!

¡Úchale! tiene un significado difícil de explicar. Se utiliza cuando algo está saliendo mal, o cuando la ejecución de algo está resultando más difícil de lo esperado.

Es una especie de decepción profunda, una forma de decir ¡qué mala pata (suerte)!, "ni modo, a ver qué hacemos"; un reclamo más ligero que el ¡no manches (no mam...)!

Nótese (inútilmente) que todas estas expresiones son esdrújulas, incluyendo el mismo nótese, y que si bien muchas de ellas no forman parte oficial del idioma español, son parte real de nuestro mexicano modo de ser y de decir las cosas.

Por esto último y para no olvidar agravios nada más porque sí, coloquialmente al gobierno habrá que decirle: ¡újule! A las mentadas ¡éijas!, y a las exigencias y reclamos legítimos: ¡école!

"¡Híjole, en manos de quién estamos!"

Ricardo Elías, arquitecto y empresario
(v.pág.6 del periódico Mural del 8 de mayo de 2008).


La pitaya es un producto estacional de varias regiones del país, pero orgullo como pocos del sur de Jalisco, por varias razones pero una muy poderosa: escasos orgullos tiene esa tierra tan castigada, aparte de los más grandes escritores, pintores y compositores mexicanos del siglo pasado, verdá de Dios. Así que en la paradójica pitaya -es explosión de colores, pero sutileza en el sabor y de delicado trato- bien podemos encontrar algo de la esencia del "otro" jalisciense: no el criollo soberbio, inflado como pavo real, retratado en el charro cantor del cine nacional -supuestamente alteño, por más señas-, sino el lacónico indio de calzón de manta y sombrero colimote, de frases secas como la cuaresma, filosas como cuchillo de Sayula. La pitaya es además, el fruto más sabroso de toditita la República Mexicana, si no es que del mundo entero. Ajúa.

Las lluvias aquí son un espectáculo tan hermoso, sobrecogedor -y a últimas fechas catastrófico- que en verdad no permiten otra cosa que sentarse en un equipal a admirarlas, con un tequilita en la mano... o salir a desafiarlas, con el Jesús en la boca.

Paco Navarrete
(v.pág.8 del periódico Mural del 8 de mayo de 2008).


Aquí en el terruño estamos acostumbrados a ver y escuchar sandeces todo el tiempo. Que las ciclovías se hacen sobre la banqueta; que el dinero no es para el santuario sino para el turismo; que los camiones no son negocio; que los consejeros electorales no están arreglados sino que fueron electos democráticamente; que mató al perro porque era muy bravo.

Myriam Vidriales
(v.pág.22 del periódico Público del 30 de mayo de 2008).


Cada año aseguramos que el calor es más intenso en Guadalajara.

No es que "la calor" -como dicen por ahí- se haga más intensa. Se trata de un asunto de reniego, inconformidad e incluso identidad generalizada propia de los que vivimos en esta bonita ciudad. ¿Qué sería de nosotros si no nos quejáramos de todo aquello que nos resulta incómodo? Desde los asuntos políticos hasta aquellos que son inherentes a la mano del hombre. Las quejas son el tema predilecto del buen tapatío que se jacta de serlo: que si las macrolimosnas, que si el tráfico, que si los sueldos de risa.

No son pocas las injurias que se escuchan en boca de los jalisquillos a causa del calor, hacia el clima y hacia quien inocente -y frescamente- pregunta "¿qué te sucede?". La temporada tiene la "virtud" de exaltar los ánimos y transformar a los habitantes de esta bonita ciudad en seres extraños que cambian sus hábitos diurnos en nocturnos.

Para darse cuenta de ello, sólo hay que echar un vistazo medianochero a las calles. Sobran quienes busquen en el contexto de la casi madrugada aquello que el día no puede ofrecer: viento fresco y ausencia de multitudes que sólo agravan la situación.

Esto tiene su explicación. La primavera también es un obstáculo para que se desenvuelva plenamente la voluntad somnífera de los que se disponen a pasar una digna jornada en brazos de Morfeo -salvo los casos de los que duermen con ventilador en sus respectivas habitaciones o los que tienen sueño tan pesado que, aún con una banda de pueblo tocándoles a un lado, no despiertan-.

Nucas, cuellos, sábanas, colchones y almohadas empapadas de sudor. Las imposibilidades para pegar el ojo durante las noches primaverales tapatías radican básicamente en una humedad corporal que brota de los sitios más recónditos de la anatomía humana. Y esto, en lugar de agradecerse o disfrutarse, da como resultado a monitos malhumorados.

Oprobio
(v.pág.3 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 7 de junio de 2008).


13 de junio de 2008.


El director del Instituto Astronómico y Meteorológico de la Universidad de Guadalajara, Angel Meulenert, sostiene que una tromba, en su tierra, es una "columna de agua que se levanta en el mar por efecto de un remolino". (A estas horas ya le habrán aclarado que la Real Academia aplica el mismo vocablo a un "chubasco intenso, repentino y muy violento"; es decir, a las lluvias "al estilo Jalisco").

El caso es que las primeras lluvias de la temporada ya dañaron severamente a la infraestructura urbana de la zona metropolitana de Guadalajara, y fastidiaron a un alto porcentaje de sus resignados pobladores... Estos, en consecuencia, han recordado lo que antaño sucedió con el "Palacio Federal", la "Torre Educación" y otras obras públicas perpetradas al "'ai se va"... y llegado a la conclusión de que el tapatío medio vive sentado sobre un barril de pólvora.

(Bien decía el adagio que "en Jalisco puros machos").

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 18 de junio de 2008).


Guadalajara, ¿lectora?

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) recomienda un promedio mínimo de lectura de 4 libros por habitante al año. Lo óptimo, indica el organismo internacional, son 24 volúmenes.

(Fuente: Encuesta Nacional de Lectura 2006 del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura).

(V.pág.45 del periódico Público del 20 de junio de 2008).


Desde los tacos de frijoles hasta los colectores bajo los túneles vehiculares (el de las avenidas López Mateos y Las Rosas, por ejemplo) pasando por los cíclicos remiendos a los pavimentos y la construcción de edificios públicos, etc; hay 2 maneras de hacer las cosas: bien y -da pena tener que decirlo-... "al estilo Jalisco".

Si los acueductos romanos de los que aún se conservan vestigios monumentales como homenaje a la calidad de las construcciones -y, por supuesto, a la inventiva de los constructores- funcionaron a la perfección durante siglos; si alardes de la ingeniería como los canales de Suez y Panamá han operado de manera impecable durante muchos años; si los túneles ferroviarios en las entrañas de los Alpes o- sin ir más lejos- en la Sierra de Chihuahua, han sabido combinar la utilidad de reducir las distancias con el deleite de permitir a los humanos la contemplación de paisajes que antaño eran privilegio exclusivo de las aves y los animales silvestres; si fue posible construir y poner a funcionar un túnel vehicular bajo en canal de La Mancha (por no hablar de los transplantes de órganos y las operaciones de microcirugía, hoy en día absolutamente cotidianos), ¿qué podría tener de extraordinario, sensacional, audaz, temerario, increíble o inaudito el que, si había dinero para absorber la diferencia en el costo, el Gobierno del Estado accediera a construir un túnel (como hay tantos en el mundo, por lo demás) donde los vecinos rechazaron, por considerarla antiestética (muy a su gusto...) y lesiva para su patrimonio (muy a su derecho...), idea inicial de construir un puente?

Precisamente porque las cosas pueden hacerse bien o con las patas, hubo voces- un oficio del Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado, entre las más autorizadas-, en su momento, que lo advirtieron: resultaba "imprescindible aplicar un refuerzo eficaz y de calidad para garantizar que en el futuro inmediato (no) se presenta una falla de graves consecuencias en el interior del túnel" ("Público", VI-30-08).

Menos mal, para los negligentes e ineptos, que también para hacer peritajes, deslindar responsabilidades y penalizar impericias, hay 2 maneras: bien y- como lo dijo el ranchero... "la que dijimos endenantes".

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 1o.de julio de 2008).


En Guadalajara ya vivimos característicamente en una sociedad de alto riesgo; nuestro desarrollo urbano e industrial actual ha creado nuevas formas de riesgo e impone una peligrosidad distinta a la acostumbrada hace poco. Nos encaminamos hacia una nueva modernidad en la que el eje que estructura nuestra ciudad no es ya la distribución de sus bienes, sino de sus males.

No es ya el aprovechamiento de nuestras riquezas, sino la minimización del riesgo y la inseguridad lo que activa hoy a la gente.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Eciometrópolis, A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 1o.de julio de 2008).


Los empresarios tapatíos se caracterizan por ser "todólogos" y carecer de paciencia, 90% de las empresas no sebreviven al segundo año.

(V.pág.11-A del periódico El Informador del 28 de julio de 2008).


En esta semana me desplacé por carretera hacia San Luis Potosí, para asistir a la ceremonia de inauguración de la más reciente fábrica de automóviles de General Motors en México. Como habitante de Guadalajara y "jalisquillo" adoptado y convencido, fue muy difícil no sentirme algo mal al ver que una inversión fuerte como esa, de mil millones de dólares en 14 meses, estaba puesta en otro estado. Lo más duro de todo, fue percibir, simplemente por mirar alrededor, que San Luis Potosí, como casi todo el Bajío mexicano, ofrece condiciones mucho mejores para las inversiones de toda clase, aún más las de esa importancia. Nosotros, desgraciadamente, parece que no tenemos más remedio que resignarnos.

Es merecida la elección de San Luis Potosí como sede de la nueva fábrica de GM en México. El ingreso por carretera desde la Ciudad de México o desde el norte del país, se hace por una espectacular malla vial de 12 carriles, sin un solo semáforo en sus 6 carriles centrales, que llevan el flujo de vehículos hacia el centro, la zona hotelera y la zona industrial, entre otras. Ahí, hay también ferrovías que unen a la ciudad con el sur y el norte del país. Su aeropuerto cobra cada vez más importancia y pasa por una remodelación que estará concluida en 2012. En pocas palabras, van por el camino correcto.

Desafortunadamente, en Jalisco ya ni siquiera figuramos entre las opciones para la industria automotriz. Hoy, que se habla de inversiones futuras de Toyota y Volkswagen, por ejemplo, los estados mencionados como posibles sedes de sus nuevas fábricas son San Luis Potosó, Aguascalientes, Guanajuato, Hidalgo, Nuevo León y, para variar, el Estado de México.

Como sede de Honda de México, Jalisco ya cuenta con una cierta estructura que podría facilitar en mucho la entrada de otras armadoras automotrices, que aprovecharían el parque de proveedores local y lo ampliarían con su arribo.

Sin embargo, el problema es la infraestructura. Las carreteras de Jalisco y las calles de la zona metropolitana de Guadalajara están en un estado similar, es decir, muy malo. La "autopista" entre Guadalajara y Lagos de Moreno está siempre en reparaciones y logra aun así el milagro de nunca estar en perfectas condiciones. Le echan la culpa a las lluvias, pero si se construyera con calidad, ese problema sería infinitamente menor. Aquí ni de lejos llueve como en Europa y Japón, donde las carreteras están siempre en buen estado. Incluso las federales, mucho más las de cuota.

En Lagos de Moreno, las obras de la autopista que uniría esa ciudad -mejor dicho, todo el estado- al centro del país, lo que facilitaría mucho la producción, están abandonadas. Hay un paso a desnivel ya construido, al que le falta sólo poner concreto en sus carriles centrales. Pero el lodo ya lo invadió y la maleza crece a cada día. No tenemos vías de ferrocarril que nos unan eficazmente al corredor que es el centro de la república y algunas empresas tienen que mandar su mercancía en camiones hacia el tren en -ya lo adivinaron- San Luis Potosí, para que desde ahí vaya a Estados Unidos o Canadá.

Nuestro mayor parque industrial, en El Salto, apenas tiene una carretera de doble carril que, para variar, está en mal estado. Además, para llegar y salir de ahí, tienen que enfrentarse al cuello de botella que es la carretera a Chapala, la única vía de acceso al aeropuerto. Incontables negocios se han perdido porque alguien o algún producto, no pudo llegar a tiempo a la terminal aérea por causa de un accidente o manifestación en esa vital arteria. Ni qué decir de los más que rebasados corredores urbanos como el Periférico, Lázaro Cárdenas, López Mateos, Javier Mina-Juárez-Vallarta o la Calzada Independencia. Si a eso sumamos los baches, la violencia, la contaminación y otros, no es difícil ver por qué estamos excluidos de los grandes planes de inversión de la industria automotriz.

Es, pues, una pena ver que la súplica que hizo el autor Ernesto M.Cortázar en su más célebre canción "Ay Jalisco, no te rajes", no está siendo escuchada por algunos jaliscienses. Jalisco, a juzgar por sus fundamentales vías de comunicación -qué triste- parece que sí se está rajando, apartándose del resto del país, para aislarse en el ostracismo.

Sergio Oliveira
(v.pág.2-E del periódico El Informador del 2 de agosto de 2008).


Por lo que se refiere a la infraestructura de transporte que requiere la zona metropolitana de Guadalajara, basta con recordar que cuando la Ciudad de México contaba con una población como la que hoy hay aquí, ya estaban en marcha las obras del Metro, mientras aquí a lo más que se aspira es a contar con unas cuantas avenidas con autobuses articulados, que difícilmente representan una solución integral y profunda al taponamiento que un día sí y otro también padecen los tapatíos.

Editorial
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 13 de agosto de 2008).


Quiso ser un segundo himno regional de Guadalajara; quedó en pieza de museo. Se pretendió que fuese la réplica tapatía a las coplas de Guadalupe Trigo ("Mi ciudad es chinampa en un lago escondido...") dedicadas al Distrito Federal; de la buena intención no pasó. Convencieron a Marco Antonio Muñiz de que la suya era la voz perfecta para entonar aquellos versos; lo hicieron creer que su personalísima versión se volvería, al paso de los años, tan clásica como "Las Mañanitas" con Pedro Infante, o tan universal como el "Nessun Dorma" con Luciano Pavarotti. Y no...

La canción de marras comenzaba con una pregunta que más bien parecía reconvención por una obviedad mayúscula: "¿Que por qué soy feliz en ti, Guadalajara?"...

Por supuesto, la respuesta enlistaba todas las bondades que el Supremo Hacedor, dentro de su sabiduría infinita, decidió concentrar, precisamente, en la popularmente llamada "Perla de Occidente" e internacionalmente afamada "Atenas de las Américas": las bondades de su clima, la inconmensurable belleza de sus mujeres, la hermosura de sus fuentes, la calidad de sus equipos de futbol, el talento y la honradez de sus gobernantes, etc., etc.

Hubiera sido la canción perfecta para paladearla, a bordo del automóvil, con el motor apagado, a la mitad del camino entre la casa y el trabajo -o la escuela-, después de calibrar, con la paciencia de Job, las gigantescas dimensiones y los alcances del mega-colapso vial de la mañana de ayer, en las muchas "vialidades" que se convirtieron, virtualmente, en estacionamientos de automóviles durante cuatro horas.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 10 de septiembre de 2008).


Ahora que estuve en Guadalajara, entendí como nunca el carácter y la personalidad de los tapatíos: hombres y mujeres -ellas, guapas como siempre- que viven con austeridad, pero que saben disfrutar de las cosas sencillas de la vida...

Martín Casillas de Alba
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 23 de septiembre de 2008).


Cosas que han cambiado y que desorientan sobremanera son los nombres de las calles: antes Las Torres, ahora Lázaro Cárdenas; antes Tepic, ahora Luis Pérez Verdía; antes Tolsa, ahora Enrique Díaz de León; antes Bosque, ahora Zuno; antes Del Sur, ahora Efraín González Luna. ¿Por qué el empeño en hacernos bolas? ¿Por qué no conservar la tradición, qué necesidad de enaltecer nombres que pocos reconocen?

Otro ejemplo: antes, en el cruce de López Mateos y Niños Héroes-Guadalupe estaba la glorieta de las jícamas (cabe aclarar, para los no iniciados, que no era porque vendieran fruta en ese sitio preciso, sino por la forma geométrica de las fuentes, que asemejaba la manera tan peculiar en que se cortaba la jícama, para que el limón no resbalara y permaneciera dentro de la fruta). En fin, ahora se la conoce como la glorieta de los caballos, por la escultura que ahí se ha colocado y que sirve como escaparate fotográfico para muchos recién casados y quinceañeras.

Laura Zohn
(v.pág.18 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 27 de septiembre de 2008).


La ciudad ha crecido de manera exponencial en las últimas décadas. Recordemos que el tapatío un millón llegó con la década de los 70s, más de 400 años después de que doña Bety Hernández cantara aquella de "El rey es mi gallo". Y apenas 3 décadas después ya habíamos triplicado esa cifra. Así que no es sólo la combinación del mediocre desempeño de nuestros futbolistas, la soporífera televisión local y los llamados de la cofradía de la vela gorda por evitar el uso de anticonceptivos lo que ha logrado que nos multipliquemos como chiquilllos en primera comunión, esperando el bolo. Es también por la dichosa inmigración.

Como buen punto comercial, esta ciudad siempre ha sido un imán de población.

Paco Navarrete
(v.pág.8 del periódico Mural del 2 de octubre de 2008).


Ser tapatío de cualquier edad nos obliga a hablar en tapatío, por lo que los nacidos en Guadalajara ocupamos ir a la tienda a comprar virote, tenemos que alzar la ropa en los cajones. Podemos poner cualquier cantidad de pretextos, pero algo que me queda muy claro es que tenemos que manejar más despacio porque si le damos muy recio podemos machucar a alguien...

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 4 de octubre de 2008).


Guadalajara es una ciudad huraña y desconfiada. Lo dicen los mercadólogos, quienes deben pasar la prueba tapatía para decidir si gastan o no enormes cantidades de dinero en el resto del país para la introducción al mercado de cualquier producto.

Martín Almádez
(v.pág.16-B del periódico El Informador del 6 de octubre de 2008).


"Limpiar Guadalajara"... ¿Dónde hemos oído eso?

Se lo han propuesto, en recientes administraciones municipales, varios alcaldes. Uno de ellos, que luego sería gobernador del estado (Francisco Ramírez Acuña), salió una mañana, escoba en ristre y escoltado por una nube de reporteros y fotógrafos, a barrer alguna de las plazas públicas del centro. Otro (Fernando Garza Martínez) mandó colgar de los arbotantes del primer cuadro unos pendones gigantescos, con el rostro patibulario de un cómico, una leyenda ("Atínale") y un slogan: "En Guadalajara, la limpieza va en serio". (Pocos entendieron se trataba de un chiste)... Con la anuencia expresa de los ciudadanos, ordenó detectar, detener y multar a quienes tiraran basura en la vía pública. El dispositivo hizo famoso, por unos días, a un ciudadano que debió pagar mil pesos de multa por arrojar una colilla de cigarrillo al piso, frente a Catedral. Después, como ha sucedido con tantas "acciones" que quedan en la consabida llamarada de petate, la campaña sólo sirvió para dar la razón a quienes aseveran que "No hay entusiasmo tapatío que dure 72 horas".

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 15 de octubre de 2008).


Pues resulta, señor, una de tres: o el respetable y culto público tapatío reprobó el examen al que se le pretendió someter el pasado fin de semana, en la primera edición del "Festival de la Cerveza"; o el festival en cuestión fue estropeado por saboteadores profesionales, contratados por enemigos embozados, envidiosos del prestigio internacional de Guadalajara (y anexas)..., o alguna bruja convocó a los espíritus chocarreros para reeditar, en estas tierras dizque de Dios y de María Santísima, el proverbial "Rosario de Amozoc".

Los testigos del "Festival de la Cerveza" dan dos versiones. Unos aseveran que la promoción, a pesar de que no fue muy publicitada, convocó a demasiados rufianes, incapaces de entender que se trataba de un ejercicio cultural. Otros dicen que el evento fue víctima de su propio éxito. En todo caso, fue necesario cancelarlo abruptamente, porque la multitud sedienta se salió de control.

La nota, casualmente, coincide con otras en que se refiere que la flamante sección de sanitarios en las Fiestas de Octubre fue vandalizada ("grafitti", saqueo, destrozos por parte de las turbas...), y que otro tanto sucede ya en los cementerios (robo de flores, floreros, cristos... y hasta osamentas), según el inventario previo a las celebraciones del inminente Día de Muertos.

Colofón: ¿Y todas estas cosas suceden en la que se preciaba de ser, por encima de cuantas aspiraran a ese título, "Ciudad amable"...?

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 28 de octubre de 2008).


Si uno pone un poco de atención, descubrirá que cotidianamente nos hacen preguntas que sólo por ser tapatíos podemos responder.

"¿Ya llegaste?", es una pregunta que muchas veces nos han hecho cuando arribamos a algún lugar; si uno lo piensa, no tiene lógica, porque si nos están viendo llegar, ¿qué caso tiene preguntar?... "¿A ver cuándo nos vemos?", típica frase tapatía cuya respuesta lógica sería afirmar que nos estamos viendo en ese preciso momento, sin embargo uno contesta: "El día que quieras", para al final, como parte del ritual, no quedar absolutamente en nada o simplemente decir: "Bueno, mañana nos hablamos" -algo que por supuesto ambos sabemos que no va a suceder, pero parece ser una respuesta muy educada-. También es bastante común que nos pregunten "¿No te has ido?". Uno podría contestar: "Si me estás viendo aquí es obvio que no me he ido", pero esa respuesta sería considerada una falta de delicadeza y el argot tapatío es de una cortesía extrema, de hecho, además de pedir todas las cosas "por favor", hay una necesidad de pedirlas en diminutivo. Parece ser más cortés pedir que nos pasen una tortillita, el salerito o un vasito de agua fresca a la hora de la comida, que simplemente una tortilla, la sal o un vaso con agua, que también es común pedir como un "vaso de agua"... No importa, tengan la seguridad de que el mesero nos lo va a servir de "todas maneras".

"Sa qué mo tiene la ñora", me dijo un taxista el otro día. Tapatío de hueso colorado que soy, entendí que me quería decir "sabe qué modo tiene la señora", que sigue siendo igual de indescifrable pero perfectamente entendible si hemos vivido lo suficiente en "Guadalarranch".

Ya se nos "acabó el veinte", lo que significa que no nos queda más espacio.

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 8 de noviembre de 2008).


Hablábamos de lo difícil que puede resultar para aquellos procedentes de "extranjia" -es decir, los extranjeros- poderse comunicar con nosotros los tapatíos, que aunque en teoría hablamos castellano, a ellos les resulta bastante complicado comprender algunas de nuestras acepciones, a pesar de que la mayoría de las palabras que utilizamos las pueden encontrar fácilmente en el diccionario.

"Andele pues" expresado después de hacer una reverente genuflexión, es una manera por demás educada de aceptar una propuesta; "está bien papita", es bastante común para referirnos a algo que tiene un grado de dificultad por demás elemental. Además somos tan entusiastas que de repente no nos asustan los calificativos, por ello, algo puede resultar "mucho muy" agradable o también nos puede dar "bien mucho" calor... Hacer una cita puede resultar más complicado de lo que imaginan, porque podemos quedar de vernos "entre ocho y ocho y media" o "pasaditas las diez", que en términos generales, puede ser cualquier hora después de las diez... Sin embargo es una hora en la que todo tapatío puede agendar un evento sin problema. "Nos echamos un grito" la semana entrante, también es bastante usual para ponernos en contacto con cualquier conciudadano la próxima semana. "¿Qué horas traes?" o "¿Qué horas tienes?", como si cada quien trajera o tuviera una hora distinta en su reloj...

Ayer llamé por teléfono a una empresa que tiene adeudos conmigo, me contestan "¿Bueno?". Pregunto por el ingeniero, el ingeniero "no se encuentra" me responden -se habrá perdido y no se encuentra a sí mismo, me quedé pensando...-. "Salió fuera", escupe la secretaria al teléfono para explicarme la ausencia del profesionista de su oficina, además me informa que mi cheque "no salió esta semana"... ¿Cómo explicarles a estas damicelas que no hay posibilidades de "salir dentro" y que los cheques no "salen", alguien simple y sencillamente debe firmarlos y entonces uno puede pasar a recogerlos? Sin embargo, estas respuestas nos dejan bastante tranquilos, por lo tanto, la siguiente semana llamaré nuevamente, sólo que esta vez diré amablemente: "Señorita, le hablo para preguntarle si ya 'salió' mi cheque".

"Es como todo", una respuesta que recibimos con frecuencia después de hacer todo un discurso sobre política, religión o deportes; si uno lo piensa detenidamente, se pregunta ¿cómo como todo? Es decir, ¿es como la física nuclear o como el birote de la Central? Sin embargo es una magnífica respuesta que a "todo el mundo" deja satisfecho, es decir: a los chinos, a los rusos y, hasta donde tengo noticia, a los vietnamitas también.

Si nacimos en esta noble y leal ciudad, no importa que nos enfrentemos a las preguntas o respuestas más extrañas, siempre estaremos en calidad de entender lo que nos qieren decir.

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 15 de noviembre de 2008).


Que si los tapatíos son cómplices de una doble moral y que los chilangos son unos gandallas colmilludos, son tan sólo meras especulaciones a las que llegó el "chilanquillo" en Un Chilango en Jalisco. Cualquier parecido con la realidad, será mera coincidencia.

Sin ánimo de ofender a la "realeza jalisciense", Alberto Martínez Vara evidencia en ese primer texto suyo, publicado por Almuzara, con mucho humor las incongruencias en las que se va tejiendo día a día la realidad contemporánea de este lugar, vistas desde la mirada de un tapatío que ha vivido en el DF, y que desde hace 20 reside en Guadalajara.

"Cuando yo me vine a vivir a Guadalajara, hace 20 años, era una ciudad hermosísima para vivir, verde, limpia, la gente amable, sin agresividad, sin tanta contaminación y en un de repente la ciudad se ha transformado en otro DF chiquito", dijo el escritor, mientras degustaba una tortita ahogada en un puesto entre las calles Venezuela y Lázaro Cárdenas.

Este libro que habla sobre la identidad no es un estudio antropológico, pero sí un registro de situaciones que regularmente pasan por alto ante los ojos de los ciudadanos, principalmente los de quienes integran las cúpulas empresariales, gubernamentales y eclesiásticas.

"Es un reclamo a todos los que tienen que ver con esto, las autoridades, las cúpulas que han permitido que Guadalajara se haya contaminado así, y no hablo sólo de la contaminación de gases, sino de contaminación moral, de corrupción, de mafias. Hemos importado del Distrito Federal todas las malas mañas y permitido que se queden aquí", dijo.

"Siempre en tono humorístico, hablo de la doble moral de los tapatíos, del yugo católico que es impresionante aquí, de los corruptos líderes sindicales, de lo fatuos que se vuelven las personas que llegan al gobierno, los que lideran la iniciativa privada, y cambian por falta de seguridad. Abordo el odio hacia los gringos, hacia los extranjeros y hacia los chilangos, que son puros complejos, el libro quiere reflejar eso para ver si entre todos reflexionamos lo que nos está pasando".

(V.pág.7 de la sección "gente!" del periódico Mural del 20 de noviembre de 2008).


Vivir más de 40 años en una misma ciudad nos permite entender cuando una calle "sube" o "baja" a pesar de que la susodicha carezca de desnivel.

En algún momento el río de San Juan de Dios era el punto más bajo de la incipiente ciudad, por ello, ir hacia el río significaba bajar; ir en sentido inverso significaba subir, es así de simple.

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 22 de noviembre de 2008).


12 de diciembre de 2008.

Este 25 de diciembre, Guadalajara amaneció en algunas zonas de los sectores Reforma y Libertad con 100 imecas o más de contaminación, cortesía de sus propios habitantes. "Sí hubo bastantes fogatas, la verdad es que no nos dimos abasto ni nosotros ni [los] bomberos para extinguirlas todas", declaró Martín Maldonado, supervisor operativo de la Policía de Guadalajara.

Como se anunció, desde la noche del 24 las unidades pick up de la policía tapatía colaboraron con Bomberos y Protección Civil en la detección y sofocamiento de fogatas, pero aún con las advertencias sobre no encenderlas y el esfuerzo oficial, los ciudadanos se salieron con la suya: "Aquí es también falta de conciencia de las personas, la verdad es imposible cuidar a cada una de las casas".

En cuanto a los choques, dijo que hubo muchos, la mayoría causados por conductores en estado de ebriedad. "Afortunadamente no tenemos ningún reporte de herido por una bala perdida", indicó Martín Maldonado, aunque reconoció que sí hubo muchos reportes, pero la mayoría falsos, pues se trataba de detonaciones de juegos pirotécnicos.

(V.pág.7 del periódico Público del 26 de diciembre de 2008).


Comer y morir en Guanatos

En la búsqueda de nuevos horizontes culinarios, Guadalajara puede dar sorpresas. Pero no sólo me refiero a la birria y al tequila, sino a múltiples y notables platillos que permanecen inéditos fuera de tales fronteras.

Encima, también puede cambiar la percepción de sobria resignación y deleite ante los infortunios de la vida, pues en Guadalajara, como en el Guanajuato de José Alfredo, la vida no vale nada, pero de otros modos a los esperados.

Si uno pasa el tiempo suficiente ante las noticias locales, no tardará en ver suicidas ahorcados; no siempre se saben las causas. Y no sólo pueden ser debido a las declaraciones del precioso góber limosnero (dícese de quien gusta de dar limosnas) y a sus "indoloras" mentadas de madre. Todos los residentes de Guadalajara con los que hablé, me dieron nota de los camioneros asesinos, también llamados matabucerdos, a los que se teme por su costumbre de rematar a los heridos atropellados por ellos, que al fin que "vale menos un muertito que un tullido". Quizá los ahorcados de la tele son choferes con conciencia social. Quizá los ahorcados son usuarios del Museo Regional de Guadalajara, frente a la Rotonda de los Jalisciences Ilustres, que se cansaron de esperar a que abrieran la librería del museo.

Por hambre, seguro no habrá quien se ahorque. Las famosas tortas ahogadas, hechas con birote (bolillos de mayor consistencia, para aguantar el remojo en salsa de tomate) y la birria abundan por todo Guadalajara, pero no son lo mejor para el turista comilón. Bastan los alrededores de Guadalajara para comer como pelón de hospicio.

En Zapopan, al lado del mercado del centro, dan un menudo (panza) blanca que podría competir con cualquier platillo de alta cocina, nomás con unas mosquitas y un poco de cebolla. Hasta lo venden en combo, con chesco y jericalla. Ver para creer: en Zapopan, toda la lengua de res es importada, quesque porque así sale más barata.

En Tequila, propiedad de las tequileras de exportación, hay unos preparados de atole de maza, con piloncillo, hielo, limón y sal de grano: el tejuino. Uno de esos basta para aplacar al más urgido. ¿Insuficiente? Pues échese un agua de ovo (así se llama, no crean que estoy haciendo un homenaje a Chaf y Kely), hecha con frutas de ovo (una suerte de ciruela amarilla). También las preparan en raspado. En casi cualquier restorán puede conseguirse chicharrón de pescado: pedazos de pescado bien fritos, con todo y piel, que saben mejor que esos feos chicharrones de puerco llenos de harto colesterol del malo y feo que a todos espanta.

En Chapala venden caviar mexicano (hueva de pescado) que suele prepararse con algunas hierbas finas (todo sacado del lago de Chapala) para darle un delicioso toque radiactivo. En El Guayabo Sabroso, propiedad de El Guayabo, cuya foto aparece a la entrada del restorán, 1939-2005, y un epígrafe "Sácate las manos chacho" (haga sus conclusiones sobre lo que se estaba agarrando el mentado guayabo), los molcajetes de mariscos son buenos, buenos. Si Chapala le parece que ha dejado de ser lo in para los guadalajareños con dinero, se puede pasar a Ajijic. Nomás en la carretera hay restoranes que van de la comida europea, especializada en comida alemana, china, italiana, hasta las mixturas de su preferencia. Y es que la población flotante extranjera es mucha. Casi todos los servicios inmobiliarios se ofertan en inglés y español.

Hasta cines hay en Ajijic. En Tlaquepaque, famoso por la birria y el tequila, hay otras cositas para degustar. No sólo se ha gastado en infraestructura para hacer agradable el lugar a la bola de gringos que van a ponerse briagos como placa de trailero (hasta atrás y hecho un asco), sino que entre las muchas artesanías made in China que ahí se venden, se ofrecen unas deliciosas guasanas (garbanzos verdes en su cáscara) que se venden con limón, chile y sal. Deliciosas y sanas horas de diversión pelando las cáscaras que dejan los dedos del comensal bien verdes (Hulk, los que vamos a comer te saludamos).

Además, como en casi todo el Estado, las nieves de garrafa son notables. Si después de eso insiste en comer birria en el Parián, pues allá usted y su mala cabeza.

Si el recorrido no lo ha dejado satisfecho y tiene estómago para seguir comiendo y aguantar a los choferes de camiones y vehículos en general que avientan la lámina como hijos putativos de ex presichente, éntrele a las comilonas guadalajareñas.

En enero me tocó la muestra internacional de cine en la Universidad de Guadalajara, atrás del siempre notable templo expiatorio (iglesia gótica con vitrales y toda la cosa, casi como estar en Estrasburgo o Colonia). Eso sirvió para ir a hacer la digestión de los productos de croissants Alfredo, ubicados al ladito de la iglesia (la tienda tiene más de 70 años, según la vendedora que tenía tipo de haber nacido y casi muerto en la tiendita), y donde venden unos inauditos cuernitos rellenos de cajeta, o chocolate, o mermeladas que bien valen el coma diabético al que uno se expone por andar de tragón con esas viandas salidas del cielo inventado por Rabelais en Gargantúa y Pantagruel. Bueno, por otro lado, uno puede entrarle a la carne en su jugo en los muchos restoranes especializados en los cárnicos y sus derivados. Como normalmente esos platazos los sirven con frijoles revueltos con granos de elote, ya se puede suponer que está haciendo una comida balanceada (en triglicéridos, colesterol y amibas, es verdad) pero que en apariencia no engorda mucho.

Sobran las opciones para ejercitar la mandíbula en Guadalajara. Desde iniciar el día con unos chilaquiles o con unas enchiladas. Si no teme pagar cuentas insultantemente caras por unos pedazos de tortilla y pollo o carne, se puede lanzar al restorán Los Chilaquiles, en la calle de Lázaro Cárdenas. Los dan desde "poco picosos" hasta "sólo para políticos", preparados con salsa de chiles habaneros y pólvora usada de narco. Una delicia para los que gustan de sudar a tempranas horas, sin temer los sudores nocturnos de la digestión. En todo caso, puede recurrir a cualquier área pública para comer salchitacos (salchichas envueltas en tortillas fritas quesque parecen tacos) o salchipulpos (esas mismas salchichas quesque parecen pulpos por los cortes tipo falda que les ponen) con una pasta de chile rojo, que también es muy recomendable para provocar úlceras o gastritis al yerno de su preferencia. Y tenga cuidado con las tostadas o quesadillas que pida en cualquier cenaduría o puercoboutique local: siempre les ponen caldo de tomate y harta col o lechuga (algunas las lavan con el agua estancada por las inundaciones homicidas que se dan cada año en la temporada de lluvias en la ciudad: ahí sería mejor poner el dinero de las limosnas en construir el drenaje profundo).

Y todo eso es para empezar el viaje, sin haber comido una sola birria ni haberse echado un solo alipús de tequila. Quizá algunos colgados de Guadalajara mueren de indigestión, cómo saberlo.

El Juez Borgues
(v.pág.39 del periódico Público del 25 de enero de 2009).


30 de enero de 2009.


Inicio del Gran Diccionario Tapatío

Alza tu piezaOrdena tu habitación
¡Arrebáselo, apá!¡Pase a ese auto, padre!
CarcanchaCarro destartalado
FajoCinturón
Ira, qué le hace...Mira, no importa
Me trais el vuelto, mijoMe regresas el dinero que te sobre, hijo
No lo hagas desatinarNo lo molestes
No me ajustaNo me es suficiente
OcupoNecesito
Papi, ¿me canchas?Papá, ¿me llevas de caballito?
Tienes un regueroTienes un desorden

Basado en el publicado por Mac
(v.pág.40 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 17 de enero de 2009).


Guadalajara es una de las ciudades del país con menor índice de lectura, pese a ser la sede de la Feria Internacional del Libro. Las estadísticas hablan de poco más de un libro al año por tapatío.

Ana Guerrero Santos
(v.pág.3 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 14 de febrero de 2009).


Las principales virtudes del tapatío al volante.

Manejando por la ciudad - Primera lección.

Mac
(v.pág.40 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 14 de febrero de 2009).
El cumpleaños de nuestra ciudad da motivo para numerosos recuentos históricos y celebraciones populares, pero también para que la memoria de algunos tapatíos que la han conocido en diversas edades reviva gozosas andanzas, anécdotas o vivencias relacionadas con sus calles y sus personajes, mismas que hoy comparten en este espacio.

Aunque cualquiera podría pensar que la remembranza es cosa de "viejitos", las palabras de tapatíos de todas las edades nos permiten advertir que el espacio del recuerdo es tan vasto y atemporal, que la recuperación de momentos y vivencias, así como las emociones que ésta desata no tiene edad y que, en este caso, todos refieren a una ciudad en la que han crecido y han visto cambiar a pasos precipitados. "Lo que un día fue no será", reza el estribillo de una popular canción entonada por José José, pero sirve también para enunciar lo que, en diversas épocas, no tan lejanas, los moradores de la Perla rememoran como algo que el progreso urbano dejó atrás.

"Si un recuerdo imborrable tengo de mi ciudad, es la etapa de infancia que viví por la calle Juan Manuel, en una casa en la que hoy se podrían construir cuatro departamentos del tamaño del que vivo. Como si pasara por mi mente una película, rescato las tardes en que mi mamá nos llevaba, a mi hermano y a mí, a jugar a donde los del rumbo conocíamos como la Buzeta, que hoy es la plaza de la República y el viejo obelisco quedó aislado en una pequeña glorieta, en donde confluyen la avenida México y la calle Pedro Buzeta. Había ahí bancas de cemento en las que mi mamá se sentaba a tejer, mientras correteábamos por un jardín con matorrales que se cuajaban de unas bolitas rojas, como pingüicas, que recolectábamos y comíamos por montones. Ahí mismo, estaba Novedades Bertha, ‘donde termina Lafayette y empieza su economía’, a donde acudíamos en cuanto juntábamos 10 ó 20 pesos de nuestros domingos, para comprar libros de colorear o algún otro juguetillo. Cuando el paseo se prolongaba, caminábamos por Lafayette, que era mucho más angosta que hoy, para llegar hasta el monumento de los Niños Héroes cuya rampa se nos convirtió en una delirante pista de carreras", relata Beatriz Contreras, de 56 años, sin esconder las lágrimas que le brotan espontáneas al recordar a ese compañero de aventuras fallecido hace poco más de un mes.

El abogado Juan Enrique Zuloaga, quien apenas sobrepasa los 5 decenios de edad, relata: "Recuerdo en particular 2 cosas que ya desaparecieron; primero, no sé si ocurría todo el año o sólo durante la Cuaresma, pero era muy común el pregón de ‘pescado bagre, pescado fresco’, que el vendedor cargaba en unos carritos como los que se usan para las frutas, en los que ponían barras de hielo cubiertas con alfalfa y sobre ella, grandes filetes de pescado extraordinariamente bueno, sólo que con muchas espinas. Luego, me acuerdo que los sábados por la tarde, pasaban por la calle Colonias (la de la esquina de mi casa), arrieros con grupos de toros y vacas que, según yo, llevaban al rastro que nunca supe exactamente dónde quedaba".

"Viví por el barrio del padre Galván, en una calle que antes se llamaba Venecia, de donde datan la mayoría de mis recuerdos de infancia: el grito de ‘turrón jóvenes’ que lanzaba un vendedor que cargaba sobre el hombro derecho una tabla con el producto, y sobre el izquierdo unas patas de tijera sobre las que la colocaba para despachar a quienes le pedían un trozo de aquel dulce duro y chicloso que ponía sobre un papelito de estraza y escurriendo un chorro de limón. Al igual que el que gritaba ‘paletas pa la calor’, recuerdo al de las ‘varits, varits’, que expendía manzanas o varitas con tejocotes cubiertos de caramelo rojo que me encantaban, pero que mi mamá nos prohibía comprar porque decía que estaban todas mosqueadas y cubiertas de polvo. Ahí me tocó atestiguar la extraña pasada de una plaga de chapulines que de pronto oscurecieron el cielo, la gran inauguración de Maxi Calzada y la emocionante llegada de la temporada navideña, cuando ocurríamos al parque Morelos a que me compraran una mona de cartón". Carolina Gómez Sánchez, 62 años.

¿Una experiencia memorable? "¡El Mundial del 70!", responde sin titubear Roberto Álvarez, quien a sus 49 años recuerda emocionado la fiebre brasileña que vivió la ciudad, y los desfiles que se armaban por los triunfos de la selección carioca, a los que llegó a incorporarse en compañía de su padre. "Ya no recuerdo si México ganó entonces algún partido, porque yo tenía entonces como 10 años, pero en mi memoria guardo intacta la emoción de verme sentado sobre la ventanilla del carro de mi papá, con una banderita de Brasil y pegando de gritos, recorriendo la avenida Tolsá y llegando hasta López Mateos, en donde estaba el hotel al que llegaron los brasileños. Me acuerdo con cierta nostalgia de la nevería Valencia y su famosa changa, del autocinema Ritz, al que mis papás nos llevaban por las noches, con pijama y cobija; de la glorieta Chapalita, que entonces estaba cercada y en su interior había juegos, incluido el resbaladero más alto que he conocido en mi vida".

"Siempre que volteo hacia atrás, con intención de recordar mis experiencias amables, me veo en Plaza del Sol; acompañando a mi mamá al super, comiendo tacos al pastor, comprando una nieve de Bing o un globo de gas que muy pronto se me iba al cielo, pasando un buen rato en Diversiones Maravillosas o simplemente sentada en una banquita viendo la fuente. Era lo más cercano que tenía a mis pocos años de vida y el lugar al que pedíamos ir, cada domingo. Ahora hay ya muchas plazas, pero ésa me sigue resultando entrañable, a pesar de que ya no es como la recuerdo y con facilidad me pierdo entre tantos pasillos que ahora tiene. También recuerdo con tristeza el club Guadalajara de Colomos, porque ya no existe y ahí pasé prácticamente 10 años de mi vida, entrenando natación y sirviendo como instructora a los más pequeños", relata Adriana Martín Leos, de 33 años.

"Las matinés del cine Reforma, los dulces agritos y elotes asados que vendían afuera del Expiatorio, la panadería de la esquina en donde me compraban merengues de colores", enlista José Antonio Retana, de 51 años, como las delicias de la juventud que no podría recuperar en la actual Guadalajara.

No se necesita ser un anciano para dar cuenta de los múltiples y sustantivos cambios que la modernidad y sobrepoblación de fuereños han impuesto a una urbe que, a los 440 de edad, todavía podía presumir su espíritu provinciano. "Cuento a mis hijos que la avenida Mariano Otero no existía, sino la Calzada de la Victoria que llegaba adelantito de las vías del tren, y se les figura que les estoy hablando de la era cuaternaria o que, a los 50, ya soy un viejito narrando aventuras de la Revolución. Cuando les hablo de que Chapalita llegaba hasta Niño Obrero, que prolongación Américas era el viejo, empedrado y angosto camino a Zapopan, que en media Plaza Tapatía estaba la plaza de toros y que en los cines pasaban 2 y hasta 3 películas por función, se ríen pensando que les hablo de tiempos de don Porfirio, y no de la ciudad que me tocó vivir y disfrutar en plena juventud. De aquella Guadalajara extraño el pozole y las tortas de don Tomasito, las buenas jericallas que vendían en unas tazas gordas y desorejadas en los mercados, la facilidad y rapidez con que viajábamos al Centro para comprar cualquier cosa y la ‘vallarteada’ de los sábados por la noche", narra José Juan Becerra Padilla.

Asunción Uribe recién cumplió 55 de edad y 53 de haberse mudado a vivir a una ciudad que considera la propia y muy distante de la tierra oaxaqueña que "por puro accidente" la vio nacer. "Lo que más vívidamente recuerdo de mi infancia eran las tardes que la tía Lola me pedía que la acompañara de compras al centro, porque siempre salía yo con algo de ganancia. Mi tía compraba pocas prendas de vestir, pero nunca baratas, así que me llevaba a Las Fábricas de Francia o El Nuevo París, que desde la entrada olían muy bonito. También compraba telas en El Vapor y algunos blancos en Franco, porque el dueño era su amigo y le daba crédito que siempre liquidaba con extrema puntualidad. Pero mi máximo era que termináramos los encargos y mi tía me comprara una bolsa de donitas que vendían en los portales y me dejara un buen rato observando los aparadores de Woolworth, aquella tienda ubicada en el cruce de Juárez y 16 de septiembre, donde vendían todo lo que una chiquilla como yo podía soñar, desde juguetes hasta un montón de vistosas chucherías".

Aunque la mayoría de los opinantes vertió más de un comentario sobre lo que les entristece de la Guadalajara actual, aceptaron que, por hoy, lo que toca es hablar bien de la del cumpleaños y seguirle agradeciendo las buenas vivencias que sólo en una ciudad como ésta es posible vivir.

Patricia del Castillo
(v.pág.6-B del periódico El Informador del 18 de febrero de 2009).


Porque de momento no están el horno para bollos ni La Magdalena para tafetanes, ayer que, por alguna misteriosa razón, el tema saltó a la palestra, no hubo más remedio que decirlo con (casi) todas sus letras: el proyecto de agregar a Guadalajara a la lista de las ciudades que pueden presumir entre sus atractivos -para turistas y lugareños- con un Museo Guggenheim, ni se abandona ni se aborta; simplemente se archiva en la lista de pendientes.

(La lista en cuestión, por cierto, se va haciendo laaaarga, laaaarga... Pero ésa es harina de otro costal).

Cinco años han transcurrido desde que comenzó a cacarearse, con la enjundia que caracteriza a los tapatíos, el buen deseo de materializar ese proyecto.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 24 de febrero de 2009).


Aquí en Guadalajara, en 2 distintas ocasiones y sin real justificación yo he sido amenazada con armas de fuego con diversos pretextos al paso de mis perritos -2 cocker de raza pequeña.

Martha González Escobar, divulgadora científica de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 14 de marzo de 2009).


Yo esperaba encontrar en Guadalajara opiniones encontradas, sentimientos contenidos, añoranzas calladas. Esperaba encontrar una cierta preocupación de los ciudadanos acerca del futuro de su ciudad, de la transformación de su Centro Histórico, de las posibles mejoras, de su necesario embellecimiento o, simplemente, de su crecimiento y desarrollo.

Salvo honrosas excepciones, he sido testigo de la ausencia de interés por la ciudad. He visto cómo se le reprocha a las autoridades, y a la clase política, en general, las intervenciones que han propuesto, pero de ninguna manera he visto proponer alternativas. Mi impresión es que no es común entre los ciudadanos tomar parte activa en la creación de propuestas de intervención en su ciudad. Es evidente que no existe siempre una aceptación popular en todo aquello que supone transformar la ciudad, pero siento que los ciudadanos dejan estas decisiones en manos de los políticos, como si nadie más que ellos pudieran opinar de manera previa antes de cualquier decisión. Ser testigo de la aceptación con resignación de la demolición del antiguo edificio de Fábricas de Francia o la antigua entrada del Parque Agua Azul, como si hubiese sido algo inevitable, me ha conmocionado.

Muchas han sido las personas que, cuando les he preguntado, me han hablado del Centro Histórico de Guadalajara con desidia. Otras con desprecio. Las más con indiferencia. Mi experiencia es que una gran parte de la población cree tener un Centro Histórico poco valioso, incómodo y obsoleto. Para un europeo, esto es poco menos que un atentado cultural. Muchas ciudades europeas que tienen centros históricos más pequeños, o de menor valor histórico-artístico, los cuidan como un tesoro, presumen de él, lo disfrutan y lo exhiben con orgullo. El Centro Histórico de Guadalajara tiene, pese a que ha perdido gran parte de su patrimonio, un valor incalculable. En todas las ciudades europeas, el Centro es el lugar más buscado. Quien no tiene capacidad adquisitiva para comprar una vivienda en el centro, tiene que conformarse con vivir en la periferia. En Guadalajara, las capas sociales de mayor poder económico huyen del Centro y se construyen su casa, a la europea, o a la norteamericana, en suntuosos fraccionamientos, aislándose de la ciudad.

Los cotos representan la mayor involución urbana de la ciudad. Muestra inequívoca del deterioro social, dan la espalda a la ciudad, negándola. Manifiestan de manera rotunda su decisión de no participar de ella, de aislarse de todos sus males. Como si de un fortín amurallado se tratase, retrata la mayor paradoja de la actualidad. Mientras la ciudad trata de ser abierta, integradora, hilo conductor de todo tipo de actividades socializadoras, grupos de ciudadanos se apiñan unos contra otros, encerrándose y restringiendo cualquier contacto con el exterior. El coto es un síntoma de una sociedad urbana enferma. Es la peor manera de dar respuesta al miedo y la inseguridad. Antaño los vecinos se ayudaban, se protegían, confíabas en ellos. Hoy el recelo y la desconfianza en tu prójimo está produciendo reacciones urbanas nada aconsejables. Es una solución improvisada, fácil, un remedio superficial. El verdadero reto es conseguir una ciudad segura, amable, sin fronteras.

Esto es otra de las consecuencias del desinterés de la población por su ciudad. Una sociedad que se siente preocupada por el devenir de su ciudad, por su mejora, por su evolución hacia un modelo de calidad, jamás se plantearía vivir en un "cocoon" que le hace impermeable a los acontecimientos diarios, que la separa del resto del organismo complejo, integral, diverso, estructurado, que es la ciudad.

Me embarga una profunda tristeza cuando me dan pruebas de que los tapatíos no aman suficientemente a su ciudad.

Juan Cano
(v.pág.8-A del periódico El Informador del 1o.de abril de 2009).


Recuerdan aquella frase atribuida a Carlos Salinas que dice que los jaliscienses no plantean grandes proyectos, sino buscan sólo pequeños privilegios.

Luis Ernesto Salomón, doctor en Derecho
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 8 de abril de 2009).


Si bien la siesta es lo mejor para combatir los calores, los tapatíos hemos encontrado otra forma de atajar este fenómeno que en nuestra ciudad dura de 8 a 10 semanas: la práctica de la inmovilidad. No moverse es un reflejo animal ante las temperaturas excesivas, es una forma de almacenar energía y de no producir calor. La inmovilidad se practica normalmente después de la siesta y antes de caer la noche. Hay varias formas de estar inmóviles, algunas de ellas incluso "productivas" pero de lo que se trata realmente es de evitar cualquier movimiento capaz de generar energía calorífica, lo demás es lo de menos.

El ejemplo prototípico de la inmovilidad es esa maravillosa costumbre (que desgraciadamente se va perdiendo) de sacar una silla a la banqueta, buscar una sombrita y dedicarse literalmente a matar la tarde. Matar es un eufemismo, porque ante todo es un verbo que implica acción, cosa que se trata justamente de evitar, y porque además la tarde se muere sola, y sin ayuda de nadie, todos los días. Pero matar la tarde es para los tapatíos una actividad, una actividad inmóvil; es el arte de hacer nada. Es lo más parecido al dolce fare niente de los romanos, que también eran buenos para la práctica de la inmovilidad.

Otra forma de inmovilidad muy arraigada en estas tierras, sobre todo entre mujeres mayorcitas, es rezar el rosario. Durante años me pareció algo extraño, horroroso y una forma muy retorcida de perder el tiempo para ganar eternidad. Pero en abril o mayo, cuando el calor está a plomo, meterse en una iglesia fresca, de grandes bóvedas, relativamente vacía y escuchar el sonsonete del rosario repetitivo, somnoliento y musical puede llegar a ser una experiencia mística de inmovilidad. El movimiento más brusco durante el rezo de la tarde es el desplazamiento del pulgar derecho sobre el índice para pasar un cuenta del rosario cada 30 segundos. Difícilmente uno se puede encontrar una actividad tan esencial como ésta, y encima se ganan indulgencias.

La tercera forma de práctica de la inmovilidad es el café. Una tarde entera sentado en una terraza sombreada, con vista a la calle tomando café helado o en su defecto una cerveza (ni modo, hay sacrificios que hay que estar dispuestos a hacer en el no tránsito por este valle de lágrimas) es una buena forma de hacer nada. Ya caerá la noche y podremos desplazarnos otra vez. En tanto, le cae al que se mueva.

Más de algún pragmático estará pensando el mejor antídoto frente al calor y la práctica de la inmovilidad es un aire acondicionado, lo cual es muy cierto, pero qué afán de atentar contra los usos y costumbres, es decir contra la cultura, de esta noble y leal ciudad.

Diego Petersen Farah
(v.pág.3 del periódico Público del 10 de abril de 2009).


Desde luego que durante la cuaresma, "época de penitencias y mortificación", como me decían, era cuando mejor se comía: las tortitas de camarón, la sopa de habas, la capirotada, las aguas frescas. El jueves santo, junto con el 12 de diciembre, era cuando mi mamá, experta y refinada en la alta cocina jalisciense, más se lucía: el lomo mechado era uno de sus platillos de presumir. Lo recuerdo adornado con pasas, no sé si también nueces y piñones, cocido muy jugoso y servido con una salsa dulce de naranja, jitomate y cilantro. No tengo memoria del agua fresca para la ocasión, como que recuerdo que era algo así como de hierbabuena y limón, pero no estoy seguro.

En Guadalajara, el jueves santo, era obligatoria la visita a "las 7 casas", con su muy importante aspecto gastronómico de las empanadas, sobre todo las de camote y las de crema, con las aguas frescas de horchata y de chía.

Recuerdo también, ya en mis años en Guadalajara, que durante la cuaresma las familias procuraban que los hijos se abstuvieran de toda diversión: por supuesto que las familias decentes no iban al cine durante esos cuarenta días y procuraban que no se escuchara música en la casa. Tengo presente, allá por 1943, que los directivos del Instituto de Ciencias tuvieron problemas con varios padres de familia: resulta que el 19 de marzo festejaban a su patrono San José; parte de los festejos la hacía la novillada en la plaza de El Progreso: los papás no se explicaban cómo un colegio católico se permitía tener una gran fiesta en plena cuaresma...

El viernes anterior a la Semana Santa, Viernes de Dolores, se colocaba el altar lleno de veladoras, llamado "incendio": era el día en que se festejaba a las Lolas, nombre muy popular, y se invitaba a los vecinos para que vieran "llorar a la Virgen", que lloraba agua de jamaica. El jueves y el viernes santo, los cines, el Alameda y el Avenida, el Variedades y el Cuauhtémoc, proyectaban películas "religiosas". El viernes santo, los tapatíos, sobre todo las tapatías, se vestían de negro; y. en algunas familias, ese día no se podían bañar.

Pero, desde los tiempos coloniales, la costumbre más memorable era la quema de los judas el Sábado de Gloria. Antes del Concilio Vaticano Segundo, a mitad de los años sesenta, el sábado siguiente al Viernes Santo, durante la mañana se celebraba un oficio religioso en el que "se abría la Gloria": volvían a tocarse las campanas, silenciadas desde el jueves, y se tocaba música. Al terminar lo religioso, en la calle venía la fiesta profana de la quema de los Judas. Eran muñecos de paja o cartón.

"Aquí, en la ciudad de Guadalajara y en especial en los barrios de Mezquitán, Analco y Mexicaltzingo, los pequeños recibían una tunda de palos para que crecieran... Los judas representaban esqueletos, demonios, personajes populares, charros y en muchas ocasiones algún vecino del barrio, pero siempre con autorización de la persona; desde luego antes de morir el judas se leía su testamento, en el que siempre dejaba herencia o encargos a los vecinos, y después se continuaba con algún convivio..." (Juan Gil Flores, en Capítulos de historia de la ciudad de Guadalajara, tomo segundo, pp.156, 157).

Jesús Gómez Fregoso, historiador y catedrático de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.14 del periódico Público del 10 de abril de 2009).


Crecí en la Guadalajara del tejuino de Don Marcelino, las tortas ahogadas del Profesor Jiménez y los mayates dorados en la Plaza de Armas. Por eso no entiendo la penetración de la cultura del narco en la ciudad. Queda poco de la que algún día fue llamada la ciudad de las rosas, ciertamente no es la misma ciudad de hace 10 años. El encanto de provincia y el clima idílico han desaparecido, la Guadalajara en la que todos se conocen parece un cuento exagerado y ya no podemos decir: "Aquí no pasa eso...".

No voy a colgarle el calentamiento global al narcotráfico, pero vaya que van deslustrando a la Perla Tapatía. Estaciones de radio como "La Zeta", "La Ke Buena" o "La Nueva" siendo las más escuchadas en muchas otras ciudades, no se establecían porque aquí no se oía música banda; hoy son las más escuchadas en nuestros radios. Las familias de abolengo eran admiradas por vivir bajo el prestigio de dinero viejo; casas, carros y estilos de vida cómodos; pero modestos. Ahora somos deslumbrados por Hummers y Lincolns, residencias valuadas en millones de dólares, atuendos machometrosexuales y el despilfarre ¿Dónde hubiera vivido un narco en Guadalajara antes de las Puertas y los Valles Dorados, Plateados y Reales?

No tengo nada en contra de la música banda, tengo un par de vaqueras, mi papá se pone sombrero cada que puede, tengo la misma fascinación por carros de lujo que todos los hombres y he disfrutado todas las novedades que han llegado a la ciudad. Lo que me molesta de la cultura del narco es la violencia, las amenazas, los tenebrosos rumores, la afiliación que claman a la Iglesia Católica (ni Jesucristo, ni la Virgen María querían estar en la cacha de un arma) y la idolatría que reciben. Delincuentes tratados como héroes...

Me dicen, que estamos en la segunda generación, que antes ya había pasado, en los tiempos de los Caro Quintero o "Don Neto". Esta vez, empezaron a ponerles casa a sus familias, legítimas e ilegítimas, en Guadalajara (irónicamente para mantenerlas a salvo) y pronto descubrieron lo que los tapatíos hemos sabido por mucho tiempo, la vida aquí es buena.

Ha sido una invasión eficiente y exitosa. Inscribieron a sus hijos en colegios privados, de ahí, naturalmente, se hicieron de amigos y novias; pero a diferencia de los locales no tenían papás que ponían las reglas, tenían carros nuevos y fueron formados bajo una serie de anti-valores, con pobres, si escasos, modelos a seguir. La señora del narco vino a presumirle a la tapatía su vida de lujo, cirugías plásticas rebuscadas, joyería y ropa fanfarrona, desinterés en sus hijos y una costumbre de vagancia que resulta en dejar la casa en manos de la servidumbre. Realmente los jefes de familia no se presentaron hasta que los hijos se empezaron a matar y para entonces ya habían hecho de Guadalajara su lugar de residencia y operación.

Un titipuchal de viviendas ostentosas de donde escoger, una variedad extensa de "antros que tocan banda" y un público que hasta canta sus glorias. Les hemos abierto las puertas de par en par y le han llegado con primo y suegra de paso. Lo peor es el impacto que hemos dejado que causen en nuestra cultura. Las consecuencias las vemos cuando los muchachos anhelan lo que ven como una vida fácil y majestuosa, romantizada por el folklor del narcocorrido y condecorada por el pueblo; cuando las muchachas se creen la falacia y persiguen un estilo de vida que las margina a una vida sola y desdichada; y cuando un día despertamos en una ciudad insegura y desconocida.

Juan María Naveja Diebold
(v.pág.18 del periódico Público del 24 de abril de 2009).


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Fecha de última actualización: 24 de abril de 2009.
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