Síntomas del envejecimiento

Félix el gato.

  1. Cuando, siendo hombre, por fin eres capaz de decirle que NO a una mujer, sin remordimientos.
  2. Cuando, siendo mujer, por fin eres capaz de decirle que SI a un hombre... y sin remordimientos.
  3. Cuando haces deporte y, orgulloso, le cuentas a todo mundo que lo haces.
  4. Cuando hay remedios en la mesa de noche.
  5. Cuando la virginidad hace tiempo que ya no es tema de conversación.
  6. Cuando los niños, con quienes hasta hace poco tenías cierta complicidad, ahora te dicen "señor", y te tratan de usted... o, peor aún, te dicen "tío".
  7. Cuando necesitas mucho más tiempo que una mañana para recuperarte de una trasnochada.
  8. Cuando tú mismo cuelgas la toalla después de ducharte.
  9. Cuando te molesta que otro deje la pasta de dientes destapada.
  10. Cuando tus amigos se casan sin estar apurados.
  11. Cuando tus primos chicos te piden cigarros.
  12. Cuando tus sobrinos saben más que tú de computación.
  13. Cuando vas a la playa y puedes pasar todo el día sin bañarte.
  14. Cuando ves los partidos y conciertos por la televisión, en vez de ir a verlos en vivo.
  15. Cuando vuelves a llevar regalo a los cumpleaños... igual que cuando eras chico.
  16. Cuando, para hacer deporte, compras ropa que te tape en vez de mostrar.
  17. Cuando prefieres ver a un amigo a hablar con él hoooooooras por teléfono.
  18. Cuando ya sabes lo que quieres.

La mayoría de la gente que entró a las universidades el año pasado (2001) nació en 1983. En ese tiempo tú ya sabías multiplicar, dividir y hasta resolvías ecuaciones.
Ellos no tienen recuerdos significativos de la "Era de Reagan" y nunca se enteraron de que alguien le hubiera disparado. Eran pre-púberes cuando se libró la "Guerra del Golfo". El "lunes negro" de la bolsa de valores, en 1987, les es igual de importante que "la gran depresión" de 1929, y para ellos ha existido solamente un Papa que ha durado toda la vida.
Nunca cantaron "we are the world, we are the children", y cuando García Márquez ganó el Nóbel ni siquiera sabian leer.
Tenían 8 años cuando la Unión Soviética se desintegró. No se acuerdan de la "Guerra Fría" y conocen una sola Alemania, aunque en el colegio les hayan contado que hubo dos. Son demasiado jóvenes para acordarse de la explosión del transbordador espacial "Challenger", y probablemente nunca sabrán qué fue el "Reto Pepsi".
Para ellos, el sida ha existido toda la vida. No alcanzaron a jugar con el Atari... el CD entró al mercado cuando no tenían ni un año de vida... nunca tuvieron un tocadiscos... y nunca jugaron Pac-Man. Star-Wars se les hace bastante falso, y sus efectos especiales les parecen patéticos. Muchos de ellos no saben, o no recuerdan, que los televisores sólo tenían 13 canales y una "U", y se cambiaban con una perilla; más aún, algunos no han visto nunca un televisor en blanco y negro.
No pueden explicarse siquiera lo que es ver la televisión sin un control remoto. Nacieron tres años después de que la Sony puso a la venta el Walkman, y para ellos los patines siempre han tenido las ruedas en línea. Y ni hablemos de la normalidad con la que ven un teléfono celular o una PC. (Nunca han visto una tarjeta perforada ni una computadora sin monitor).
Puede ser que nunca hayan visto Plaza Sésamo, El Tesoro del Saber, Perdidos en el Espacio o El Llanero Solitario.
Nunca se meten a nadar pensando en "Tiburón"... Michael Jackson siempre ha sido blanco... ¿y cómo van a creer que Travolta pudo bailar con esa panza?...
Nunca oyeron las siguientes expresiones: "El avión, jefe, el avión"... o "Abuelito dime tú". No recuerdan quién era la "Mujer Maravilla", y tampoco usaron lonchera de metal. Tampoco recuerdan quién era "El hombre nuclear", "La mujer biónica", o el "General de los Dukes de Hazard" (¿Hazard?... ¿qué es eso?)... Creen que "El crucero del amor" sale de Miami cargado de lunamieleros... que "los Angeles de Charlie" es un "estreno" cinematográfico y cuando se les habla de "CHIPs" piensan en las papas fritas para acompañar el almuerzo...
Recuerda que toda esta gente entró a la universidad el año pasado... ellos son los jóvenes ahora...
EdadEl éxito es:
3 añosNo hacer pipí en los pantalones
6 añosRecordar lo que se hizo durante el día
12 añosTener amigos
18 añosTener licencia de conducir
20 añosTener sexo
35 añosTener dinero
50 añosTener muchísimo dinero
60 añosTener sexo
70 añosTener licencia de conducir
75 añosTener amigos
80 añosRecordar lo que se hizo durante el día
83 añosNo hacer pipí en los pantalones

(Basado en la publicada en Ocio del diario Público del 18 de mayo de 2001).


Más síntomas del envejecimiento


Existen tres síntomas con los que se detecta la vejez: El primero es la pérdida de la memoria. De los otros dos ya no me acuerdo.

¿Es usted sobreviviente? Felicidades...

Entre los correos que recibí por Internet en estos días, está uno que me mandó mi hermana Beatriz; y pensé en compartirlo con ustedes, porque se refiere de forma entretenida a quienes somos anteriores a la televisión, la penicilina, la vacuna contra la polio, los alimentos congelados, las máquinas copiadoras, el fax, los plásticos, los lentes de contacto y la píldora.
Nacimos, dice el texto que estoy citando, antes del radar, la bomba atómica, las tarjetas de crédito, el rayo láser y los bolígrafos. Antes de que existieran pantimedias, lavadoras de platos, secadoras de ropa, cobijas eléctricas, aire acondicionado, hornos de microondas, Polaroid y ropa wash and wear.
En la época en que nacimos, las conejitas eran únicamente animalitos; y las cucarachitas no eran Volkswagen; jeans les decíamos sólo a las Juanas; tener una relación íntima significaba una gran amistad; no se viajaba en jet, ni se soñaba con la guerra de las galaxias; y el hombre nada más había caminado en la Luna en las novelas de Julio Verne.
Cuando nacimos los papás no cocinaban; ni planchaban; y mucho menos cambiaban pañales. Y ni en sus más acaloradas fantasías las mamás hubieran soñado tirar los pañales a la basura. Cada vez que cambiaban a sus bebés, que no se llamaban así sino simplemente "el niño", les ponían tres de diferente tela y que debían lavar a mano y poner a secar donde podían, porque no abundaban.
Eramos tan anticuados, que primero nos casábamos y después vivíamos juntos. Creíamos que los preservativos eran substancias que se ponían a la comida que venía en frascos para que no se echara a perder. Y, la educación sexual se limitaba a afirmar que a los hermanitos los traía la cigüeña de París.
No había mujeres peluqueras; ni peluquerías unisex. No se hacían citas ni mucho menos matrimonios por computadora. Tampoco había guarderías de niños; ni terapias de grupo; ni traumas; ni hogares de ancianos.
No se hablaba del FM, ni de los compact disc o rayos láser; la única parabólica que entonces conocíamos, era la de la curva en el firmamento; las letras DVD., no significaban nada. No había máquinas de escribir eléctricas, corazones artificiales, condominios, grabadoras, videos, ni procesadores de palabras o de alimentos. Y por ningún lado se veían hombres con aretes.
Computar, era una mala acción; y la palabra Internet no salía en ningún diccionario. Una agenda digital, era quizá un cuadernito lleno de números; y las calculadoras no se podían echar al bolsillo, porque eran grandes y eléctricas y funcionaban con un rollo de papel.
No existían los McDonalds, las pizzerías, o el café instantáneo. Con 10centavos viajábamos en tranvía, hacíamos llamadas telefónicas, tomábamos un refresco, y comprábamos timbres de correo suficientes para una carta y dos postales; y por cinco, adquiríamos dos caramelos o tres chicles.
Se podía comprar un auto pequeño por pocos miles de pesos, pero eran pocos los que podían afrontar el gasto; lo que era una verdadera lástima, porque la gasolina valía como 20 centavos el litro.
Fumar un cigarrillo era considerado elegante y no nocivo para la salud, y si era de tabaco nos dejaban hacerlo en todas partes; la hierba se cortaba, no se fumaba; la salsa se comía, no se bailaba. Y la coca era una bebida refrescante y no se inyectaba ni se olía.
Sida, no significaba nada; y aids se decía en inglés a los ayudantes de oficina. Por supuesto que conocíamos bien la diferencia entre los sexos, pero a nadie se le ocurría cambiarlo y había que conformarse con el único que se tenía. Los hijos no se mandaban hacer y los matrimonios eran sólo entre un hombre y una mujer.

Teresa Gurza
Publicado en el periódico El Informador el 19 de febrero de 2003.


Cómo van pasando los años... cómo se hablaba en los 70s y cómo se habla en los 2000s

1970 = Solterona2003 = Profesional independiente
1970 = Lagartona2003 = Mujer con experiencia
1970 = Humilde2003 = Falto de iniciativa
1970 = Borracho2003 = Bebedor social
1970 = Mujer golpeada2003 = Violencia intrafamiliar
1970 = Mujer prudente (que no denuncia al golpeador)2003 = Pendeja
1970 = Mujer abnegada2003 = Mujer sojuzgada
1970 = Aventura amorosa2003 = Refuerzo del compromiso matrimonial
1970 = Bolillo torcido2003 = Baguette
1970 = Tocar de oído algunos temas2003 = Consultor / Licenciado
1970 = Vendedor2003 = Ejecutivo de cuenta
1970 = Que no me moleste nadie2003 = Estoy en una junta
1970 = Curandero2003 = Mentalista - Psíquico
1970 = Peluquero2003 = Estilista
1970 = Profesor de gimnasia2003 = Personal trainner
1970 = Escuincle malcriado2003 = Niño Montessori
1970 = Universitario fresa2003 = Chico Tec
1970 = Sirvienta2003 = Asistente personal del hogar
1970 = Tendedero2003 = Secadora de ropa.
1970 = Designación (dedazo)2003 = Candidato de unidad
1970 = Decir lo que piensas bajo tu propio riesgo2003 = Libertad de expresión
1970 = Bailarina a-go-go2003 = Teibolera
1970 = Bola de desocupados en una tribuna2003 = Talk-show
1970 = La calentura es mutua2003 = Funciona la química
1970 = Manipular a la opinión pública2003 = Fenómeno mediático
1970 = No entendí un carajo2003 = Hay que leer entre líneas
1970 = Flaca2003 = Anoréxica
1970 = Decir pendejadas2003 = Las expresiones están fuera de contexto
1970 = País subdesarrollado2003 = Economía emergente
1970 = Loca2003 = Mujer autónoma y decidida
1970 = Despidos masivos2003 = Reestructuración
1970 = Turismo para pobres2003 = Turismo alternativo
1970 = Abuelos2003 = Babysitter
1970 = Monopolio informativo2003 = Multimedio
1970 = Hacer pendejadas2003 = Esto me sirve de terapia
1970 = ¿Me das tu teléfono?2003 = ¿Me das tu e-mail?
1970 = Robo indiscriminado de los políticos2003 = Déficit fiscal
1970 = Mapache electoral2003 = Operador político
1970 = Fraude electoral2003 = Concertacesión
1970 = Caminar entre piedras, arbustos y troncos en la Marquesa2003 = Hacer tracking
1970 = Acomodador político... rentachambas2003 = Asesor
1970 = Vestirse con cualquier porquería2003 = Ser fashion
1970 = Trasladar la propia ineficiencia2003 = Outsourcing
1970 = Darle la vuelta a los mismos problemas pero con otra tecnología2003 = Reingeniería
1970 = Egoísmo y fanfarronería2003 = Tener autoestima
1970 = Turismo aislado de la zona de los pobres2003 = Resort
1970 = Fracaso en la dirección de la empresa2003 = Downsizing / reducción de la planta
1970 = Políticos con mucha experiencia2003 = Los mismos de siempre (Dinosaurios)
1970 = Ideólogos políticos2003 = Dueños de los partiditos.
1970 = El señor Presidente de los Estados Unidos Mexicanos2003 = Ese ¿=)(/&%$#;:_* del Fox
1970 = Los señores Diputados y Senadores2003 = Los pinches Diputados y Senadores huevones y rateros.
1970 = Viejo2008 = Vintage
1970 = De segunda mano.2008 = Reciclado
1970 = Hippie2008 = Consumista ético.
1970 = Usado2008 = Reutilizado
1970 = Gastado o raído2008 = Cómodo, informal.


Edipo insomne

En la infancia y juventud, ninguno de nosotros la pasó tan pachona y esponjadita como nuestros vástagos. Para empezar, en aquellos años cuarentas y cincuentas, la etnia de los moconetes todavía no organizaba su caracolito, ni tenía buen gobierno y su único lema era "obedecer obedeciendo". Nos trataban mucho peor que lo que yo trato ahora a "La Capufe". Es decir, éramos sub-french poodles (variedad Mexicali). Nuestras madres repartían su tiempo entre la enfermiza frecuentación de templos, sangrientas y prolongadas sesiones de canasta uruguaya donde se gestaban chismes terribles y rencores eternos hacia la compañera que había dado el pozo, tejido de chambritas, elaboración de primorosas artesanías en migajón, lectura de los sermones de Mons. Fulton J. Sheen y/o Corín Tellado (Corán Tullido la llama Cabrera Infante) y prolongadísimas sesiones en el salón de belleza donde les fabricaban unos peinados muy similares a la iglesia gótica de San Miguel Allende. Además, en algún lugar de la casa, estaban los hijos que fungían básicamente como recipientes de quejas, decepciones y regaños: nadie me tiene la menor consideración, con estas calificaciones ¿sabes cómo vas a acabar?, contigo es por demás, te luces cuando hay visitas, no quites la mano porque te va peor, no te vas a dormir hasta que alces tu tiradero (nos traían en friega). Los padres, en cambio, llegaban poco y cuando llegaban estaban muy cansados, o medio zarazos. De cualquier manera exigían que los niños se fueran a jugar y que regresaran cuando tuvieran 25 años. Y así salimos.
Hoy intenten decirle a un caperuzo que "los niños ven, oyen y callan" y en dos minutos el mendiguete ya está hablando con Human Rights Watch y levantando su actita con Bátiz por violencia intrafamiliar. Imaginen mis lectores en plenitud que alguno de ustedes le hubiera comunicado a sus jefecitos que si no nos alivianaban porque queríamos ir a una boda ¡en Oslo!. Nomás del primer mamporro nos volaban los incisivos. Ahora el badulaque de Canito asiste a nórdicas nupcias con el patrocinio de su papalona madre. Otro drama: la pequeña Carlos está traumada. A nosotros nunca nos fue otorgado el lujo de traumarnos. Aguantábamos vara y ya. A Marianita en cambio ya se le desmadejó el equilibrio emocional porque las altas autoridades del Colegio Madrid deshicieron su grupo de secundaria y ahora en prepa le tocó con puro truhán (los otros también eran truhanes, pero conocidos). Tan afectada está que le pide a su padre que agarre a periodicazos a los oligarcas matritenses. A su madre la trae más tensa que Rosario Robles pues la despierta bañada en llanto en plena madrugada porque "sus nuevos compañeros la ven muy feo". Pregunto yo: ¿qué hemos hecho para merecer esto? El remate corrió a cargo de Osama bin Bucles. A las cuatro de la mañana apareció en la sede de la camota y así dijo: me picó un mosquito, tengo comezón y quiero dormir con mi mamá (urge que hagan una versión en dibujos animados de "Edipo Rey"). Mi amor, le dije, ya te puse una pomadita y yo te pediría que te fueras a tu camita si no quieres que te fracture huesito por huesito. Obedeció casi de inmediato (47 minutos).

Germán Dehesa
Publicado en el periódico Mural el 14 de agosto de 2003.


¡Cómo! ¿Sobrevivimos?

Todos los que fuimos niños en los 50s, 60s o 70s, si lo pensamos bien, es difícil creer que hayamos vivido hasta ahora...

Ventajas de pasar de los 50


Publicado en El Informador el 2 de junio de 2004.


La vida antes de las computadoras

(Nota del webmaster: I'm sorry if you don't speak english... it's time to learn it. Learning languages helps to keep away the "alemán" [Alzheimer])

An application was for employment
A program was a TV show
A cursor used profanity
A keyboard was a piano!

Memory was something that you lost with age
A CD was a bank account!
And if you had a broken disk,
It would hurt when you found out!

Compress was something you did to garbage
Not something you did to a file
And if you unzipped anything in public
You'd be in jail for awhile!

Log on was adding wood to a fire
Hard drive was a long trip on the road
A mouse pad was where a mouse lived
And a backup happened to your commode!

Cut-you did with a pocket knife
Paste you did with glue
A web was a spider's home
And a virus was the flu!

I guess I'll stick to my pad and paper
And the memory in my head
I hear nobody's been killed in a computer crash
But when it happens they wish they were dead!


100 years ago:

LOG ON: Making a wood stove hot
LOG OFF: Don't add any more wood
MONITOR: Keeping an eye on the wood stove
DOWN LOAD: Getting the firewood off the truck
MEGA HERTZ: When your not careful getting the firewood
FLOPPY DISC: What you get from trying to tote too much firewood
RAM: That thing what splits the firewood
HARD DRIVE: Coming home in the winter time
WINDOWS: What to shut when its cold outside
SCREEN: What to shut when it's black-fly season
BYTE: What them darn flies do
CHIP: What you step in if you aren't careful in the pasture
MODEM: What you do to the hay fields
DOT MATRIX: Ole Dan Matrix's wife
LAP TOP: Where the kitty sleeps
KEYBOARD: Where you hang the keys
SOFTWARE: forks and knives
MOUSE: what eats the grain in the barn
MOUSE PAD: The hole where the mouse lives
MAINFRAME: Holds up the barn roof
PORT: Fancy flatlander wine
ENTER: Northerner talk for "C'Mon in y'all"
CLICK: What you hear when you cock your gun
DOUBLE CLICK: When the gun won't fire when you pull the trigger
REBOOT: What you have to do right before bedtime when you forgot that kitty is still outside

La mayoría de los estudiantes entrando a la universidad este año (2004) nacieron en 1986.
Para ellos Desi Arnaz, Orson Welles, Roy Orbison, Ted Bundy, el ayatola Khomeini, y Cary Grant siempre han estado muertos.
El conejo de Energizer siempre ha estado caminando y caminando y caminando.
Pink bunny
Las fotografías siempre se han procesado en una hora o menos.
Baby Jessica podría ser su compañera de clase.
Alan Greenspan siempre ha fijado el rumbo financiero de los Estados Unidos.
Los Estados Unidos siempre han sido una nación adicta al Prozac.
Harry siempre ha conocido a Sally.
Siempre ha habido un Salón de la Fama del Rock & Roll.
Siempre ha existido el Comedy Channel.
Bill & Ted siempre han estado en una excelente aventura.
Robert Downey, Jr. siempre ha estado metido en problemas.
Martha Stewart siempre ha estado cocinando algo con alguien.
Nunca ha existido la TV sin personajes gay.
Mike Tyson siempre ha sido un retador.
El gobierno estadounidense siempre ha estado proponiendo ir a Marte, lo que posteriormente siempre ha desechado por costoso.
Los Clubs Playboy nunca han existido.
Siempre han existido los virus computacionales.
Siempre se ha estado mapeando el genoma humano.
La televisión abierta siempre ha estado compitiendo con la televisión por cable.
Ivan Boesky nunca ha vendido acciones.
Los números gratuitos 800 siempre han repetido frases contagiosas.
Belén nunca ha sido un lugar pacífico en Navidad.
Las mujeres obispo episcopalianas siempre han amenazado los cimientos de la Iglesia Anglicana.
Nunca volaron en People Express.
El AZT siempre se ha utilizado para combatir el SIDA.
La comunidad internacional siempre ha estado poniendo y quitando al dirigente de Haití.
Oliver North siempre ha sido el anfitrión de un "talk show" y comentador de noticias.
Desde que estaban en carriola han tenido que aguantar los sistemas de seguridad aeroportuarios.
La mayoría de su búsqueda de la universidad correcta la hicieron en línea.
La Aspirina siempre se ha usado para prevenir el riesgo de un ataque cardiaco.
Fidel Castro siempre ha sido un político viejo vestido de traje.
Siempre han existido los vuelos sin escalas alrededor del mundo que no requieren recargar combustible.
Cher no ha envejecido ni un día.

¿Se han dado cuenta de que la única época de nuestra vida en que nos gusta envejecer es cuando somos niños?
Cuando teníamos menos de diez años estábamos tan exitados por el envejecimiento que pensábamos en fracciones: "¿Cuántos años tienes?" "Tengo cuatro y medio". Mucho más tarde en la vida nunca tenemos 36 y medio... el medio nunca aparece.
Después de que los siglos de infancia pasaron, al largo final entramos a la adolescencia. Entonces nadie nos detenía. A cada oportunidad nos saltábamos hasta el siguiente número - cuando menos.
"¿Cuántos años tienes?" "Voy a cumplir 16". Aunque en realidad tuviéramos 14, pero íbamos a tener 16... bueno, eventualmente, ¿o no?
Por fin, un día, el más grande momento de la vida; cumplimos 18. Incluso las palabras suenan ceremoniales. CUMPLISTE 18... ¡¡¡¡¡Sí, sí, sí!!!!!
Entonces cumplimos 30.
¿Quién hizo eso? ¿Qué pasó aquí? De repente suena como mala leche. "Sí, lo sé, es una vergüenza pero los cumplió. Tuvimos que echarlo fuera". ¿Qué falló? Cumplimos 18 pero NOS VOLVIMOS DE 30.
Y no habíamos estado en la calle 30 lo suficiente para conocer a los vecinos antes de que nos encontráramos EMPUJANDO 40 a toda velocidad... quieto allí. Dos parpadeos de un ojo inyectado de sangre (sólo a medias) y, como un harapiento sobreviviente de un naufragio, ALCANZAMOS 50.
Cumpliste 18; llegaste a los 30; estabas empujando 40; alcanzaste 50; entonces la haces hasta 60. Nadie pensó que lo harías, tú menos que nadie, pero lo hiciste, LOGRASTE 60 - ¡Uf! ¿Dónde está a medalla de oro?
Ahora tienes un problema. Para ahora has adquirido tal velocidad, que GOLPEAS 70. Después de eso esto es una cosa de día a día. Golpeas el miércoles. Entras a los 80s; GOLPEAS la hora del lonche, GOLPEAS las 4:30.
Para ahora incluso las microdistancias en el futuro es muy probable que estén más allá de las más locas esperanzas. Ya ni siquiera compras plátanos verdes. "Bueno, esto es una inversión, sabes, y quizá una mala inversión. Puede que nunca los vea madurar".
Como por arte de magia estás en los 90s y sin ninguna razón válida empiezas a ir hacia atrás. "Tengo SOLO 92". Finalmente algo aún más extraño sucede: si logras pasar de los 100 de repente te conviertes otra vez en un niño pequeño.
"Sí, querida, tengo 100 y medio". ¿No es extraña la vida?
Sin duda hay otras cosas más importantes que podría compartir con ustedes, pero en este momento no estoy muy seguro de cuáles pudieran ser.

Peter de Pradines
en el desaparecido "The 4Site Journal" del 28 de marzo de 2001.


Mi generación, al menos quienes manteníamos los ojos bien abiertos (después de haber tenido la suerte de abrir los ojos, en un momento u otro), nos vanagloriamos de haber visto muchas cosas. Mayo 68 y etcétera. Revolución de los Claveles. Una dictadura, una transición, una democracia, una izquierda en el poder, una derecha en el poder, una izquierda en el poder, una derecha en la oposición. El estado de la postración y el Estado de las Autonomías. Atentados, guerras, violencia. Ascensión y caída del sandinismo, persistencia exasperante del castrismo. Intervenciones de los inteligentes servicios en Iberoamérica. Ascensión y derrota de dictadores. Triunfo de demócratas del economicismo. Caída del Muro. Tiananmen y Conversión de Rusia (o cómo se cumplió lo de Fátima). Unión de Europa y persistencia exasperante de Eurovisión. Balcanización. Libanización. Indochina seguida de Vietnam. May Lay seguido de Pol Pot. Apartheid y triunfo de Mandela. Africa en todo su dolor. El regreso de Sharon y la muerte de Arafat. La oveja Dolly. Monseñor Tarancón y monseñor Rouco. ETA, GAL, IRA, FMI, entre otras siglas del siglo. Internet, gracias al cielo. Fundamentalistas de acá y de acullá, sinrazón, fanatismo. Chistorra, Frankfurt, McDonald’s, Pans & Company y la franquicia del capuccino. Boleros y hip-hop. Adúlteras en la cárcel y adulterio sin penalización. Viagra y telefonía móvil. Juan XXIII y Juan Pablo II. Abortistas arrastradas y aborto sin culpa. Armarios llenos de gays y lesbianas y armarios prácticamente vacíos. Todos los Santos y Halloween.

Maruja Torres
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 9 de diciembre de 2004).


Mientras un anciano remaba en un lago, una rana se le acercó y le dijo:
-¡Señor! ¡Señor! Soy una bella princesa. Si me da un beso, viviremos felices para siempre.
El hombre se metió la rana en el bolsillo y fue remando con toda calma hasta la orilla. Entonces la rana le volvió a decir:
-¡Oiga, señor! ¡Oiga! De veras soy una princesa hermosa. Déme un beso y viviremos felices para siempre.
No obstante, el viejo echó a andar hacia el pueblo sin decir una palabra. La rana se estaba cansando de que no le hiciera caso.
-Oiga, ¿Por qué no me besa? Ya le he dicho que soy una hermosa princesa.
-Mire, señora -repondió por fin el anciano-: Tengo 80 años, y a estas alturas prefiero una rana que habla.

Chantell Williams
(v.Selecciones de marzo de 2005).


Tres hermanas, de 96, 94 y 92 años de edad vivían juntas en su casa.
Una noche la de 96 años empieza a llenar la tina para darse un baño, pone un pie dentro de la tina, hace una pausa y grita: -¡¿Alguien sabe si me estaba metiendo a tomar un baño o estaba saliendo de bañarme?!
La hermana de 94 años le responde: -No sé, deja subir para ver...
Empieza a subir las escaleras, hace una pausa y grita: -¡¿Estaba yo subiendo por la escalera o estaba bajando?!
La hermana menor de 92 años estaba sentada en la cocina tomándose una taza de te y escuchando a sus hermanas... Mueve su cabeza y piensa: "En verdad espero nunca ser así de olvidadiza... ¡Toco madera!". Y toca tres veces para que se le conceda ese deseo y luego responde: -Ahí voy a ayudarlas, sólo déjenme ver quién toca...

Debes saber que ya luchaste tus mejores batallas cuando:
Todo el tiempo estamos oxidándonos. El precio bioquímico de respirar es envejecer.

Michael Trush, toxicólogo.


Antes había negros, ciegos, maricones, ancianos y niños de la calle.
Ahora hay afroamericanos, personas con capacidades diferentes, individuos que representan la diversidad sexual humana, adultos mayores y niños en condición de calle.
Lo más increíble es que mientras se lucha por cuidar estas sutilezas y hasta por promover abiertamente algo que se ha dado en llamar valores, lo básico, la noción del bien y del mal, ya se movió.
En otro momento, si se comprobaba que alguien había robado, se le acababa la vida.
En este instante, si a alguien se le comprueba que ha robado, es una filtración, es una campaña orquestada en su contra, él es la víctima.

Alvaro Cueva
(v.pág.18 del periódico Público del 16 de octubre de 2005).


Las cambiantes formas en que los miembros de esta generación pueden aprender, comunicarse y entretenerse a sí mismos son una razón primaria para la viral popularidad de tecnologías socialmente orientadas tales como blogs, wikis y mensajería instantánea. Los niños que nacieron cuando Netscape Communications entró al mercado de valores hace 10 años y han sido criados con una constante dieta de tecnologías digitales que fundamentalmente ha dado forma a sus nociones de leer y escribir, inteligencia, amistad e incluso al angustioso proceso adolescente de aprender quién es uno.
Para sus abuelos, la bicicleta era un símbolo de independencia infantil. Hoy, para muchos chicos y adultos jóvenes, eso es la Internet.
"Esta ocupa mi vida", declara Andrea Thomas, de la Universidad de Miami. "Si no estoy enviando mensajes de texto a mis amigos por el teléfono celular, tengo mi laptop conmigo y estoy conectada con ellos por mensajería instantánea. O estoy realizando una investigación con Google. Honestamente, la única razón por la que alguno de mis amigos del colegio usa la biblioteca es para reuniones grupales".
Jonathan Steuer, estratega de tecnologías para el consumidor de Iconoculture, una empresa de investigación, comenta que aquellos como Thomas están simplemente utilizando las tecnologías de hoy para expresar un sentido de pertenencia que la gente joven siempre ha deseado. "Lo que pone aparte a la generación del milenio es que usan la tecnología para empujar las fronteras de los valores que han sido asociados con su generación en formas no posibles anteriormente".
Para su séptimo cumpleaños, la mayoría de los niños en los Estados Unidos habrán hablado por teléfono celular, jugado juegos de computadora y dominado los aparatos para ver TV a la orden como el TiVo, asombrando a sus técnicamente emproblemados padres. Para los 13 años, dicen los investigadores, los mismos niños habrán pasado por varias ediciones de programas de mensajería instantánea, frecuentado salones de conversación en línea y bajado su primera canción pirata con BitTorrent.
Los miembros de la generación del milenio en secundaria probablemente poseerán una computadora portátil y darán como un hecho el acceso a Inernet de banda ancha en todas partes. Podrían estar también familiarizados con la sensación de "hipnosis de la autopista": la habilidad de manejar o realizar múltiples tareas con poca concienca del proceso de llegar a un lugar.
Sus inevitablemente cortos tramos de atención son el motivo de que Seymour Papert, del Media Lab del Instituto de Tecnología de Massachusets, haya inventado la expresión "mente de saltamontes" hace cinco años, por la inclinación de saltar rápidamente de un tema a otro. Matemático y fundador de la inteligencia artificial, Papert se refirió a los efectos de este comportamiento desde 1995, en un testimonio ante el Congreso acerca de la tecnología y el aprendizaje.
La facilidad para la tecnología entre la generación del milenio no es genética; ellos se sienten a gusto con las computadoras simplemente porque son productos de su entorno y crecieron en un mundo cada vez más digitalizado. Aun así su inmersión en la Era de la Información no es siempre positiva.
Por ejemplo, es casi imposible proteger a los niños pequeños de detalles horripilantes en las noticias, y esta es una generación que ha crecido con la matanza de Columbine, Alertas Ambar, Septiembre 11 y al menos una guerra del Golfo Pérsico. La exposición a eventos impresionantes en línea puede ser también exacerbada involuntariamente por padres que restringen a sus hijos a actividades dentro de casa debido a los cada vez más extendidos temores acerca de secuestros y agresiones sexuales.
Para sus predecesores de la Generación X, los centros comerciales y los cafés estaban entre los pocos santuarios lejos de casa. Pero muchos propietarios han reducido la cantidad de tiempo que los adolescentes pueden pasar en esos negocios, dejando al cyberespacio como el sitio de elección donde los jóvenes pueden empezar a ejercitar su independencia.
Danah Boyd, una estudiante de doctorado en la Escuela de Información de la Universidad de California, quien también trabaja en Yahoo Research en Berkeley, ha estado estudiando cómo los adolescentes utilizan la tecnología y ha identificado sus actividades primarias como chatear con mensajeros instantáneos y teléfonos móviles, jugar videojuegos, bloguear con herramientas como LiveJournal y socializar en redes como MySpace.
"Noventa por ciento de su conversación carece de contenido: es una recapitulación del día y una forma de entender el mundo en el que están viviendo", explica Boyd.
Pero entre esta aparentemente vacía conversación hay información significativa. Los jóvenes de hoy buscan entre ellos las noticias y los hechos en forma muy parecida a como los muchachos de otra era la buscaban en sus padres y maestros, leían los periódicos y veían los noticieros de la televisión.
"No puedo recordar la última vez que tomé un periódico", declaró la estudiante universitaria Thomas.
Steuer de Iconoculture explicó que las formas de consumir noticias que se están desarrollando están directamente relacionadas con la interactividad.
Los educadores están también buscando el rol que el crecimiento de esas redes sociales representa en la vida de los niños; y no siempre aprecian su influencia.
Muchos maestros de inglés se burlan abiertamente de la Internet en general como un obstáculo al desarrollo mental. La Web y sus miles de millones de páginas no tienen un estándar universal para escritura y comunicación, alegan, y los jóvenes pueden fácilmente desarrollar malos hábitos en una etapa en que no saben qué es un homónimo o cuándo una frase va con mayúscula, coma o punto y coma.
"Esta es una bastardización del lenguaje", declaró un maestro del área de la Bahía de San Francisco. "Hace normal para ellos el ignorar los convencionalismos".
Otros alegan que tales críticas son inútiles, dado que la tecnología llegó para quedarse. En vez de ello, estos maestros se preoupan porque las escuelas no están tomando la iniciativa con el potencial de la Internet para ayudarles a sus estudiantes a aprender.
Andrew Davis, que da clases de estudios sociales en secundaria, comenta: "Ellos están aprendiendo de manera independiente nuevas formas de expresarse que causarán un cambio en la definición de la escritura. Se está desarrollando nueva forma de escribir que es informal. Tienes este inmenso mar de posibilidades con la Internet, y los buenos maestros no tienen tiempo para navegar en ese mar. Me temo que, mal utilizada, la Internet se volverá como la televisión 20 años después".
Algunos observadores no piensan que esto pueda ser lo peor que pudiera suceder. Steven Johnson, autor de "Everything Bad Is Good for You", expone en su libro que los videojuegos, la reality TV y otros presuntos villanos de la cultura popular en realidad nos están haciendo más listos. Una razón es que la interactividad digital nos obliga a una constante toma de decisiones.
"Por décadas hemos trabajado bajo la suposición de que la cultura de masas sigue un camino declinante hacia estándares del mínimo común denominador, presumiblemente porque las 'masas' buscan placeres tontos y simples y las empresas de medios de comunicación quieren darle a las masas lo que piden. Pero de hecho está sucediendo lo opuesto. La cultura se ha vuelto más demandante intelectualmente. Creo que es una fuerza benéfica: agudizando nuestras facultades cognitivas, no atontándolas", escribe Johnson.
La generación del milenio parece estar de acuerdo. Cuando se le preguntó a un grupo de escolares en Maryland si comprendían la tecnología mejor que sus padres, contestaron al unísono con un resonante "¡Sí!".
"Yo puedo arreglar la computadora pero mi mamá no puede", dijo Jamie de 8 años, quien comentío que su tecnología favorita era la videoconferencia "porque es divertido hablar con alguien a cientos de estados de distancia".
Su amigo Zeik agregó: "Mis papás ni siquiera pueden jugar videojuegos".
¿Pero qué sucede con la calidad del pensamiento como resultado de esas sinapsis cerebrales hiperactivas? Después de estudiar como las adolescentes interactúan con la tecnología, la investigadora Wendy March comentó que eran tan adeptas a teclear en la computadora que ya no tenían que pensar. Como resultado estaban frecuentemente en piloto automático.
"Algunas muchachas hablaron acerca de alejarse de la computadora para obligarse a pensar acerca de sus ensayos escolares de una forma diferente, para poder concentrarse en pensar en lugar de en el proceso", agregó March quien ha estado haciendo su investigación como diseñadora de interacción para la unidad de investigación People and Practices de Intel. "Ellas se han dado cuenta de que la habilidad tecnológica no lo es todo. Y ellas han bajado la velocidad".
Ese sentir fue ilustrado en la pared de una laboratorio de cómputo en la escuela Hamlin para niñas en San Francisco, donde un anuncio previene contra esta tendencia, al menos en broma: "Precaución: Esta máquina no tiene cerebro, utilice el propio".
Las adolescentes han sido especialmente receptivas a la influencia de la tecnología, dicen los investigadores, porque tienden a ser altamente comunicativas y usan constantemente sus teléfono móviles. Para privacidad, prefierene los mensajes de texto en una mensajería de Internet.
"Es una manera diferente de crecer", declara Brinkman de MySpace. "Es como el teléfono para nosotros. No podías imaginarte funcionando sin él. La combinación de celular, mensajería de Internet y Web, y cada vez es más de esta forma. Cada sucesiva generación va a serlo más".
Como March anotó: "La tecnología no cambia lo que hacemos. Nos permite hacerlo de formas ligeramente diferentes".

Stefanie Olsen
(v.News.com, 18 de noviembre de 2005).


"Nací antes de la televisión, las vacunas contra la polio, las comidas congeladas, la  fotocopiadora, los lentes de contacto y la píldora anticonceptiva. No existían los radares, las tarjetas de crédito, el rayo laser, ni los patines en línea. No se había inventado el aire acondicionado, el lavavajillas, las secadoras (las prendas se ponían simplemente a secar al sol)."
"El hombre todavía no había llegado a la Luna y no existían los aviones de propulsión a chorro para pasajeros. Tu abuelo y yo nos casamos y después vivimos juntos, y en cada familia había un papá y una mamá. 'Gay' era una palabra respetable en inglés que significaba una persona contenta, alegre y divertida, no homosexual. De lesbianas, nunca habíamos oído hablar y los muchachos no usaban pendientes. Nací antes del ordenador, las dobles carreras universitarias y las terapias de grupo."
"La gente no se analizaba, salvo que el médico les ordenara un examen de sangre o de orina. Hasta que cumplí 25 años, llamé a cada hombre 'señor' y a cada mujer 'señora' o 'señorita'. En mis tiempos la virginidad no producía cáncer. Nuestras vidas estaban gobernadas por los 10 Mandamientos, el buen juicio y el sentido común. Nos enseñaron a diferenciar entre el bien y el mal y a ser responsables de nuestros actos."
"Creíamos que la comida rápida era lo que la gente comía cuando estaba apurada. Tener una relación significativa era llevarse bien con primos y amigos. Tiempo compartido significaba que la familia compartía unas vacaciones, no un chalet. No se conocían los teléfonos inalámbricos y mucho menos los móviles. Nunca habíamos oído hablar sobre la música estereofónica, las radios FM, cassettes, CD's, DVD's, máquinas de escribir eléctricas, calculadoras (ni siquiera mecánicas,y menos aún, las portátiles)."
"A los relojes se les daba cuerda cada día. No existía nada digital, ni los relojes ni los indicadores con numeritos luminosos en los artefactos del hogar, ni en las máquinas. Hablando de máquinas, no existían los cajeros automáticos, los hornos microondas ni las radio-reloj-despertador. Para no hablar de los video-cassettes o las camaras de video. Las fotos no se veían al instante y en colores. Había sólo en blanco y negro y su revelado y copiado tardaba más de 3 días."
"Si en algo decía 'Made in Japan' se le consideraba de mala calidad y no existía 'Made in Korea',  ni 'Made in Taiwan', ni 'Made in Thailand'. No se había oído hablar de 'Pizza Hut', 'McDonald's', del café instantáneo, ni de los edulcorantes artificiales. Había tiendas donde se compraban cosas por 5 y 10 pesetas. Los helados, los boletos de autobús y las gaseosas: todo costaba 1 peseta.  En mi tiempo, 'hierba' era algo que se cortaba y no se fumaba; 'Coca' era una gaseosa y la música de rock era lo que hacían las mecedoras de las abuelas. Nunca habíamos oído hablar de 'chip' , 'hardware' o 'software'. Fuimos la última generación que creyó que una señora necesitaba un marido para tener un hijo."
- Ahora dime, ¿cuántos años crees que tengo? le preguntó la abuela a su nieto.
- ¡Uy!... abuela... ¡Más de 200 años! contestó el nieto.
- No, querido... ¡solamente 56!
Dicen los que dicen y dicen bien que "un hombre no es viejo mientras pueda ser emocionado por una mujer de su misma edad".

Adolfo Martínez López
(v.pág.5-A del periódico El Informador del 22 de mayo de 2006).


Tres ancianos, amigos de viejos tiempos, se encontraron un día después de muchos años de no verse. "Yo -dice uno muy orgulloso- tengo 82 años. Hace cinco me casé con una muchacha de 20. ¡Y acabo de ser padre de un robusto bebé que pesó más de 3 kilos!" "Pues yo -se jacta el segundo, muy ufano también- tengo 84 años. Hace seis me casé con una chica de 18. ¡Y acaba de hacerme papá de una niña de casi 4 kilos!" El tercer señor no decía nada. Callaba nada más. "¿Y tú, viejillo? -le preguntan los otros-. ¿No tienes nada que contar que te haga sentirte tan orgulloso como nosotros?" "Creo que sí -responde el veterano-. Pero mi experiencia es un poco distinta a la de ustedes. Paseaba el otro día por el campo cuando vi salir un conejo de entre los arbustos. Mi instinto de antiguo cazador me hizo llevarme a la cara el bastón, como si fuera un rifle, y hacer como que disparaba sobre el animalillo. Para mi sorpresa el conejito cayó muerto patas para arriba. En eso salió otro conejo del matorral. Otra vez levanté el bastón, hice ¡pum!, y el segundo conejito también cayó muerto. Estaba yo muy asombrado de lo que había pasado, me sentía muy orgulloso de mí mismo. Pero en eso volví la vista hacia atrás y me di cuenta de que dos hombres jóvenes habían disparado sobre los conejitos con rifles de verdad. Con eso, amigos míos, ya no me sentí tan orgulloso"...

Armando Fuentes Aguirre "Catón"
(v.pág.9 del periódico Mural del 17 de agosto de 2006).


Dos ancianitos se encontraron en el parque. Le pregunta uno al otro: "¿Cómo estás?" "Muy mal -responde con acento de quejumbre el otro-. La artritis me atormenta; las reumas me matan; el lumbago no me deja estar...". "Pues yo -declara el otro viejecito-, me siento como un bebé recién nacido". "¿De veras?" -se asombra el primero. "Sí -responde el ancianito-. Sin pelo, sin dientes, y me acabo de hacer pipí"...

Armando Fuentes Aguirre "Catón"
(v.pág.7 del periódico Mural del 7 de septiembre de 2006).


Los alumnos que entran a la universidad este otoño no cuentan con recuerdos personales de la alegre destrucción del Muro de Berlín en 1989, mucho menos de los 40 años anteriores de lucha contra el sistema soviético durante los cuales la supervivencia de una Europa libre dependió de su alianza con los Estados Unidos.

J.F.O.McAllister
(v.pág.54 de la edición internacional de la revista Time del 9 de octubre de 2006).


Síntomas de la "Sefuela"
  1. Si un café exprés produce insomnio.
  2. Si una cerveza lleva directo al baño.
  3. Si todo parece muy caro.
  4. Si cualquier babosada causa enojo.
  5. Si todo pequeño exceso provoca aumento de peso.
  6. Si partes del cuerpo son de metal (cabellos de plata, dientes de oro, marcapasos de titanio, etc.).
  7. Si se hace el amor casi tres veces por semana (casi el lunes, casi el miércoles, casi el sábado), pero completo nunca.
  8. Si la carne da gastritis, el chimichurri irrita y el ajo se repite.
  9. Si la sal eleva la presión.
  10. Si al mesero se le pide una mesa lo más lejos posible de la música y de la gente.
  11. Si atarse los cordones de los zapatos da dolor de cintura.
  12. Si la TV adormece.
  13. Si hay que usar varios pares de anteojos (de lejos, de cerca, de sol, etc.).
  14. Si es llamado "señor" o "señora" en todos lados.
  15. Si aquejan dolores cuya causa es desconocida.
  16. Si se llora por cualquier cosa.
Es prueba irrefutable de que usted padece SEFUELA (se-fue-la juventud).

(V.pág.160 de la revista Selecciones de marzo de 2007).


Un hombre mayor invita a cenar en su casa a un viejo amigo, y mientras comparten la mesa le cuenta que está tomando unas excelentes pastillas para la memoria.
-¿De veras? ¿Y cuáles son esas pastillas?- inquiere con interés el amigo.
El señor se queda callado durante unos instantes, pero luego su rostro se ilumina y entonces pregunta:
-¿Cómo se llaman esas flores que tienen espinas?
-¿Te refieres a las rosas?- responde el amigo.
-¡Sí, las rosas!- exclama el anciano, quien se vuelve hacia la cocina y le pregunta a gritos a su esposa: -Oye, Rosa, ¿te acuerdas cómo se llaman las pastillas que me recetó el doctor para la memoria?

(V.pág.65 de la revista Selecciones de abril de 2007).


Mi papá y los 45

No, mi papá no tiene 45 años. Cuando los tuvo yo andaba por los 5. Hace ya casi 30 agostos. No. En julio 8 llega a los 75. Pero toda esta cuestión de números, después de tantos años de convivencia, se reduce a la cifra del principio: 45. Esos son los kilómetros por hora, cuando lo hace rápido, en los que mi papá se conduce con su impecable Sentra rojo por la ciudad. Una urbe en la que los automovilistas andan, sí, 45 kilómetros por hora, pero arriba del límite permitido. No se puede de otra manera. Pero él sí puede. Con tranquilidad, después de ser un cafre, amo y patrón de las calles tapatías desde su arribo de San Juanito allá por los cincuenta, hasta finales de los noventa, cuando un absurdo tumor en el cerebro casi lo deja fuera de combate. Le paró la actividad trepidante que solía moverlo por la ciudad y sus carreteras aledañas, pero no le paró la vida.
Hace más de un año, tras una depresión tenaz que sufrió luego de sendas operaciones al inoportuno tumor, emergió de las tinieblas. Literalmente. Volvió. Papá reloaded. Don Miguel recargado, dándole de latigazos a todo aquel con quien las cuentas quedaron pendientes. ¡Zaz, zaz! ¡Aguas!, ahí viene don Miguel. Pero don Miguel es un hombre de 45. Hace unos días, mi auto se descompuso. Se deschabetó. Mi papá me hizo el favor de llevarme a dejar a mi hijo en la escuela y después me condujo al trabajo. Las calles del recorrido incluyen unas desaforadas Federalismo e Hidalgo, una tolerante Luis Pérez Verdía, y una fluida Alemania. ¡Zaz, zaz! Todas a 45 km/h como máximo. Don Miguel no escucha los claxon (sic), no le interesan. El sólo está al pendiente del semáforo y de no agandayarle el espacio a otro automovilista. Deja pasar motos y bicicletas con particular respeto y ya no reniega por los topes. "Cuando sea presidente de la república voy a quitar todos los malditos topes de todo el país", decía en los ochenta.
Sólo espero que él siga practicando lo único que como automovilista le aprendí, no porque no sea un buen maestro, sino porque no fui su mejor alumna: esa búsqueda de calles alternas, de atajos solitarios, sin tráfico desalmado. Porque sus 45 km/h hace mucho, mucho tiempo, dejaron de ser respetados por los potenciales asesinos de minibús, por las amas y señoras descerebradas de camionetota, por los juniors del vocho moderno, el Chevy, y por una fauna inacabable de conductores que no aspiran a llegar a los 75 años de edad conduciendo el auto que toda la vida les llevó cuidar.

(V.pág.2 del suplemento "ocio" del periódico Público del 6 de abril de 2007).


Erase una vez un niño que vivía entre mocosos envidiosos que le robaban y maltrataban sus juguetes pese a que éste, dadivoso, sacaba al patio su arsenal de juguetes para compartirlos con ellos.
Las imágenes de Superman, Batman y Robin, Flash Gordon y Mandíbula, El Santo, Chespirito, El Loco Valdés, La carabina de Ambrosio y hasta Olga Breaskin con violín al hombro llenaban la mente de aquel chamaco. Pero también lo invadían el montón de comerciales acerca de las novedades jugueteras.
Entre los juguetes más buscados estaban los de Exin: el Tente y el Meccano. Uno de piezas de plástico que formaban castillos, casas o barcos, por ejemplo, y el otro con piezas de metal, tornillos, tuercas y llavecitas para armar grúas y otras figuras.
Cómo no recordar a Chabelo montado en un carro deslizador Avalancha. Lo mejor era empujar a otro. La idea era "te empujo fuerte y cuando diga ya, frenas y das el volantazo". El chofer botaba por un lado y la Avalancha hacia otro, ahí estaba lo divertido. La Avalancha fue construida por Hierro-Mex y presentada durante la Feria del Hogar de 1965. Al principio fue bautizada como "Supermóvil Avalancha".
Otros clásicos de entonces fueron las autopistas Scalextric. Eran la escala de pistas como la de Le Mans. Cada una se identificaba como GP y un número, el cuál indicaba el circuito y los tipos de piezas (curvas, puentes, cruces, etcétera) que contenía el estuche. La GP 90 era la más grande, aunque había un modelo de lujo en portafolio de madera y algunas piezas y autos exclusivos.
De entonces, cómo olvidar la consola portátil de Mattel Electronics: soccer, beisbol o football, que fue la más popular. Apareció en 1976 en Estados Unidos y un año después en México. Tres botones hacían los movimientos hacia delante, arriba y abajo (la serie gringa tenía 4 teclas, una con la que se retrocedía). Tenía dos niveles. El jugador competía contra la máquina. Se dice que Mattel obtuvo cerca de 400 millones de dólares en ventas.
Al estrenarse Star Wars (1977) apareció en el mercado una dizque espada láser: se trataba de una lámpara de pilas con un tubo blanco y papelitos de celofán de colores que simulaban el arma. Pero la locura fue la línea de juguetes de la película: Joda, C3PO, la Princesa Leia, Luke Skywalker, El Halcón Milenario, Han Solo o Chewbacca o los Stormtroopers.
En México los fabricó Lili-Ledy y actualmente es una de las ediciones más buscadas por los coleccionistas, y cada muñeco llega a ser cotizado hasta en 15,000 pesos.
Luego, al iniciar la década de los ochenta, apareció el Atari 2600. Fue la base de los actuales juegos de video. Los personajes estaban realizados en dos dimensiones, muy básicos, en enormes "pixeles" con resolución de 16 colores y una deficiente calidad de sonido. Costó alrededor de 199 dólares y para jugarlo se requerían de cartuchos. Aquella consola negra, de la segunda generación de videojuegos, fue lanzada en octubre de 1977 como Atari VCS por Video Computer System (en México se podía conseguir en la fayuca), y se vendía acompañada de dos joysticks y un juego (el más popular fue Space Invaders). El Fabuloso Fred es un clásico. Todo mundo lo quiso tener. Se inventó en Japón, en 1980, por la empresa Mego y en México lo distribuyó Ensueño. Era una máquina con 9 grandes teclas de colores que emitían distintos sonidos; venía en una caja de unicel con tapa de cartón y acompañada de fichas y muñequitos de beisbol, además de su instructivo y un tapete de cartón que simulaba un campo de beisbol. Se podían jugar 10 diferentes actividades: órgano electrónico, máquina de música, juego de memoria, submarino y atrapa la nave espacial, por ejemplo.
No obstante que era fácil de conseguir y resultaba muy barato, el Rubik Cube también es un clásico. Lo inventó Erno Rubik, un apasionado de la geometría originario de Budapest. Aunque la patente es de 1975, fue hasta finales de esa década que comenzó la producción masiva del cubo de colores. En los ochenta apareció en nuestro país, convirtiéndose de inmediato en un éxito y en el entretenimiento de moda entre niños y adultos.
Finalmente, hay que recordar el tanque de Batman y Robin, Batrax, lanzado al mercado a principios de los ochenta por Muñecos y Juguetes Ensueño. Era una especie de tanque de guerra negro, algo así como un auto a control remoto pero sin control remoto, pues se programaba mediante un teclado en la parte posterior del carro; las 6 flechas hacia las cuatro esquinas, y hacia arriba y abajo, se tecleaban y se grababan con un botón que decía "reprograma", y al encenderse el coche, sin mayor chiste, empezaba a caminar.
Hoy, la tecnología ha hecho de los juguetes productos desechables. Más que disfrutarlos pareciera que el objetivo es devorarlos y pasar al siguiente. El coleccionismo se transformó en mercadotecnia: las ediciones especiales no lo son, ya que son resultado de un plan comercial estratégicamente diseñado. Así, las rarezas o aquellas series de juguetes defectuosas que circulaban mientras los fabricantes se percataban de ello, dejaron de existir debido a que los controles de calidad le quitaron el encanto a los detalles y le dieron paso a la producción en masa y la perfección mecánica.

Mario Villanueva S.
(v.pág.42 del periódico Público del 29 de abril de 2007).


Una persona descubre que está envejeciendo de manera acelerada y sin remedio cuando el médico ya no se toma la molestia de sacarle una radiografía. Simplemente lo examina a contraluz.

Johanna Hoggard
(v.pág.90 de la revista Selecciones de mayo de 2007).


El problema era la evangelización intensiva a la que nos sometía [mi madre] sin que nosotros pudiéramos acudir a quejarnos a la Profeco, o a Derechos Humanos, porque no había instituciones así y porque en aquellos tiempos los niños éramos un poco más que muebles y un poco menos que perros.

Germán Dehesa
(v.pág.1 de la sección "Comunidad" del periódico Mural el 10 de mayo de 2007).


Una mujer aguardaba en el consultorio de un dentista para su primera cita con él. Al ver su foto en un diploma que cuelga en la pared, se acuerda de un joven guapo y de pelo oscuro que fue su compañero en el bachillerato 40 años atrás. Llena de emoción, se pregunta si será el mismo joven, pero al ver que el médico es medio calvo, canoso y arrugado, descarta la idea.
Sin embargo, no quiere quedarse con la duda y al acabar la consulta le pregunta si por casualidad asistió a cierta escuela.
-Sí, soy un exalumno- responde el dentista.
-¿Cuándo se graduó?
-En 1965. ¿Por qué?
-¡Es que estabas en mi salón!
Entonces él la mira de cerca y le pregunta:
-¿De veras? ¿Y qué clase dabas?

(V.pág.56 de la revista Selecciones de junio de 2007).


Los cumpleaños son buena cosa. Cuantos más celebras, vives más tiempo.

Ruco anónimo


El marido, para mortificar a su mujer con una broma, le anunció: "Me marcho a Australia. Dice este periódico que allá son tan escasos los hombres que las mujeres pagan 100 dólares porque les hagan el amor". "Voy contigo" -responde de inmediato la mujer. "¿A qué vas? -replica el hombre-. Aquí no dice que hagan falta mujeres". "Voy por pura curiosidad -responde ella-. Quiero ver cómo vas a mantenerte con 200 dólares al año"...

Armando Fuentes Aguirre "Catón"
(v.pág.7 del periódico Mural del 9 de agosto de 2007).


A partir de una cierta edad no hay nada que aterre más como el paso del tiempo. Y vaya que ha pasado... Ultimamente sientes que vuela, por más que quieres retenerlo tienes la sensación de que se te escapa por entre los dedos. "Ya no hay tiempo, ya no hay tiempo", te repites obsesivamente. A tu edad ese tipo de reflexiones también son normales... El tiempo, he allí un concepto que en los últimos meses te está dando muchas vueltas en la cabeza. "¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Qué tan rápido está pasando? Y, ¿cuánto falta por pasar?".
Sí... el tiempo pasa volando, sobre todo a tu edad. "¿Cómo que tengo tantos años si soy la menor de mis hermanos?", insistes ilusamente en preguntarte. En efecto, seguirás siendo la séptima de tu familia, pero eres la número siete ya entrada en la tercera edad. ¿Recuerdas lo que te pasó hace apenas unos meses? Un sábado por la noche te dirigiste a la taquilla de boletos del cine de arte de Polanco. El joven te preguntó que si ya habías cumplido 60 años para que te vendiera boletos de la tercera. Asentiste no sin vergüenza, y al preguntarle si quería que le mostraras tu credencial de elector, te miró, para en seguida decir: "No hace falta, señora, muchas gracias". ¿Cómo que no hacía falta? ¿Qué quería decir con eso? ¿Qué llevabas en la cara la prueba tus seis largas décadas? "¡Qué irrespetuoso!", tuviste ganas de decirle. Pero te contuviste. Indignada como estabas tomaste los boletos se los entregaste a tu marido y se metieron a la sala. Una vez instalados en su respectiva butaca de pronto tuviste deseos de preguntarle a cada uno de los que estaban allí presentes: "¿Verdad que no me veo de 60 años? Por favor dígame la verdad...". Pero no lo hiciste. Te controlaste. Por un momento temiste que hubieran podido estar de acuerdo con el de la taquilla y, eso sí, no lo hubieras podido soportar. Por más que intentabas concentrarte en la película no podías, estabas tan deprimida que ni te comiste tus "palomitas". Claro que nunca le platicaste a tu marido acerca de la impertinencia que había tenido el imbécil de la taquilla. ¿Qué tal si se hubiera reído? O, ¿qué tal si se hubiera quedado callado sin saber qué decirte? Y, ¿qué tal si le hubieras dado tanta lástima y que hubiera terminado por hacer un chiste diciendo o que el empleado estaba ciego o loco, cuando en realidad estaba de acuerdo con él? Tampoco esto lo hubieras soportado. No te preocupes. Es normal. Las personas de tu edad, por lo general, son excesivamente susceptibles.
Tienes razón... el tiempo pasa volando... Pero piensa en todo lo que has aprendido a toooooooodo lo largo de tu laaaaaaarga vida. Estás más sabía. Eres cada día más tolerante. Has madurado. Te has vuelto más respetuosa frente a los que no piensan como tú. Eres una madre y una abuela privilegiada. No obstante aún te falta mucho por lograr: una paz interna. Aún sigues muy dispersa, quieres hacer demasiadas cosas y esto, a tu edad, ya no es tan factible. Debes, a como de lugar, cambiar tus malos hábitos: comer con más orden, adelgazar, hacer ejercicio. No te olvides de tus divertículos, que ciertamente, no tienen nada de "divertidos"; recuerda tu mala circulación, de tu vista cada vez más cansada. Cuidado con las caídas, un mal paso a tu edad puede ser ¡nefasto! Piensa que tus huesos seguramente están enfermos de osteoporosis. Como tú, ellos también han envejecido...
Olvidémonos de tus males y permíteme regalarte, de cumpleaños, una noticia extraordinaria. ¿Por qué, ahora que has llegado a ser una respetable Persona Adulta Mayor, no te haces de una credencial de la Inapam? Créeme que gracias a ella podrás obtener muchísimos beneficios: acceso a los 118 clubes de la tercera edad en el Distrito Federal. Descuentos que van del 5 al 50% en: farmacias, ópticas, mueblerías y en restaurantes como: California, Vips, Toks, Bisquets Obregón. También con descuento podrás pagar tu predial y agua potable. Podrás renovar tu pasaporte con 50% y el transporte público limitado a dos pasajeros por viaje foráneo; además del Metro de la Ciudad de México. Los descuentos del 100% los tendrás en: museos, espectáculos y galerías de la UNAM, el INBA y el INAH, entre otros. Podrás desayunar con descuento en todos los Sanborns. Podrás comprar tu pan más barato en El Molino y tus pizzas en Papa John's y Benedetti's. Podrás adquirir los libros casi regalados en las librerías de Cristal, El Sótano, en el Fondo y en Porrúa. Y viajar, por una suma muy económica, en líneas aéreas como Azteca, Mexicana de Aviación y Aviacsa. Y por último... con tu tarjeta, tus familiares podrán pagar tu funeraria con casi 50% de descuento.
¡¡¡Muchas felicidades!!!

Guadalupe Loaeza
(v.pág.8 del periódico Mural del 9 de agosto de 2007).


Es muy curiosa, por cierto, esta vocación suicida de nuestra sociedad: los viejos están condenados a la más absoluta ocultación -dejan de existir en vida, se vuelven invisibles y no cuentan para nada- siendo que, en los hechos, la vejez está en el futuro de cada uno de nosotros como una realidad inexorable. Los publicistas ¿ya saben que van a envejecer? Los entusiastas vendedores de mercancías para muchachos desenvueltos (es una extraña paradoja: los chavales no tienen plata para gastar) ¿se han enterado de que algún día estarán postrados en el sofá, mirando con resentimiento sus propios anuncios, aquellos en los que no aparece una persona con arrugas ni por casualidad?
Me pregunto, como en el caso de la moda, quién diseña estas estrategias, quién decide las tendencias, quién determina los gustos. Parece una conspiración. Lo que sí me queda claro es que todos terminamos siendo las víctimas: primero nos enganchan y luego nos dejan tirados. La máquina no para. Es implacable. La gente es la que se va quedando en el camino.

Román Revueltas Retes
(v.pág.4 del periódico Público del 29 de abril de 2007).


Uno cree que ha crecido cuando deja de creer en ciertos villanos. Hay un camino largo y tortuoso entre temer a grito pelado que al pobrecito Jerry se lo coma Tom y, años después, ufanarse de predecir el fin de la película. Piensa uno, envanecido, que al fin ha penetrado la lógica tramposa del mundo real, en contraposición a tantas mentiritas con las que los adultos le entretuvieron mientras les extendió crédito ilimitado.
Descubrir que en la realidad no hay Tom ni Jerry no es decepción menor, si tomamos en cuenta que junto a esa ilusión pierde uno también la noción de justicia que había detrás, pues en la vida real Tom se ha tragado a Jerry, que a su vez acababa de merendarse un sandwich de matarratas. Nada hay tan fácil como hacerse villano una vez que se ha visto y comprobado que más acá de la pantalla no existe propiamente esa justicia, ni aguarda premio alguno a la decencia.
Desde el primer vistazo, la realidad confirma mis peores sospechas. William Hannah y Joseph Barbera decían más verdades que todos los noticieros juntos. ¿Por qué? Porque podían. Uno puede acabar con cualquier villano de la vida real, a condición de antes transformarlo en dibujo animado y plantarle algún nombre simpaticón. Hace unos días, Carlos Marín entraba en pronta polémica por comparar a un par de políticos mandones que a simple vista parecerían escasamente comparables, y ahí es donde nos sirven las caricaturas, pues tanto uno como otro me parecen sintomáticamente parecidos a Pierre Nodoyuna, ese francés tramposo cuyo placer vital no consistía ya en llegar a la meta, como frustrar las carreras ajenas. ¿Cuántos villanos de la vida real no querrían ser temidos como los míticos malos de Disney y terminan haciendo reír igual que los de Hannah-Barbera?
¿Alguien recuerda un solo episodio en el que Silvestre no intentara comerse a Piolín, el Coyote no fuera tras el Correcaminos, o Nodoyuna y su perro Patán pretendieran ganar honestamente? Los políticos -villanos de la edad adulta- suelen ufanarse de su congruencia ideológica, pero lo cierto es que la mayoría solamente es congruente con su naturaleza, de la cual raramente nos toca conocer la mejor parte.
Aun en los tiempos de más férrea censura, las caricaturas son territorio libérrimo, pues sus destinatarios gustan en apariencia de ser engañados, de modo que sólo ellos se las toman en serio. Pero el hecho es que ahí está la realidad, confirmándolas minuto a minuto. Uno sabe por fin que creció en falso cuando vuelve a creer en ciertos villanos. Están todos ahí, clonados, corregidos y aumentados. Sin ellos, por desgracia, no habría show.

Xavier Velasco
(v.pág.44 del periódico Público del 29 de abril de 2007).


Nunca falta alguien así.


Mientras que algunos ídolos musicales han podido desfiar a los años, son los fanáticos griseantes quienes parecen sobreestimar su bienvenida. Michael Eavis, el organizador de 71 años de edad del Festival de Glastonbuty, fue escuchado quejándose de que el evento había perdido su filo en años recientes, siendo invadido por los "de mediana edad" y los "respetables". Iggy Pop, de 60 años, bien puede haber demolido a todos los pretendientes al título de Rey del Peor Rock de Cochera. Pero cuando se tienen 15 años de edad y se ha trabajado duro para aparecer "cool", ¿quién quiere verdaderamente estar en un agujero de locos con un montón de mamás y papás sudorosos aullando "¡Quiero ser tu perro!" - especialmente si son los tuyos?

Michael Brunton
(v.pág.38 de la edición internacional de la revista Time del 27 de agosto de 2007).


Llevaba el viejito un libro bajo el brazo. Le pregunta su vecino: "¿Qué está leyendo, don Vetulio?" "Es un libro de historia" -responde el anciano. "¿De historia? -se sorprende su vecino-. En la portada dice 'Sexo'". "Sí -responde el viejito-. Pero para mí el sexo ya es historia"...

Armando Fuentes Aguirre "Catón"
(v.pág.9 del periódico Mural del 20 de septiembre de 2007).


Estaba un anciando de unos 80 años en la puerta del edificio donde vive tocando el timbre de cada uno de los departamentos. Cuando le contestaban preguntaba por el interfón:
-Disculpe, ¿es usted casada?
-Sí -le contestaban.
-¿Y está su marido?
-Sí aquí está.
-Ah, gracias.
Y siguió haciéndolo hasta que en un timbre, al preguntar por el marido, le contestaron:
-No, ahora no está. ¿Por qué pregunta?
-¿Podría bajar a ver si de pura casualidad soy yo?
Rattán está por cumplir los 60, yo tengo 63. Lógicamente el tema central de nuestras pláticas era la vejez. Todo esto ocurría en un ambiente soleado y alegrado por el constante ir y venir de las rubias jovencitas californianas, radiantes, hermosas y cargadas de energía. Pasaban, nos miraban, nos catalogaban como mobiliario urbano, nos daban la vuelta y se iban. Todo muy deprimente. No es una buena noticia recibir aviso de que en nuestro organismo puede más la flojera que el erotismo. ¿No te duele todo cuando despiertas?, me preguntaba Rattán. No, cuando despierto no; me duele todo el día, como que ya nada se me acomoda bien. ¿Sabes qué, Rattán?, lo que nos falta es compañía femenina. Tasloco, mira cómo quedé en mi último experimento. Las mujeres no descansan más que en la tumba, mientras eso llega siempre están pensando en un nuevo vestido, en un nuevo peinado, en cambiar las cortinas, o en cambiar de señor. Se han vuelto muy peladas. Percibo que el sufrimiento te ha dado la sabiduría, querido Rattán (las muchachitas seguían pasando y eran como palomas de ayer), ¿tú crees que moriremos solos cual perrotes? No. Espero que no. Todavía puede aparecer una señora de buen ver que perciba el tesoro de experiencia, sabiduría y buen humor que somos y se anime a cargar con nosotros. Pero luego van a querer que las lleves de compras ¡o a bailar!, o a conocer el Taj Mahal que a mí maldita la falta que me hace conocer esa sopera gigante. Exacto, o les da por operarse y todas acaban quedando como Lin May. Entonces, ¿qué hacemos? Básicamente, seguirnos quejando y a ver qué va cayendo. El paso de otro batallón de palomas me recordó que ya era hora de ir a recoger a mi conjunto Batachá y hacia allá nos dirigimos muy tomados del brazo (¿no estaremos ingresando subrepticiamente al mundo gay?).

Germán Dehesa
(v.pág.1 de la sección "Comunidad" del periódico Mural el 4 de octubre de 2007).


Ilustración de Waldo Matus
En mis años mozos -allá por el cretácico- era costumbre adquirir revistas que costaban un peso y que hoy la imbecilidad moderna llama "cómics".
En ellas uno podía, de acuerdo a su tabulador social, leer a Memín Pinguin, un niño negro y calvo que tenía tres bolas por nariz; o iniciarse en la ruta de Onán observando a Rarotonga, una mujer también negra nomás que buenísima, con el mismo peinado que los Jackson Five, que vivía semidesnuda en una isla y se enamoraba de un mequetrefe que era médico con cierta propensión al alcoholismo.
Otra revista célebre era Archie en la que se narraban las peripecias de un joven pelirrojo que en este caso se peinaba como las nalgas de una mujer de Botero y que tenía por amigos a un grupo de badulaques entre los que se encontraban Bety (que era buena) y Verónica (que, paradoja de paradojas, era mala pero estaba más buena que Bety). Creo que los guiones eran de mi querido Otto Raúl González, lo que permitía que de cuando en cuando en un suburbio norteamericano y en etapas prebraceras apareciera una Gabriela López, por la que los hombres morían, o un Fedro (en este último caso sospecho que eso fue motivo de despido, ya que nadie se llama así).
En este ramillete de opciones yo prefería las revistas de superhéroes y hoy sospecho que ello se debía a alguna falta de irrigación sanguínea en el hipotálamo, ya que eran pendejísimas. Nunca asimilé en su momento que todos los que rodeaban a Superman eran una nube de imbéciles que no veían lo obvio; cada que pasaba algún mal fario Clark Kent (que era igualito a Supermán pero con lentes y con traje de vendedor de seguros) desparecía y en su lugar arribaba volando el hombre de acero para desfacer entuertos que podían ser variopintos; los más inocuos eran de ingeniería civil y entonces Supermán contenía la grieta de la presa o cargaba el puente colapsado con todo y cristianos.
Los más complejos suponían la lucha con personajes que eran un compuesto químico, concretamente el solvente orgánico que inhalaba el guionista y que producía personajes como un enano que venía de la cuarta dimensión y otro que traía el cerebro de fuera y tenía poderes telequinéticos. Supermán era un héroe con poderes, veía a través de las paredes, volaba y era fuerte como un toro, es por ello que nunca entendí la razón de que existiera Batman y mucho menos Robin, una pareja que, desde mi punto de vista, daba muy mal aspecto. Con ellos inicié la transición de las revistas a la televisión y el resultado fue lamentable. En primer lugar Adam West, el actor que personificaba a Batman, tenía el plexo solar en la garganta y una barriga como de líder de la perra brava. Es por ello que enfundado en mallitas tenía un aspecto temible. Su ayudante (y protegido) era Robin, un jovenazo cuyos tutores de moda eran Salvador Dalí y André Bretón. Ambos personajes tenían los mismos poderes que mi tía Etelvina, nomás que se disfrazaban e invariablemente eran apresados por una serie de villanos inverosímiles entre los que destacaba César Romero, un señor de 70 años que personificaba al Guasón.
Hoy los tiempos han cambiado; hace no mucho acompañé a mis hijos a ver una película alusiva; los X-men o como carajo se escriba. Ahí me enteré que existen unos seres llamados mutantes que se dividen en buenos y malos. Que una notabilidad es que todos tienen facultades especiales; la más buenota crea tormentas, uno en silla de ruedas es poderosísimo y no hay manera de enterarse por qué y otro más tiene unos cuchillotes así de grandes en los nudillos y es el que salva al mundo. Después de salir del cine concluí que estos personajes tienen el sabor de lo moderno y el vértigo que exige la oligofrenia infantil que vivimos. Es por ello que me quedé muy preocupado pensando con nostalgia en Luisa Lane y el Capitán América, pero también con el horror propio de alguien que descubre que está envejeciendo y empieza a joder al prójimo con la monserga de que todo tiempo pasado fue mejor...

Fedro Carlos Guillén
(v.pág.47 del periódico Público del 8 de octubre de 2007).


Aquel tiempo...

Quisiera regresar a aquel tiempo en el que...

Tom & Jerry.
Las decisiones importantes se tomaban mediante un práctico "de-tin-ma-rin... de do pingüe... cu-ca-ra-...

Los errores de gramática se arreglaban arrancando la hoja y haciéndolo de nuevo.

Llenar un frasco con canicas podía mantenernos felizmente ocupados todo un atardecer.
Canicas de flor.
Balero.
El peor castigo y condena era que te hicieran escribir cien veces "No debo de..."
No era raro que tuvieras dos o tres "mejores" amigos o amigas.
Futbolito.
No había nada que fuera más divertido y "prohibido" que jugar con cohetes...
"Tener mucho dinero", solo significaba poder comprar más golosinas jugando a "la tiendita" o una paleta en el recreo.

"Venenosa" se refería solo a un tipo de "alimaña" y no a ciertas personas...

Un peso.
Trompo.
"Policías y Ladrones" era sólo un juego para los recreos ... y era mucho más divertido ser ladrón que policía...
"Es muy viejo": se refería a cualquiera que tuviera más de 16 años.

Las galletas saladas con salsa Búfalo y las frutas con chile piquín constituían el grupo de los alimentos básicos y esenciales.

Muñeca de papel.
Lotería.
Para viajar desde la tierra al cielo, solo tenías que jugar a que eras "astronauta o superhéroe"...
Era ideal jugar un partido de volleyball sin red y que las reglas no importaran demasiado...
Matatena.
La pequeña Lulú y Tobi.
Lo peor que te podía ocurrir con el sexo opuesto era que te rechazara para los juegos de parejas, el "burro castigado o el Club de Tobi".
Haber llevado un arma a la escuela significaba "que te habían atrapado con una resortera..."

Siempre descubrías tus nuevas capacidades y habilidades a causa de un "a que tú no puedes"...

Resortera.
Pepsicola.
"El último dispara los refrescos" era el grito que te hacía correr como un desaforado hasta que sentías que se te reventaba el corazón...
Para transformar tu "bici" en una poderosa "máquina" solo había que colocarle un globo entre los rayos de la rueda.
Damas chinas.
Dulces.
Nunca faltaban Gansitos, Palelocas, ni la moneda debajo de la almohada que te dejaba el "Ratón Pérez" a cambio de tus "dientes de leche"; eras de otro mundo si te dejaba un billete.
Tu peor "desilusión " era ser elegido al "último" para los equipos y juegos de tu escuela.
Yoyo Coca-Cola.
Serpientes y Escaleras.
"Guerra", sólo significaba arrojarse trozos de gis y bolitas de papel durante las "horas libres".

Los "globos de agua" eran la más moderna, eficiente y poderosa "arma" que se había inventado.

"La guerra", era algo que había sucedido antes de que naciéramos y que nunca volvería a suceder...

No había nada mejor que las tardes del verano para una cascarita en la cuadra o esperar para ver pasar al vecino o vecina que tanto te agradaba...
Amor es...
La familia Telerín.
Si puedes recordar la mayoría de estas cosas, entonces significa que realmente has estado ¡vivo!
Topo Gigio.
Disco de 45.

Recuerdos.


Me siento grandioso, y tengo sexo casi cada día. Casi en lunes, casi en martes, casi en miércoles...

Jack Lalanne, gurú de la condición física, al cumplir 93 años
(v."Verbatim" de la edición internacional de la revista Time del 15 de octubre de 2007).


Allá por los 50s y principios de los 60s, no era ilegal ni descuidado por parte de los adultos decir que los niños deberían verse pero no oírse. A los niños se les dejaba ser niños mientras corrían por los alrededores jugando a las escondidas bajo las estrellas, sin preocupación de que fueran a secuestrarlos, molestarlos u organizarlos en actividades juveniles, mientras sus padres bebían cerveza o refresco jugando baraja con sus amigos después de haber lavado a mano los platos. Nadie se sentía desatendido, y nadie llamaba a los servicios de protección de infantes.

Grey Joseph, de Glendale, Ariz.
(v."Inbox" de la edición internacional de la revista Time del 22 de octubre de 2007).


Viejos, aterrorizados por las marcas del tiempo, un día deciden teñirse las canas... y luego se ofenden porque el espejo les grita que no parecen jóvenes; que parecen lo que son: viejos con el pelo pintado.

Jaime García Elías, periodista y conductor radiofónico
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 13 de noviembre de 2007).


Decía una señora: "Mi esposo se parece a los gallos viejos". "¿Cómo son los gallos viejos?" -le preguntaba una amiga. Y decía la señora: "Nada más se les suben a las gallinas para que los paseen"...

Armando Fuentes Aguirre "Catón"
(v.pág.11 del periódico Mural del 15 de noviembre de 2007).


Primero... luego... y hoy.

(V.pág.4-A del periódico El Informador del 26 de diciembre de 2007).


Pastel

(V.pág.7-D del periódico El Informador del 22 de enero de 2008).


El señor y su esposa se hallaban en la cama viendo una película en la tele. Apareció de pronto una candente escena de erotismo. El hombre, sin quitar la vista de la pantalla, le puso la mano en el muslo a su mujer; luego subió la dicha mano y le tentó el busto; la bajó luego para tocarle la cintura, y en seguida llevó la mano más abajo, a otra parte de mayor significancia. Ella se emocionó bastante, pues mucho tiempo hacía que su esposo no daba señas de sensualidad. Siguió él palpándola por todos lados, de modo que creció la excitación de la señora. De pronto el marido se vuelve a ella y le pregunta con impaciencia: "¿Dónde diablos está el control de la tele?".

Armando Fuentes Aguirre "Catón"
(v.pág.7 del periódico Mural del 24 de enero de 2008).


En un centro para adultos mayores, dos hombres juegan a diario a los naipes, pero cada vez se vuelven más seniles.
Cierta vez uno le dijo al otro:
-Sé que nos conocemos desde hace mucho tiempo, pero no puedo recordar tu nombre. ¿Me puedes volver a decir cómo te llamas?
Tras un largo y embarazos silencio, el otro anciano responde:
-¿Te urge saberlo ahora?

(V.pág.33 de la revista Selecciones de febrero de 2008).


No acabé de comprender la reticencia de mi amiga hacia los mechones coloreados de su hija, cuando ella misma, en nuestros tiempos, se decoloró y tiñó el pelo de color naranja, a cerval disgusto de su madre. No acaté por qué le atribulaba la entallada camisa de su hija, cuando ella entripó a su madre con aquellas dichosas pantiblusas de encaje que dejaban muy poco a la imaginación y casi todo a la exposición. ¿Cómo era que, ahora, la aprensiva dama intentaba hacer que su retoña regresara a cambiarse aquella falda abierta hasta media pierna, cuando ella misma casi mataba de un infarto a su padre con sus minifaldas? ¿Por qué debía la muchacha acatar la sugerencia de ponerse sólo unos cuantos accesorios discretos, cuando su madre se colgaba la sicodelia entera representada en toda suerte de símbolos?
Sólo porque mi mortificada colega me lo pidió, le di mi opinión sobre la profunda zanja generacional que estaba cavando y me permití recordarle nuestros ayeres setenteros cuando, incluso, nos maquillábamos sin sapiencia ni prudencia y, en cuanto quedábamos fuera del campo visual de nuestros padres y monjas del colegio, nos arremangábamos las faldas hasta que se nos ventilaran las corvas. Evidentemente incómoda, mi otrora cálida anfitriona se dio el levantón de la silla y, pretextando un asunto pendiente, dio por concluida la visita. Puntilloso que es uno, intuí que mis mociones para que evocara su propia rebeldía y se mostrara más comprensiva con su hija acabaron insultando su flaca memoria y haciéndole moño el hígado.

Paty Blue
(v.pág.7-B del periódico El Informador del 11 de febrero de 2008).


Hay un muy estrecho margen entre la sabia ancianidad de los mayores y la necia chochez de los vejestorios.

Jesús Gómez Fregoso, historiador y catedrático de la Universidad de Guadalajara
(v.pág.22 del periódico Público del 22 de febrero de 2008).


Como uno es nostálgico y en ocasiones melancólico, decidí comprar en unos grandes almacenes el DVD de la película Flash Gordon de Dino de Laurentis, con Ornella Mutti, Timothy Dalton y banda sonora del grupo Queen. Yo la había visto en Lima en 1980, cuando tenía 18 años, y me apetecía verla con mi hijo Andrés que acaba de cumplir los 12. Por la carita de mi hijo no sólo deduje que la película había envejecido mal, sino que yo he envejecido peor.
Desde niño me fascinaron las series y películas de ciencia-ficción con héroes de profesión. Perdidos en el espacio, por ejemplo, fue una serie esencial en mi educación sentimental, pues ahí contemplé por primera vez una pistola de rayos láser, por no hablar del robot que chillaba "¡peligro, peligro!" y que de pronto lanzaba unas descargas como para electrocutar monstruos. Recuerdo que en algún hotel de Boston o Nueva York me pasé una semana entera viendo las series antiguas en una cadena llamada Nostalgia Channel, y me tronché de la risa con los decorados de cartón piedra y los patéticos disfraces de aquellos monstruos. Pero no dejé pasar un solo día sin ver de nuevo los viejos episodios de Viaje al fondo del mar, El túnel del tiempo y Perdidos en el espacio. Menos mal que mi hijo Andrés no sabe cómo eran las series de mi infancia, porque entonces perdería el escaso respeto que me queda.
Los fanáticos de los rayos y las odiseas espaciales nos tragamos absolutamente todas las películas del género, y a mí con 18 años me daba igual que Flash Gordon no le llegara ni a la suela a la primera película de La guerra de las galaxias (1977), porque yo no quería que todo lo que brillara fuera láser, sino simplemente que brillara. No obstante, 28 años después La guerra de las galaxias es un clásico y Flash Gordon es lo que ustedes ya saben, pero pinchada en un palo. He visto con mi hijo Andrés las tres de los X-Men, las tres de Matrix y las seis de Star Wars, y por eso me desarmó su pregunta arrasada de perplejidad: "Papá, ¿de verdad que a ti te gustaba esta peli?"
Los niños que ya leíamos cómics en los años sesenta celebramos como un triunfo de nuestra fantasía la primera descarga de rayos ultra, láser, alfa, beta o gamma que vimos en un cinema, porque en aquellos haces luminosos y casi siempre mortíferos había una suerte de pacto entre la magia y la tecnología. En cambio, los niños de hoy asumen que no hay nada más normal que un rayo y pasan de todo lo que uno les compra y que en realidad le regalamos al niño que fuimos:
-Andrés, cuando yo era chico soñaba con tener un láser.
-¿Tú querías ser oculista, papá?
-No, yo quería luchar contra los marcianos. -¿Y en el cole no te enseñaron que en Marte no hay vida?
Me apena pensar que autores como Julio Verne puedan ser cancelados por los efectos especiales de las modernas películas, pero quiero creer que el cine podría ser el más poderoso estimulante de la lectura para los niños. Pienso en la trilogía de El señor de los anillos y en lo que podrían suponer nuevas versiones cinematográficas de Moby Dick, Simbad y Viaje al centro de la Tierra. ¿No es terrible que millones de niños hayan visto concursos estúpidos como La isla de los famosos o Supervivientes y que ignoren la existencia del Robinson Crusoe?
Mientras tanto, espero que George Lucas se anime de una vez por todas a dirigir una película de Flash Gordon, porque me urge recuperar mi autoestima paterna.

Fernando Iwasaki
(v.pág.4 del suplemento "Visor" del periódico Público del 6 de abril de 2008).


En la década de los 60, la gente consumía ácido para volver extraño al mundo. En la actualidad, el mundo es extraño y la gente toma Prozac para volverlo normal.

(V.pág.57 de la revista Selecciones de abril de 2008).


Para aquellos tapatíos que nacimos en la década de los 60, es un lugar bastante común platicar con las nuevas generaciones y de repente darnos cuenta [de] que nos miran con la misma cara que yo miraba a mi abuelo cuando me contaba sus anécdotas de juventud: ¡Atónitos!...
Hablar de Guadalajara con una persona que tiene escasos 20 años de edad es casi como platicarle de una ciudad remota, distante y en algunos casos inexistente. No entienden que Maxi era la palabra equivalente a supermercado, que había 2 visitas obligadas al año a la calle Colón 710 donde se ubicaba La Colonial de Mexicaltzingo: una, en la temporada de uniformes escolares y la otra, mucho más entretenida, en la Navidad, para ver los juguetes que le pediríamos al Niño Dios, no a Santa Claus.
Mayco, Flores Palos -donde todo se comparaba con un peso de enganche-, Hemuda, Farmacias Levy, el Nuevo París, Mujercitas o Franco no tienen para ellos sentido alguno, a pesar de haber sido prestigiados establecimientos donde los tapatíos comprábamos desde víveres hasta la ropa de última moda en abonos semanales, no en "cómodas mensualidades".
Para ellos la avenida Lafayette no existe, menos aún tienen noticia [de] que perdura a la fecha, sólo que ahora conocida con el nombre de Chapultepec, por lo tanto, no tiene idea [de] que Novedades Bertha estaba localizada "donde termina Lafayette y empieza su economía". No saben cuál es la calle de Tepic que viene a ser la misma que Costa Rica y algunos cuantos conocen como Francisco Javier Gamboa. Un tapatío genuino sabe que muchas calles de nuestra ciudad tienen 3 nombres: el que una vez tuvieron, por el que todos las conocen y el que tienen actualmente. Desconocen que Tolsa pronunciado así y no Tolsá -como se pronuncia correctamente el nombre del célebre arquitecto del Hospicio Cabañas- junto con Munguía es la que hoy conocen con el nombre de Enrique Díaz de León.
Y por si fuera poco, piensan que el País de Magusín nunca existió...

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 12 de abril de 2008).


Se burlan porque no existía el fax (y a lo mejor ni saben lo que fue), tampoco la internet o los teléfonos celulares. Desconocen que para escuchar música, teníamos pocas alternativas comparadas a las de hoy día; la primera: la radio con muchas estaciones con música mexicana donde en todas cantaban Javier Solís y Pedro Infante, y unas cuantas en inglés donde cantaban los Carpenters, los Bee Gees y muchos más. La segunda: los discos de acetato de 33 o 45 revoluciones que se escuchaban en tocadiscos.
Ni la menor idea tienen de que dentro de nuestros automóviles había una manivela para bajar la ventanilla y que salvo aquellos modelos muy elegantes que salían sólo en las películas, el aire acondicionado consistía precisamente en bajar o subir dicha manivela manualmente para subir o bajar el vidrio. Se perdieron la oportunidad de suspirar por un Barracuda, un Ford Pinto o un Super Bee. Tampoco tienen noticias de que existió una marca de autos llamada "Rambler", que eran horribles, aunque debo reconocer que se salvaron de conocer el Pacer, a mí también me hubiera gustado ahorrarme esa desagradable experiencia.
Si hablamos de televisión, les resulta incomprensible que sólo existiera una por casa, que en la mayoría de los casos era en blanco y negro. Es inútil tratar de explicarles que eran de bulbos y había que esperar a que se calentaran antes de que apareciera la imagen en pantalla. Muchas familias las compraron de contrabando para ver los Juegos Olímpicos de México en 1968 o la llegada del hombre a la Luna a la que asistimos en vivo y en directo pegados al televisor.

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 19 de abril de 2008).


Sobre el niño tapatío, Chejfec opina que era muy extrovertido, con facilidad para establecer relaciones con terceras personas, sin problemas para hacer una conversación, y cree que ese comportamiento cada vez va disminuyendo y muy probablemente sea por los problemas de seguridad. "Los niños iban a la abarrotera y podían hablar con el encargado de cualquier cosa, incluso de futbol, era otra cualidad, sabían mucho antes y ahora parece que cada vez se habla de más cosas de niños, pero menos de lo que sucede en la actualidad". La realidad es que los pequeños tapatíos se están encerrando en su propio mundo, con difícil acceso para encontrar un espacio dentro de la sociedad tapatía, "Cuando le preguntas a los adolescentes en qué quisieran trabajar, te contestan que no quieren trabajar, cuando a nosotros nos preguntaban eso teníamos bien claro qué es lo que queríamos ser, mi generación quería ser presidente, bombero, policía, las niñas doctoras y enfermeras, ahora no quieren ser nada de eso, dicen que quieren ser músicos de rock, futbolistas famosos, golfistas famosos, pero lo que dicen tiene que ver con los créditos y la fama, no tiene que ver con el liderazgo, nadie quiere ser la Madre Teresa de Calcuta, y en algún sentido nos entristece porque no sabemos cuáles vayan a ser las consecuencias de esta situación".

Gabriel Aguilar
(v.pág.7 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 19 de abril de 2008).


Si les contamos que las transmisiones y la programación empezaban a las 4 de la tarde -nunca antes- y terminaban a las 12 de la noche -nunca después-, es como si les habláramos ya no en chino -porque algunos cuantos de esa generación estudian chino-, digamos en sánscrito... Pero no cabe en la dura cabeza de estos universitarios que sólo hubiera 4 canales de televisión en el menú de opciones y, por suspuesto, que ni pensar en la existencia de un control remoto. Lo más cercano a eso era un palo de madera para poder cambiar de canal a la televisión desde el sillón sin tener que levantarnos.
Por lo tanto no tienen idea del significado que tiene para nosotros la frase "villano invitado". Hay que explicarles con infinita paciencia de nuestra parte y un aburrimiento terrible por la suya, que Batman y Robin luchaban contra el crimen en Ciudad Gótica una vez por semana y el Pingüino, el Guasón o el Acertijo, junto con otros muchos personajes, eran anunciados por una marca de refrescos de manzana en calidad de "villanos invitados".
Menos aún que después de una colisión, el comandante Nelson o el capitán Lee pedía a Kowalski un reporte de daños y Chip se encargaba de las reparaciones correspondientes en la legendaria serie Viaje al fondo del mar, donde [aparecía] el Seaview, o Sibium -como le decíamos nosotros-. Era una serie de televisión que ocurría dentro de un submarino siempre atacado por los más feroces "mostros" marinos que uno pudiera imaginar, eso sin duda nos hizo una generación con menos miedos a la oscuridad del océano y a los alienígenas.
Además, perdieron su oportunidad de jugar con sus amigos al Zorro, con una toalla amarrada al cuello a manera de capa y un palo de escoba haciendo las veces del caballo, aunque debo admitir que siempre resultaba frustrante que te tocara ser el sargento García... Para ellos, el Zorro es Antonio Banderas y el castrense García simple y sencillamente fue convertido en un personaje secundario e irrelevante en la nueva versión para la pantalla grande.
El túnel del tiempo, El llanero solitario, Patrulla motorizada, Combate, El gran chaparral, Daktari, Mi bella genio, Los Supersónicos, Los Picapiedra, El hombre nuclear, Ladrón sin destino, Tierra de gigantes o Flipper, son series de televisión que sólo ven anunciadas de vez en cuando en el canal "Retro" del cable y, tristemente, no provocan en ellos interés alguno y Kimosabi debe ser para ellos el nombre de algún raro Sushi.

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 26 de abril de 2008).


Hechizada, Los Cuatro Fantásticos, El Santo, Perdidos en el Espacio, Superman o Batman, Starsky y Hutch y El Hombre Araña, les resultan bastante familiares gracias a las versiones cinematográficas de manufactura reciente, -señal [de] que no eran tan malas ¿eh?- a pesar [de] que ahora que las volvemos a ver, nos damos cuenta [de] que en la versión original Robin lucía bastanta gay, pero entonces no teníamos conciencia de ello. De cualquier manera, a nosotros nos hace sentido la frase "mis sensores están vibrando..." característica del Hombre Araña, de la tele de aquellos días, pues.
Y ni hablemos de los cuentos, en primer lugar, es una generación que no sabe leer, a pesar de que aprendieron a leer y escribir con más facilidad que nosotros, lo único que son capaces de leer son los mensajes en su celular o en messenger, en un código que requiere un doctorado para poder ser decifrado, usan "ke" en lugar de "qué"; hablan apocopado, es decir le dicen Manza a Manzanillo o preguntan qué vas a hacer este "fin"... en vez de "fin de semana".
Por supuesto que la ortografía les parece obsoleta y los acentos los consideran opcionales, lo mismo les llaman antros a las discotecas o bares, y hablan como si tuvieran una papa dentro de la boca.
Claro que no leyeron a Julio Verne ni a Alejandro Dumas, ni tiene idea de quién fue el pirata Morgan o Drake y menos aún quién es Archie, la Pequeña Lulú, Memín Pingüín o Fantomas "La amenaza elegante"... Habría que pedirle a la araña de Toby que investigue por qué no le gusta leer a esta generación.
Se perdieron de todo ese bagaje cultural, mientras que nosotros hemos sumado al nuestro el MP3, el iPod, las computadoras, el internet, los celulares y tantos gadgets propios de estos tiempos.
Así que en el ánimo de provocarles un poco de envidia, les podemos contar que hace tiempo que dejamos de suspirar por el Valiant Acapulco y ahora manejamos Mercedes Benz, BMW o Audi que para ellos, por el momento, dado su precio, les resulta todavía un sueño imposible.
Por supuesto que nos dicen "rucos", sin embargo, esta nueva generación tarde que temprano acaba siempre por admitir que Brad Pitt o Jennifer Aniston no están "rucos", para el caso... les recuerdo que ellos... ¡son cuarentones!

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 3 de mayo de 2008).


Fuimos la generación que decidió que los "jeans" como ellos les dicen, fueran una parte esencial del guardarropa.
Por supuesto que nuestros pantalones de mezclilla eran Sergio Valente o Jordache, algo absolutamente desconocido para ellos puesto que, por un lado, ya no se encuentran en el mercado, y por el otro, nadie sería capaz de usarlos, pero podemos afirmar categóricamente que son los padres en línea directa de los pantalones Gap, Abercrombie and Fitch, American Eagle o Aeropostale que hoy visten ellos, la única diferencia es que como fuimos una generación más avispada, a nosotros nos los vendían nuevos, de nuestra talla -no dos veces más largos-, sin roturas y además, el color azul claro era producto de las lavadas y no de una decoloración prefabricada, artificial y que les da una apariencia más cercana a la de un pordiosero que a la de jóvenes profesionales por la que se quieren hacer pasar.
Aunque no lo crean, fuimos los primeros en usar Levi’s, Vans, Converse o Chemise Lacoste, que ahora son solamente "Lacoste" y aunque es indudable que de nuevo son el último grito de la moda, desconocen que fuimos nosotros quienes así lo decidimos a pesar de las caras y gestos que nos hacían nuestros progenitores que hoy se han convertido en abuelos.
De hecho, creo que eso es algo que también nos distingue indudablemente, somos la última generación bien regañada de la historia: cuando a nosotros nos regañaban, qué esperanza que les "diéramos el avión" como lo hacen hoy los universitarios y para colmo, cuando finalmente logramos convertirnos en adultos independientes, somos regañados por nuestros hijos de manera cotidiana.
Se perdieron los Kori de chocolate, los bailes que aprendimos de John Travolta en su legendaria película Saturday Night Fever, que no conocieron las "Disco’s" pero son más "antreros" que nosotros, que no tienen noticia de que un día existió Zum Zum ni tomaron café en Denny’s, donde la gracia era ver pasar por la ventana las minifaldas más pequeñas y los pantalones más ajustados de la historia de la moda y tampoco saben lo que significa "permanencia voluntaria".

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 17 de mayo de 2008).


Instalados en la comodidad que significa saber que nunca más nos veremos en la necesidad de presentar un examen de matemáticas -a la que por supuesto la nueva generación se refiere como 'mate'-, nosotros los cuarentones circulamos por la vida sacando ventaja de los avances que la modernidad nos ofrece y recordando con alegría otros tiempos -que no por pasados fueron mejores-, pero que además, para fortuna nuestra, nos resultaron maravillosos. Cuando niños, fuimos al Cine Diana, algo que ellos jamás se podrán imaginar, que junto con el Variedades, el Latino, el Reforma, el Rex o el Gran Vía -por mencionar algunos-, eran salas enormes que nos ofrecían una gran cantidad de opciones para divertirnos.
Estos cines eran 5 o 6 veces más grandes que los actuales, y proyectaban películas que siguen siendo íconos de la cinematografía mundial: desde los primeros clásicos de Walt Disney, hasta Cupido Motorizado, Mary Poppins, La Novicia Rebelde, El Planeta de los Simios con el recientemente fallecido Charlton Heston o Marabunta, desfilaron ante nuestros ojos y algunas de ellas, aunque no lo crean, se estrenaron en estos enormes cines donde existía la "permanencia voluntaria", es decir, por el mismo boleto podíamos ver dos películas, noticieros y tráilers que venían a ser los anticipos de las películas por estrenar.
Años más adelante, los cines nuevos fueron más pequeños, y al tiempo, desapareció el maravilloso concepto de permanencia voluntaria, pero también vinieron mejores películas: El Golpe, Butch Cassidy and the Sundance Kid o Melody con Mark Lester, que fue sin duda una de las películas que nuestra generación vio decenas de veces, un fenómeno similar a la cantidad de veces que estos veinteañeros vieron Titanic con Leonardo Di Caprio y no me queda duda que Lester era menos afeminado que Di Caprio. El Cine del Bosque, la sala Charles Chaplin, los cines de Plaza Patria, los de Plaza del Sol o el de Plaza Vallarta, que era un centro comercial que estaba donde hoy se encuentra el Centro Magno, fueron los encargados de proyectar la trilogía de La Guerra de las Galaxias que ellos conocen como Star Wars, donde la princesa Lea a pesar de llevar unas donas en la cabeza a manera de peinado, nos parecía tan buena como Natalie Portman con su peinado de penacho. Tiburón, Encuentros Cercanos del Tercer Tipo, ET, o toda la serie del Agente 007 conocido por ellos como James Bond con Sean Connery o Roger Moore y muchas más, son títulos de películas que todavía existen en el Blockbuster lo que significa que aun tienen vigencia. Como ven, y aunque ustedes no lo crean, no fuimos una generación aburrida y si no opinan lo contrario, preferimos "permanecer voluntariamente" en los 40 hasta que lleguemos a los 50, que volver a estudiar para un examen de química.

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 24 de mayo de 2008).


Recuerdo que llegaba a la pantalla El Barrendero y había que acudir, como cada año, al teatro Alameda o al Variedades, a ver "la última de Cantinflas". Y, en efecto, fue la postrera de su copiosa filmografía y el final de un rito que, como ninguno otro, recuerdo que haya sido tan puntualmente seguido por los tapatíos de mi calaña. De los popis que vivían en las colonias, como Chapalita o Jardines del Bosque, no sabría darles yo razón, pero los clasemedieros de los 70 hicimos del cine una religión con todo y sus mandamientos, preceptos y pecados inconfesables, que comenzaba con el obligado bautizo, a la edad en que podíamos mantenernos medianamente sosiegos, en las matinés del Reforma.
A excepción de la Cuaresma, cuando la posibilidad no podía pasar ni como remota idea por el pensamiento, ir al cine cada semana era casi tan obligatorio como la misa dominical y, sabedores de tan fiel costumbre, los censores hacían llegar a manos de los padres, una hoja con las clasificaciones de las cintas en cartelera: A, para todos; B, adolescentes para arriba; C1, mayores de 21 años; C2, sólo adultos muy adultos; C3, para quienes seguramente estaban ya mucho más allá del bien y el mal y FCI, "Fuera de clasificación por indecente". Pero estaban, también, los cines prohibidos aunque exhibieran Bambi en su pantalla y éstos eran, principalmente, los ubicados allende la calzada: Park, Lux, Obregón, Ideal, Sorpresa; o los ubicados en los alrededores de los populosos mercados, como el Cuahutémoc que se especializaba en la proyección de escándalos nacionales como "Las pirañas aman en Cuaresma", o en desacatos ibéricos, como "La cigarra no es un bicho", que ya bien entrados los 70, se volvieron aptas para proyectarse por la televisión vespertina.
A los cines de barrio, como el Roxy, Latino, Edén y Microcine, les daba por difundir los dramas clásicos de la cinematografía mundial (Algo para recordar, La princesa que quería vivir, Melodía inmortal) y, por tanto, se podía asistir a ellos sin reservas. Nunca entendimos por qué, sin embargo, podíamos acudir al Alameda, pero no al Juárez; al Metropolitan, pero no al Avenida, cuando quedaban uno enfrente del otro.
Cuando se inauguró el cine Diana, con la proyección de Cleopatra, a los cinéfilos locales nos cambió radicalmente el panorama. ¿Quién iba a pagar ocho pesos por ver una sola película, cuando el resto de los cines cobraban entre 1.50 y 4 pesos por dos y hasta tres cintas en una sesión?
Pero quizá los recuerdos más imborrables del cine que me tocó vivir en la Guadalajara de antier, se me quedaron prendidos después de varias sesiones de "cine de arte", en el teatro del Seguro Social, a donde debíamos ocurrir, ya en la adultez temprana, para ser tomados en cuenta como seres pensantes e intelectualmente dispuestos al embrollo fílmico. Cintas como "Conocí una vez a unos gitanos que fueron felices", "Macunaima" y "La edad de oro" me advirtieron, entre otras, que el cine puede, también, hacerlo a uno sentirse estúpido.

Paty Blue
(v.pág.11-B del periódico El Informador del 2 de junio de 2008).


En nuestros veintes, la ciudad era considerablemente más pequeña, por lo tanto, había menos personas que hoy, en consecuencia menos automóviles y por si fuera poco, todo era más barato.
No hay manera de competir en tecnología, apenas si teníamos cine y tele a color, no teníamos video, pero había películas super ocho y aunque no teníamos conciertos de música en vivo, asistimos a dos mundiales de futbol y unos juegos olímpicos en nuestro país. Además, fuimos testigos de la llegada del hombre a la Luna, y ese tipo de sorpresas, sin duda alguna tardarán en suceder nuevamente.
Las calles de la ciudad no tenían el tráfico ni la contaminación que tienen ahora y prácticamente había lugar para estacionarse casi en cualquier lugar al que fuéramos, bueno, con decirles que la ciudad prácticamente se terminaba en el Periférico y por López Mateos, Las Aguilas era el final.
Había menos semáforos, a cambio de ellos había "tamarindos", agentes de tránsito vestidos en uniforme color caki y guantes blancos que dirigían el tráfico manualmente, estaban ubicados en unas casetas metálicas pintadas de amarillo en las intersecciones de las grandes avenidas y aunque ustedes no lo crean, eso significaba que no hubiera congestionamientos de tráfico.
No existían franquicias de restaurantes como ahora, lo cual ustedes consideran una maravilla y nosotros una calamidad ya que desaparecieron restaurantes legendarios como Valencia, Romualdo, el auténtico Gemma de López Mateos, la Copa de Leche, etc. Incluso, algunos de esos establecimientos, te servían la cena en el auto, que aunque no era muy práctico, también tenía su encanto.

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador 14 de junio de 2008).


Si bien es cierto que los cuarentones cada vez perdemos las llaves con más frecuencia, o que buscamos los lentes durante buen rato antes de descubrir que los traemos puestos, también es cierto que la búsqueda de las llaves nos resulta un buen ejercicio y paradójicamente, perder la visión poco a poco, nos permite mirar las cosas con más atención y claridad. Día con día, los veinteañeros se desesperan cuando les pedimos que nos expliquen cómo acceder a las funciones más complicadas de los celulares o el iPod, y tienen muy poca paciencia con nosotros para enseñarnos cómo bajar música de internet, cómo funciona un blog o My Space, o qué es eso del Face Book, y en cambio, a ellos les encanta hablar en un lenguaje indescifrable y nos hacen preguntas como ¿cuántos gigas de memoria tiene tu computadora? ¿qué sistema de inyección de combustible usa tu automóvil?
Es cierto, nosotros nos quedamos en que los autos tenían carburador, platinos y distribuidor, y aunque usamos las computadoras de forma cotidiana, la verdad, nos parece irrelevante llenarnos de información que bien a bien, ni ellos no saben para qué la aprendieron. Pero eso sí, los hace parecer muy inteligentes y preparados cuando platican con nosotros, es decir, les encanta 'hablar en difícil' que significa decir muchas cosas que pocos de nosotros entendemos... que no es más que una manera moderna de 'cantinflear'. En el ánimo de demostrar que nosotros también somos capaces de formular preguntas que son incapaces de contestar, les dejo de tarea este pequeño cuestionario:
¿Quién era Kabubi?, ¿Cómo se llamaba el dragón de la Señorita Cometa?, ¿Cómo se llamaba el marciano que aparecía en los Picapiedra?, ¿Cómo se llamaba el perro de los Supersónicos?, ¿Quién era Druppy?, ¿En qué serie salía Pulgoso?, ¿Qué era el jardín de las orquídeas susurrantes?, ¿En qué serie aparecía un perro bulldog llamado Bandido?, ¿Cuáles eran los nombres de cada uno de los personajes de Don Gato y su pandilla? y ¿El nombre del policía de la misma serie? O ¿Cómo se llamaba el fiel compañero del Oso Yogi? Para rematar, ¿cuál era el apellido del alférez en el pulpo Manotas? Como ven, también nosotros somos capaces de hacer preguntas en donde la respuesta resulta, además de complicada, irrelevante. Mientras las encuentran, les recordamos que el día menos pensado tendrán una bienvenida a los 40, para su fortuna, se sorprenderán al descubrir que resulta bastante grata.

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 21 de junio de 2008).


(Nota del webmaster: Jokes in english language... just remember: learning languages keeps away the "alemán" [Alzheimer])

You have to pay

No wonder

In the mirror

That's not my ass

Multitasking

In the morning

No me queda más remedio que admitir que los cuarentones no podemos competir con los veinteañeros en el ámbito físico-atlético. Recuerdo que cuando éramos niños, hacíamos muecas frente al espejo, hoy el espejo cobra venganza y nos devuelve una imagen que es cada vez más cercana a una caricatura de lo que un día fuimos. Y para colmo, empezamos a entender que eso es lo malo, pero que lo peor, aún está por venir. Poco a poco comprendemos que lo que la madre naturaleza nos dio, el padre tiempo nos lo quita día con día, sin embargo, nos consuela saber que tenemos posibilidad de viajar a donde se nos pegue la gana o la hasta done la cartera nos alcance, que sin duda es más abultada que la que teníamos a su edad. A nuestros años, hemos encontrado algunas respuestas, pero para nuestra mala suerte, nadie nos formula las preguntas, lo que nos obliga a permanecer mayor tiempo en silencio. De cuando en cuando nos dan ganas de hacer ejercicio, entonces hacemos un gran esfuerzo y nos sentamos frente a la televisión hasta que éstas se nos pasen. Cuando nuestro médico nos recomienda tener una vida menos sedentaria y estar en contacto con la naturaleza, subimos a nuestro auto y nos vamos a Tapalpa o Mazamitla con la ventana abierta, pero tienen que admitir que nos vestimos como nos viene en gana sin que nadie nos lo reproche. No se confundan, en los restaurantes cuando pedimos la cuenta y no la revisamos, no es que no nos importe, en realidad ya no la alcanzamos a leer, eso nos hacer pedir al mesero que incluya la propina y haga la suma, como ven, no es un acto de generosidad, se trata de una artimaña para no usar lentes en público, a cambio podemos ir al restaurante de nuestra preferencia con más frecuencia que cuando teníamos su edad. También tenemos que admitir que nuestra edad se refleja proporcionalmente en el diámetro de nuestra cintura y que más que peinarnos, nos acomodamos lo mejor que podemos los pocos cabellos que nos quedan, que de paso se han convertido en canas, no obstante todavía nos quedan ganas, aunque siendo sinceros hay veces que no nos acordamos de que... Por ello, como dice mi hermana menor que también tiene más de 40, en vez de criticar a la generación de nuestros padres, criticamos a los veinteañeros y aunque todavía somos capaces -de cuando en cuando- de dar malos ejemplos, parece que tenemos la firme convicción de empezar a dar buenos consejos, uno puede hacer cosas sin sentido, siempre y cuando no se pierda el sentido del humor.

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del día 5 de julio de 2008).


De niños, jugamos a los "carritos" y en nuestras manos tenemos a los Ferrari o Porsche más rápidos del mundo, que son capaces de volar más que nuestra imaginación, de chocar contra todo sin sufrir daños, o de caer por el inmenso precipicio que va desde el sofá de la sala hasta el tapete, sin un rasguño.
En la adolescencia, tuvimos vochos, chevys o tsurus, cuando nos fue bien, pero siempre quisimos ponerle una rueda de aluminio o magnesio, un volante chiquito y un sonido capaz de despertar a toda la cuadra. Este auto, claro, juramos que nos ayudó a conquistar a las primeras novias, entre las que se incluye, obviamente, la que terminamos por llevar al altar. Ahí, cambian nuestras necesidades. Primero, vamos por un sedancito. Luego, por un sedán y un hatchback. Más tarde, un cupé y una miniván. Hasta que, cuando menos nos damos cuenta, llegamos a la casa sólo para ver que hay una fiesta sorpresa, preparada por hijos y nietos, para nuestro cumpleaños de número 50. Entonces, percibimos que hay que comprar un convertible y restaurar algo de nuestra juventud, perdida sin que lo notáramos.
Lo hacemos sólo para ver la cara de decepción en las jovencitas que voltean a ver el auto, pero se encuentran con un "ruco" al volante.
Alguien de 50 años, va a estar absolutamente a gusto en un Lincoln MKS. Pero tal vez no lo compre por que no quiere ser visto como un "ñor". Casi seguramente tendrá enormes dificultades para agacharse y entrar en un Mazda MX5. Su suspensión le parecerá dura, al igual que el volante. La cajuela le quedará chica y no podrá llevar a la vez la esposa y el nieto a pasear el fin de semana. Pero muchos insisten en tener a un Solstice como medicina para su crisis de la mediana edad.
Tal vez entonces, si madura mentalmente tanto como lo hizo su cuerpo, percibirá que él está hecho para autos como un Nissan Maxima, un Cadillac STS o una Toyota Highlander. La máxima deportividad que se puede permitir, es la ofrecida por un VW Passat. Percibido esto, comenzará, finalmente, a disfrutar el coche que tiene, no a usarlo como tarjeta de presentación.
Esto es válido también para los que usan marcas europeas de lujo, sin realmente sentirse a gusto en ellas. Porque un BMW ni con mucho es tan cómodo como un Lincoln, pero proporciona una imagen distinta, más juvenil. Unos juran que se ven hasta más inteligentes en un auto alemán, pero creo que la verdadera inteligencia reside en lo que hacemos para facilitar nuestra vida, para gozar nuestro efímero paso por ella, no para buscar una mejor evaluación de parte de los demás.

Sergio Oliveira
(v.pág.4-F del periódico El Informador del día 5 de julio de 2008).


Sabes que estás llegando a la "mediana edad" cuando: ¿Estás en la "mediana edad"? ¡Animo! ¡Lo peor todavía está por llegar! No hay remedio para el nacer o morir, lo único que nos queda es saborear el intervalo.

(Recibido por e-mail el 9 de julio de 2008).


Nuestra generación aprendió a sumar, restar y hasta hacer raíz cuadrada con un papel y un lápiz; esta generación sólo ha podido aprender cuál es la tecla de la calculadora que hace esa función, de manera que si les quitan la calculadora, no tienen la menor idea de cómo hacer una simple adición.

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 12 de julio de 2008).


El verano en pleno, y con éste, los recuerdos de los tiempos en que los cuarentones teníamos 2 larguísimos meses de vacaciones en una Guadalajara que no llegaba a los 2 millones de habitantes aún y una dimensión de ciudad que nos permitía andar de un extremo a otro en cuestión de minutos, bueno, con decirles que los pasos a desnivel no sólo no se inundaban... simplemente no existían.
Por supuesto que me refiero a los finales de los años 60, para esas fechas, esperábamos con ansias los juegos olímpicos que se celebrarían en nuestro país en octubre de 1968, por ello durante ese verano, practicamos todos los deportes que participarían en dicha justa.
Después del evento, las niñas jugaban a ser Queta Basilio, Vera Caslavska o Natasha Kuchinskaya, imitaban a estas grandes atletas de México, Checoslovaquia o Rusia respectivamente; mientras ellas querían ser corredoras con obstáculos o gimnastas como las segundas, nosotros, jugábamos carreras en los pasillos de las escuelas en busca de hacer los cien metros en menos de 10 segundos, justo como lo hizo Jim Hines por primera ocasión, algo que nos costó un 5 en conducta por atropellar a algunos de nuestros compañeros en el intento.
En el parque, intentábamos pegar un salto como el de Bob Beamon que logró 8.90 metros, un récord que tardó 23 años en romperse, por supuesto, lo único que lográbamos con ello, era que nuestras progenitoras pegaran un grito en el cielo, éste de mayor altura que la lograda por Beamon al ver el estado en que quedaba nuestra ropa tras todos los fallidos intentos.
Cuántas veces repetimos la hazaña del sargento Pedraza, que entró al estadio en tercer lugar en la competencia de caminata y consiguió la medalla de plata gracias al apoyo del público, sólo que nosotros lo hacíamos para entrar a tiempo al salón de clases y el único estímulo era el de nuestros padres que nos pegaban de gritos desde que despertábamos porque íbamos a llegar tarde.
En verano, la alberca del Club Guadalajara estaba llena de émulos del Tibio Muñoz tratando de hacer los 200 metros pecho en el mismo tiempo, para ser sincero, nosotros tardábamos más tiempo en recorrer los 200 metros desde los vestidores a la alberca atentos a los pechos de las muchachas que estrenaron en premier mundial esta novedosa prenda llamada bikini.
Pero cada vez me queda más claro, un verano en messenger, conectado en forma permanente al iPod y cambiando de canal 45 veces por minuto, todo de manera simultánea, es sin duda un verano fuera de serie, éstos sí son tiempos, lo nuestros eran tan divertidos como chupar un clavo, dicen estos veinteañeros irreverentes.

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 26 de julio de 2008).


El miércoles 2 de octubre de 1968 estábamos de vacaciones. Acababa de terminar quinto de primaria y mi padre había comprado una televisión a colores para ver las Olimpiadas.
Pero más que los olímpicos o el technicolor (que era dificilísimo de sincronizar), me importaba el primer juego de la Serie Mundial que se transmitiría al mediodía de ese miércoles. Jugaban los Cardenales de San Luis contra los Tigres de Detroit.
Le iba a los Cardenales de Bob Gibson, Lou Brock, Curt Flood y Orlando Cepeda. Gibson lanzó un partidazo y ganaron los Cardenales. Pasé la tarde jugando beisbol en Tlacoquemécatl.
El sábado 12 comenzaron las Olimpiadas. Mis padres se fueron al estadio de CU, pero primos y tíos cayeron por la casa para ver la inauguración en nuestra admirable novedosa pantallita. Luego veríamos pasar en Barranca del Muerto al sargento Pedraza persiguiendo a un marchista soviético al que nunca alcanzó, y en el Estadio Azteca el ridículo de la selección de Bustos y Albino Morales, que perdió con Japón en el juego por la medalla de bronce.
Y en nuestra tele de colores (por esa época también estaban de moda en la clase media del DF los "cursillo de cristiandad"; la canción de los cursillistas era "De colores, de colores se visten los campos en la primavera"), nos conmoveríamos con la medalla de oro del Tibio Muñoz, nos enamoraríamos de Vera Caslavska y fascinaríamos con los kenianos que revolucionaron el atletismo. Y con Dick Fosbury, el gringo que saltaba de espaldas.
Pero la tarde en que los corredores Tommie Smith y John Carlos subieron descalzos al podio de medallistas y levantaron sus puños para mundializar el black power, yo no estaba en CU ni frente a nuestra televisión.
No recuerdo por qué.

Ciro Gómez Leyva
(v.pág.2 del periódico Público del 8 de agosto de 2008).


Fuimos una generación que creció con la imagen de la señora Zárate en la pantalla de la televisión, algo que en verdad se agradece y no es que en lo personal haya aprendido nada de cocina viendo su programa, a la fecha no cocino ni palomitas en microondas -por cierto, la especialidad de los veinteañeros-, pero debo reconocer que su imagen nos hace evocar gratos recuerdos de muchos, pero muchos años. Al recordarla, automáticamente me vino también a la memoria el desaparecido Tío Carmelo, con su frase "Mijito... no comas tierra" o la publicidad de aquella crema que estaba "Mena, mena..." y por supuesto Sixto. Me queda absolutamente claro que si cualquier veinteañero viera una repetición de un programa de Sixto o del Tío Carmelo, se burlaría hasta el cansancio de nosotros y lo que es peor, no tendríamos muchos argumentos para defendernos. Pero también me queda claro que hasta ellos consideran a la señora Zárate como un patrimonio tapatío.
Para aquellos que, como es usual, no tienen ni idea de lo que estoy hablando, Sixto era un muñeco azul con cabellos de estambre negro que hacía la presentación de las caricaturas a media tarde, además de hacer comentarios y dar consejos para los niños. No es que el "Muppet" tapatío -para que mejor me entiendan- fuera cosa de otro mundo, simplemente salía todos los días en un canal local de televisión, lo que obligadamente lo hace parte del transcurrir por la infancia-adolescencia.
El Tío Carmelo era un señor de cierta edad, usaba una texana y bigotes que le daban una pinta de norteño; estaba encargado de presentar otra tanda de caricaturas justo después de comer.

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 23 de agosto de 2008).


Si se nos ocurre comprar un disco, a nosotros se nos viene a la cabeza Casa Lemus, a ellos: Mixup y lo que es peor, ya no van a una tienda a comprar discos porque los bajan de internet.
Si nos da sed, pensamos en agua fresca, o de repente hasta se nos antoja un Soldado de Chocolate, ellos piensan en un Red Bull o en un Gatorade.
Si se nos antoja un dulce, nos vienen a la mente los Toficos, los dulces Tomy o los chilitos Tico; a ellos por supuesto se les ocurre un Snicker, un Milkyway o al menos un Hershey.
Si pensamos en librerías, nos viene a la mente la Librería Font o la Librería de Cristal; ellos simplemente no piensan en librerías, bajan todo de internet, los más avanzados atinan ir a la Ghandi y los que tienen presupuesto compran en Amazon con entrega a domicilio.
Si nos viene a la cabeza una pizzería, nosotros recordamos con nostalgia Papa Bambinos Pizza o Roma Antica, ellos por supuesto piensan en Domino’s o Pizza Hut.
Si "ocupamos" -porque somos tapatíos- una papelería, se nos viene a la mente La Barcino, a ellos Office Depot.
Si buscamos un banco, se nos ocurre el Banco Refaccionario de Jalisco, a ellos Scottiabank.
Si queremos rentar una película, pensamos en el Blockbuster más cercano, ellos en el sistema VOD.
¿Juegos?... Canicas, escondidas, la traes, trompos o yoyos, ellos: Nintendo, Playstation, Wii.
¿Detergentes? Chaca chaca con Ariel, versus Tide.
No nos queda más que admitir que el futuro se alcanza minuto a minuto, a un ritmo que va día con día cada 24 horas y mes con mes cada 30 días, cada 365 tenemos un año más, pero me queda claro que cuando teníamos 20, nunca imaginamos que en nuestro futuro no quedaría huella alguna de nuestro pasado.

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 6 de septiembre de 2008).


Cuando niños, veíamos a Luis Manuel Pelayo en su célebre programa el Palo Encebado, los Polivoces y sus inolvidables personajes: el Wash and Wear, el sargento Garrison, los hermanos Lelos, Gordolfo Gelatino o Chano y Chon por recordar algunos, no nos perdíamos el premio de los 64,000 pesos, -que aunque eran viejos pesos, de todos modos eran un dineral-, claro, tampoco se acuerdan que le quitamos tres ceros a nuestra moneda para hacer las cuentas mas fáciles. Con ello dejamos de ser millonarios... Estábamos con los 64,000. El conductor del programa era don Pedro Ferriz, ahora el papá del que da las noticias en el radio. Mmmnhh... tampoco escuchan noticieros, bueno el caso es que eran programas de televisión de manufactura mexicana, que vistos hoy y comparados con los actuales, nada que ver, dirían ustedes, pero era lo que pasaban en la tele, pero además de disfrutar las delicias de la pantalla chica, nos daba por leer; entonces leímos a Julio Verne, Alejandro Dumas... -ni al caso que me devane los sesos recordando, seguramente la mayoría no los conoce-, en resumen, leíamos las aventuras de estos legendarios piratas que usaban una pata de palo, tenían a un perico en el hombro y usaban un parche en el ojo...

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 20 de septiembre de 2008).


No siempre quienes frecuentan mi imaginario bar de Lola son tíos. A veces se cuela alguna torda canónica, segura y brava, de las que entran taconeando -o no- con la cabeza alta; y cuando un desconocido les dice hola, nena, sugieren que llame nena a la madre que lo parió. Hace un par de semanas entró María: cuarenta largos y una mirada de ésas que cortan la leche del café que te llevas a la boca, o deshacen en el vaso la espuma de tu cerveza. "¿Y qué hay de los pavos?", me soltó a bocajarro. "¿Qué hay de esos tiñalpas ordinarios marcando paquete y tableta de chocolate que parecen salidos de un casting de Operación Triunfo, o de esos blanditos descafeinados y pichafrías que pegan el gatillazo y se pasan la noche llorándote en el hombro y llamándote mamá?"
Eso fue, exactamente, lo que me preguntó María apenas se acodó en la barra, a mi lado. Y como me pilló sin argumentos -estaba distraído mirándole el escote a Lola, que fregaba vasos tras el mostrador- me agarró de un brazo, llevándome a la ventana. "Observa, Reverte", dijo señalando a un cacho de carne de hamburguesería que pasaba vestido con chanclas y camiseta andrajo de marca, zapatillas fosforito, los pantalones cortos caídos sobre las patas peludas, rotos y con la bragueta abierta y el elástico de los kalviklein asomándole bajo los tocinos tatuados. Luego señaló a otro que pasaba con una mano en un pezón de su novia y el móvil en la otra. "Fíjate", dijo. "Fulano indudablemente buenorro, cuerpazo sin deformaciones de bocatería; pero ha decidido ponerse pijoguapo de diseño y te partes, colega. Y no te pierdas el meneíto leve del culo, aprendido de la tele. Antes imitaban a Humphrey Bogart y ahora imitan a David Bisbal. ¿Cómo lo ves? Te apuesto lo que quieras a que si la novia tropieza, o lo que sea, lo oímos cagarse en la hostia y decirle a la churri: joder, tía, ¿vas ciega o qué? Casi me tiras el Nokia".
Volvemos a la barra, María enciende un cigarrillo y me mira de soslayo, guasona, mientras pide una caña para mí y un vermut para ella -"Con aceitunas, por favor"-. Luego me echa despacio el humo en la cara y pregunta, para emparejar con Ava Gardner y compañía, dónde están ahora aquellos pavos con registros que iban de Clark Gable a Marlon Brando. Aquel blanco y negro, o technicolor, donde lo más ligero que una se echaba al cuerpo era el toque ligeramente suave y miope del James Dean de Gigante. Porque daba igual que en la vida real -el cine era el cine, etc.- alguno tocara al mismo tiempo saxofón y trompeta; el rastro que dejaban era lo importante: Rock Hudson siempre correcto, servicial y enamorado. El torso de Charlton Heston en El Planeta de los simios. Los ojos de Montgomery Clift en aquella estación de Roma, donde estaba para comérselo. O, pasando a palabras mayores, Burt Lancaster revolcándose en la playa con Deborah Kerr, Cary Grant en el pasillo del hotel con Grace Kelly, Gary Cooper a cualquier edad y en donde fuera o fuese, y algún otro capaz de descolocar a una hembra como Dios manda y hacerle perder los papeles y la vergüenza: Robert Mitchum con Deborah Kerr de monja en El cielo lo sabe, por ejemplo. "¿Ubi sunt, Reverte?".
Y no me vengas, añade María mordisqueando una aceituna, con que eran cosa del cine. También en la vida real resultaban diferentes. "Esos hombres que antes se habrían tirado por la ventana que ir sin chaqueta y mostrar cercos de sudor, ¿los imaginas saliendo a la calle en chanclas o chándal, con gorra de béisbol en vez de sombrero que poder quitarse ante las señoras?... Añoro esos cuerpos gloriosos de camisa blanca y olor a limpio, o a lo que un hombre deba oler cuando, por razones que no detallo, no lo está. No era casual, tampoco, que en las fotos familiares nuestros padres fueran clavados a Gregory Peck, o que hasta el más humilde trabajador pareciese cien veces más hombre que cualquiera de los mingaflojas que hoy arrasan entre las tontas de la pepitilla que se licuan con Bruce Willis, con Gran Hermano o con tanta mariconada. ¿Qué iba a hacer hoy Sophía Loren con uno de estos gualtrapas? Hasta los niños de antes, acuérdate, procuraban caminar con desenvoltura, espalda recta y aire adulto, para dejar claro que sólo los pantalones cortos les impedían ser señores y llevarnos de calle a las niñas. Hablo de hombres de verdad: masculinos, educados, correctos en el vestir, silenciosos cuando la prudencia o la situación lo requerían; torpes, tímidos a veces, pero fiables como rocas, o pareciéndolo. Aunque te miraran el culo. Hombres con reputación de tales, que te hacían temblar las piernas con una mirada o una sonrisa. Señores a los que, como tú sueles decir, era posible llamar de ese modo sin tener que aguantarse las carcajadas; a diferencia de ahora, que en los rótulos de las puertas de los servicios llaman caballero a cualquiera".

Arturo Pérez-Reverte
(v.pág.34 del periódico Público del 21 de septiembre de 2008).


La mayor parte del mundo está empeorando, encogiéndose como una bola echada a perder de desolación. Sólo los viejos pueden ver realmente la falta de gracia con que el mundo está envejeciendo y todo lo que hemos perdido.

Paul Theroux
(Ghost Train to the Eastern Star)


Crecimos escuchando frases que de tanto oírlas de nuestros padres, de alguna manera, se nos quedaron tatuadas en el subconsciente: "empiezan jugando y acaban chillando", nos decían cuando empezábamos lo que ellos llamaban juego de manos, tanto así que nos davertían: "juegos de manos son de villanos". O "¿tú crees que el dinero crece en los árboles?" nos preguntaban nuestros progenitores cuando pedíamos recursos para cualquier cosa superflua. Con esa pequeña frase, era más que suficiente para entender que ese juguete no engrosaría el inventario de nuestro acervo lúdico. Así que muchos tuvimos que crecer sin una autopista Scalextrix, un Chutagol, una Avalancha o el juego de química Mi Alegría.
Esta generación no se tienta el corazón para pedir que les cambien su laptop, el celular o comprar el último videojuego que salió apenas la semana pasada. Nosotros, en cambio, teníamos que esperar la barata For Bec cada año, en donde nos compraban pantalones Topeka o Gacela, camisas Mariscal y calcetines Ciboláin, pero qué esperanzas que hoy en día eso suceda, a pesar de que el dinero sigue sin crecer en los árboles.
"Hazlo por obedecer", era la respuesta que obteníamos cuando tramábamos llevar la contraria a nuestros padres; esa simple frase bastaba para hacernos cambiar de opinión súbitamente. "Te voy a lavar la boca con jabón", me amenazaron varias veces hasta que en más de una ocasión me la cumplieron por andar diciendo palabrotas. Hoy día escuchamos a los veinteañeros platicar con el léxico que -cuentan nuestros padres- sólo usaban los carretoneros, hoy simple y sencillamente ese oficio, seguramente, cambió por el de veinteañero.
"Está calléndose de buena", escuchamos muchas veces cuando la comida no era de nuestro gusto y si persistíamos en no querer comerla venía el: "aquí nada más hay de 2 sopas y la de enfrente ya se acabó". "Nada peor que un idiota con iniciativa" o "no trabajes en día de fiesta", cuando nos daba por reparar alguna descompostura doméstica para la que era claro que nos faltaba experiencia.
Ahora, cada vez con más frecuencia me escucho a mí mismo repitiendo las mismas frases una y otra vez a las nuevas generaciones; será que nos estamos haciendo viejos, o simple y sencillamente que poco a poco, "con paciencia y un ganchito" -como decía mi abuelo- nos estamos convirtiendo en la generación "ya entiendo".
Y ya para terminar, les recuerdo: "pónganse un suéter".

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 27 de septiembre de 2008).


Los niños se divertían de una manera mucho más simple, sin pantallas ni conexiones. Antes, jugábamos al resorte, a la matatena, a la "trais", a las escondidas, a las canicas (chiras pelas), al trompo, al yo-yo, y a tantas actividades que implicaban un cierto esfuerzo físico. Salías a la calle con los amigos de la cuadra y una pelota hacía el día; no se requerían mayores aditamentos que el permiso de los papás una vez terminada la tarea. Ahora, si el amiguito que te invita a jugar a su casa no tiene videojuegos o televisión, la diversión desaparece. Incluso los juegos mecánicos ya se usan menos; claro que siguen balanceándose los columpios y emocionando los resbaladeros en los parques, pero ya no son suficientes. Casi todos los juguetes emergen de los personajes de las películas: cada vez que surge un hit cinematográfico, basta esperar unos días para que salgan a la venta héroes, villanos, armas y naves último modelo, acordes por supuesto a la película original. Antes la muñeca caminaba y el cochecito rodaba y punto.

Laura Zohn
(v.pág.18 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 27 de septiembre de 2008).


Tenemos un distinto modo de referirnos a las mismas cosas, nosotros salimos con nuestras viejas, ellos salen con sus morras; nosotros nos despedimos con un "ahi la vemos" -así, sin acento-, ellos dicen "bueno bye"; nosotros calificamos las cosas que nos gustan con un "qué suave", ellos con un "qué chido"; nuestro mejor amigo es nuestro carnal, el de ellos es su bro; nosotros decimos "aquí andobas", ellos "te habla tu tío".
Cuando algo es demasiado, nosotros pedimos que le bajen a su estéreo, ellos obviamente dicen "too much", ellos tajean en el Facebook, nosotros simple y sencillamente no tenemos idea de lo que eso significa...
Algo que nos parece increíble merece un "no digas", para ellos es un "no manches"; lo que para nosotros está out para ellos es "cero que ver", y por lo tanto podemos pasar un buen rato platicando y en realidad no entendernos absolutamente nada.

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 4 de octubre de 2008).


Ni cómo dudar de la personalidad que a mi amiga le confiere la metafórica nieve sobre las sienes (y la frente, y la nuca, y los parietales). Cualquiera podría establecer, sin temor a exagerar, que la blanca pelambre le concede el aristocrático porte y la definida identidad de la difunta Sara García. Y si a un varón le dicen que las canas antes de los cincuenta se le ven muy bien, será porque el resto de su anatomía es idéntica a la de Richard Gere, pero en el caso de las damas, si es que no le damos un aire a la longeva Carole Lombard, lo mejor es que decidamos darnos una ayudadita.
Así que, si no hemos alcanzado la edad en que conservar el pelo ya es gracia, mejor es echar mano de los menjunjes que no quitan la edad, pero la disimulan. No vaya a ser que, a juzgar por nuestros románticos hilos de plata, vayan a decir que nos quedamos con ganas.

Paty Blue
(v.pág.11-B del periódico El Informador del 6 de octubre de 2008).


Debo estar envejeciendo.

(V.pág.1-D del periódico El Informador del 15 de octubre de 2008).


La sola acumulación de años no es necesariamente sinónimo de sapiencia y cordura. En nuestros días de enajenación y exhibicionismo, muchos ancianos suelen comportarse, si no como adolescentes, sí como jóvenes cuyas excentricidades acaso puedan disculpárseles en razón de la edad. La vejez no otorga por sí misma madurez.

Flavio Romero de Velasco, licenciado en Derecho y en Filosofía Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 18 de octubre de 2008).


Testigo de la historia.

(V.pág.7-C del periódico El Informador del 18 de octubre de 2008).


"Ubícate ma", "nada que ver"... le decía una veinteañera a su progenitora en una tienda de ropa cuando ella le ofrecía gentilmente comprarle una blusa que -me quedó claro-, no era de su agrado en absoluto, es que quiero una "súper fashion porque este fin nos vamos a Manza", explicó sin sacarse la papa de la boca... Por menos, me hubieran puesto como "palo de gallinero" si me hubiera atrevido a contestar a mi madre en ese tono, pero los tiempos cambian y todo parece indicar que hablar en esa forma, es una pandemia a la alza.

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 22 de noviembre de 2008).


Hubo un tiempo en que los ahora cuarentones andábamos por la vida con la fe que tienen los que todavía pueden contar sus años con los dedos de las manos, éramos almas que todavía no habíamos tenido tiempo de pecar, por supuesto que eso nos duró hasta que la infancia repentinamente se nos cayó por la borda. En aquella época -que por supuesto es prehistoria para los veinteañeros-, por estas fechas redactábamos nuestra carta de Navidad, sonaba -si no me falla la memoria-, más o menos así:
Querido Niño Dios, dos puntos, uno arriba del otro.
Este año en mi casa me he portado un poco regular, pero ya se va a quitar lo regular y va a cambiar a muy bien, en el colegio me he portado bien, pero para el otro año va a ser muuuy bien. Por lo tanto, quisiera que me trajeras: una avalancha, un espirógrafo Lilí-Ledy, un tirapapas, un Capitán Boy, una fábrica de horripicosas, una caja de calcetines Cibolain de lana, y si no los tienes, entonces una autopista Scalextric o un peteca como el que anuncia Pelé y por último, un barril de changuitos, ¡Ah! Y el robot de Perdidos en el Espacio.
A cambio de estas cosas, te voy a prometer portarme muy bien.
Te quiere y te adora... Y poníamos nuestra rúbrica con la misma seguridad con la que hoy, firmamos un crédito hipotecario.
Ellas pedían: un horno mágico Lilí-Ledy, una peluca Mi Alegría, unos patines Jifra, un Twister, un yoyo "Duncan" y por supuesto año con año, la muñeca Lagrimitas que anunciaban en la tele con aquella pegajosa cancioncita que rezaba: "Llora y llora y mueve sus manitas, solo se contenta llevándola a pasear, a comer, a bañarse"... algo que a la fecha, a todas las mujeres les sigue funcionando.
Acto seguido, metíamos la carta dentro del sobre más elegante que pudiéramos encontrar y la poníamos en la chimenea, días después, descubríamos con gran emoción que la carta ya no estaba, asumíamos que había llegado a su destino y entonces, sólo quedaba esperar la llegada de la Noche Buena.
La mañana del 25 de diciembre corríamos con un entusiasmo desmedido a despertar a nuestros padres que duraban, lo que a nosotros nos parecía una eternidad, en llegar hasta al árbol de Navidad; procedía abrir cada uno de los regalos y volvernos locos de felicidad con lo que hubiera debajo del papel y los moños. Entonces salíamos a las calles a presumirlos y a jugar con los amigos de la cuadra. ¡Qué tiempos aquellos!

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 13 de diciembre de 2008).


Con la edad uno se vuelve más extraño. Cuando era joven la curiosidad me producía un enorme placer y ahora creo que el placer es más importante que la curiosidad. Y los placeres más grandes -a mi edad- consisten en repetir y ya casi nunca en descubrir. De hecho, a lo largo de los últimos 20 años creo que no he descubierto nada deslumbrante ni en lo musical ni en lo audiovisual. Seguro que el equivocado soy yo. Peor todavía: quizás he perdido ya la capacidad de deslumbrarme.
Sin embargo, debo admitir que el cine y la música de mi juventud todavía me conmueven, me fascinan y me estimulan, lo que no impide que me parezca patético un concierto de Fletwood Mac o el "revival" de ABBA. No estoy afirmando que la música o el cine de mi juventud sean mejores que los de ahora. Simplemente dejo constancia de que ya no conecto con lo que se hace ahora. Soy de otra época, de otro tiempo y de otra edad, porque mi acumulación primaria de capital intelectual fue diferente.
Siempre he creído que los cimientos culturales, artísticos y filosóficos de cualquier ser humano se consolidan entre los 15 y los 25 años. Esa es la edad de aprender idiomas, de leer a los clásicos, de estudiar una carrera y de adquirir la sensibilidad que más adelante nos permitirá gestionar el conocimiento. Entre los 15 y los 25 años uno se forma, porque después sólo se informa. Lo diré de otra manera: entre los 15 y los 25 años uno se instala el sistema operativo que le permitirá "cargar" nuevos programas en forma de libros, películas, composiciones musicales, obras de teatro, creaciones plásticas, etc. Y ahí está la diferencia con la manera de estar en el mundo de mis hijas: mi "sistema operativo" ya no admite más actualizaciones porque hace años que se dejó de fabricar.
Hace unos días me invitaron a un programa de radio para que hablara sobre la importancia de la música en mi vida, y me pidieron que yo mismo llevara la música con la que leo y escribo. Para mi sorpresa, cuando los técnicos de Radio Nacional de España me vieron llegar con discos de vinilo casi les dio un ataque, pues aquella vetusta tecnología había sido abolida y ya no era posible pinchar un Long Play en RNE. No encuentro mejor metáfora de mi situación en el mundo.
Antes que mis hijas regresen a Madrid, trataré de sugerirles lo que me gustaría que leyeran, escucharan y vieran, ahora que todavía son menores de 25 años. Uno hizo lo que pudo mientras fueron niñas, pero mi mundo ya fue y el suyo todavía no es. Las sensibilidades serán otras, pero la acumulación primaria de capital intelectual debería seguir existiendo. No será la misma porque habrá menos libros y más películas, menos humanidades y más tecnología, menos conocimientos y más habilidades, menos palabras y más idiomas, pero después de todo será el "sistema operativo" con el que tendrán que funcionar por el resto de sus vidas.
He leído que los científicos aseguran que el hombre del futuro podrá vivir hasta los 200 años. ¡Qué pereza! ¿Cómo serán entonces las hipotecas del futuro? Ya que mi "sistema operativo" de 1961 apenas me sirve para comprender este 2008, entre vivir 100 años y la eutanasia, francamente prefiero la eutanasia.

Fernando Iwasaki
(v.pág.2 del suplemento "Visor" del periódico Público del 28 de diciembre de 2008).


Michel, una de mis nietas de 8 años de edad, es una niña a la cual le gustan los juegos electrónicos, y al estar entreteniéndose con uno de ellos, me invita a que participe en la actividad: -Abuelo ¿jugamos? Le digo que desconozco por completo cómo se juega, pues no se cómo funciona ni qué debo hacer para competir con ella; —yo te digo cómo... y acto seguido me explica cómo funciona el juguete, qué botones debo oprimir y qué se debe ver en la pequeña pantalla del aparatito, y con eso empezamos el juego, hago lo posible por apretar los botones indicados, pero llega el momento en que el juguete se detiene, insisto ¡y nada! no funciona, por lo cual le pregunto a la niña qué debo hacer y ella me contesta: -"Ya nada, ya pelaste", ahora yo sigo... es decir, con lo anterior me indica que ya perdí y que ella continuará con el juego, el cual seguro me ganará, pues por su habilidad que demuestra a su edad es una experta.
Y yo, con mi experiencia, que soy ya de la quinta edad (dicen que la tercera edad es a los 60, la cuarta a los 70 y la quinta de los 80 en adelante) ¿no sé manejar un simple juguete de pilas?, y eso me recuerda que tampoco sé "chatear", "navegar a alta velocidad en internet", que no sé sacarle todo el provecho que se puede obtener de una computadora, que no tengo "lap top", que me cuesta mucho trabajo manejar los nuevo teléfonos celulares que tienen cámaras fotográficas, procesos electrónicos e infinidad de adelantos técnicos más y desconozco términos usados como "ya pelaste", "con eso ya pelas"; ya me quedé estancado en la época de los "Picapiedra", ¿ahora tendré que seguir hablando por el "cuernófono", ir en mi "tronco-móvil" y seguir pensando en el Tiranosaurio-Rex y el Iguanodonte?
Mis reflexiones son interrumpidas por la campana del carretón de la basura, la cual suena para avisar que la debemos sacar a la puerta para que se la lleven; le digo a otro de mis nietos que lo haga, corre y lo hace, pero luego me dice: "No se la llevó, no se detuvo, pues ‘va en friega’", y ese nuevo término que en la casa no se usa, hace que me confirme mi sospecha: "Ya soy un dinosaurio" y pienso que no estoy viviendo en la época actual, que ya estoy "fuera de onda" como se dice ahora, y que si no me actualizo... me quedo... me quedo...

Adolfo Martínez López
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 31 de diciembre de 2008).


Fórmula para alcanzar la longevidad.

(V.pág.3-D del periódico El Informador del 31 de diciembre de 2008).


Norman tiene 90 años y ha jugado golf desde que se jubiló. Pero, una noche, llega a su casa cabizbajo.
-Me rindo- dice, -mi vista es tan mala que cuando le doy a la pelota no puedo ver a dónde fue.
-¿Por qué no llevas contigo a mi hermano Fred?- le pregunta su esposa, Doreen.
--¿Y de qué me serviría él?- pregunta suspirando Norman. -Tiene 103 años.
-Es verdad- contesta Doreen, -pero tiene una vista perfecta.
Al siguiente día, Norman y Fred se dirigen al campo de golf. Norman da el primer golpe y envía la pelota muy lejos.
-¡Vaya! Eso estuvo bien- dice Norman. -¿Viste dónde cayó?
-Por suspuesto- responde Fred.
-¿Y dónde está?
-No recuerdo.

(V.pág.26 de la revista Selecciones de enero de 2009).


Cada vez que el círculo social de una amiga mía se reúne, apartan un tiempo para quejarse de sus más recientes dolores y achaques. Estos festivales de quejas son tan populares en el grupo, que incluso los bautizaron como "recitales de órgano".

Tina Spriggs
(v.pág.83 de la revista Selecciones de enero de 2009).


¿Te acuerdas de aquel tiempo...

...cuando las decisiones importantes se tomaban mediante un práctico 'De Tin Marín de Do Pingüe Cúcara Mácara Títere Fue, Yo No Fui Fue Teté Pégale, Pégale...'?
...cuando se podían detener las cosas si se complicaban con un simple 'no se vale' o 'zafo'?
...cuando los errores se arreglaban diciendo simplemente 'empezamos otra vez'?
...cuando el peor castigo y condena era que te hicieran escribir 100 veces 'No debo...'?
...cuando, para salvar a todos los amigos bastaba con un grito de '¡Un, dos, tres por mí y por todos mis amigos!'?
...cuando descubrías tus más ocultas habilidades, a causa de un '¡A que no puedes hacer esto!'?
...cuando no había nada más prohibido que jugar con fuego, sobre todo en diciembre?
...cuando lo único que nos hacía correr como locos era 'El último que llegue es...!'
...cuando 'Policias y Ladrones' era sólo un juego para el recreo, y por supuesto era mucho más divertido ser ladrón?
...cuando la más moderna, poderosa y eficiente arma que jamás se había inventado era ¡La Bomba del Globo con Agua!?
...cuando aquella moneda bajo la almohada que nos dejaba el Raton de los Dientes, era como un tesoro para comprar todo tipo de dulces?
...cuando '¡Guerra!' no significaba más que bolas de papel durante las horas libres en clase?
...cuando los alimentos básicos y escenciales eran tan solo leche con galletas y los dulces a diario?
...cuando quitarle las ruedas pequeñas a la bici significaba un gran paso en tu vida?
...cuando el 'negocio del siglo' era cambiar esas estampas del álbum más soñado por todos?
...cuando todos te admiraban si lograbas cruzar la cuerda mientras saltabas?
...cuando cualquier trozo de yeso o tabique era como un tesoro para poder formar un círculo en el piso y jugar 'stop'?
...cuando todas esas cosas tan simples nos hacían felices, simplemente... No necesitábamos nada más?
...cuando un balón, una cuerda y 2 amigos eran suficientes para pasarla bien todo el día?

Si puedes recordar la mayoría de estas cosas y he conseguido que sonrías, entonces significa que has tenido una infancia feliz... y que todavía te queda dentro algo del niño que fuimos no hace tanto tiempo.
Nunca pierdas al niño que llevamos dentro, porque da sentido a nuestra vida.
El último en leerlo... ¡La trai!
¡Pásalas, si no, te embarazas!

(Recibido por e-mail el 23 de enero de 2009).


A los 57 tacos, uno conserva pocos mitos. La vida los liquida uno tras otro. Sin embargo, algunos individuos tienen, o tenemos, cierta facilidad para aferrarse a los suyos, defendiéndolos como gato panza arriba. De tales mitos, los procedentes del cine sobreviven en la gente de mi generación; quizá porque cuando nos alimentábamos con programas dobles y bolsas de pipas, sólo el cine y los libros inflamaban la imaginación hasta el punto de marcar vidas y destinos. Esa magia terminó hace tiempo. El cine ya no es así, y la televisión es otra cosa. Tampoco los espectadores son los mismos. Ni siquiera los niños, esos pequeños cabrones de lógica demoledora, llegan al momento oportuno con la parcela de inocencia y territorio en blanco virgen, lista para ser cubierta, que traían antes. Los nuevos mitos vienen de otros sitios, no del cine. O apenas de él. Como me dijo una vez en el festival de cine de San Sebastián Pedro Armendáriz hijo, el cine sólo fue de verdad cuando era mentira.

Arturo Pérez-Reverte
(v.pág.31 del periódico Público del 25 de enero de 2009).


Cuando éramos niños, en las esquinas había 2 tipos de flechas: unas de color verde que decían "Preferencia" y unas de color rojo que decían "Circulación". Si uno transitaba por aquellas que decían preferencia, significaba que no había necesidad de detenerse en cada esquina. Eran los que circulaban por las de flecha roja que tenían que ceder el paso a los que llevaban preferencia.

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 31 de enero de 2009).


Diversos tratadistas, entre ellos Roberto Juan Flores, de Villaflores, Chiapas, hablan del mal conocido allá con el nombre de "sejuela". Dice él:
"Si te tomas una cerveza y te lleva rapidito al baño, y el último chisguete es en tu pantalón.
Si te dan váguidos, pasamientos y gómito cuando te subes a un banco a cambiar un foco.
Si tienes más pelo en la nariz y en las oreja que en la cabeza.
Si el picante te irrita el jonís.
Si usas zapato aguadito, tipo mocasín, porque la última vez que te amarraste los de cintas no te pudiste enderezar.
Si con sólo abrir el refrigerador te da catarro.
Si necesitas una ayudadita con película triple XXX.
Si cada vez que opinas te dicen: 'Cállate tú, papá. Tú no te metas'.
Si cuando toses te tapas la boca, no por educado, sino para que no se te salga la placa.
Si cuando sales solo te dan la bendición, un papelito con tu nombre y dirección, y una estampita de San Juditas pa' que te cuide.
Si tienes esos síntomas es prueba irrefutable de que ya te dio la sejuela: se-jue-la juventú".

En efecto, el tiempo no perdona, y cuando menos acordamos nos vemos en lo que Manrique llamó "el arrabal de senectud". Por eso hay que conservar el entusiasmo de vivir; el interés en las cosas que pasan en el mundo; el deseo de aprender cosas nuevas y disfrutar experiencias inéditas; la alegría y el buen humor, y, sobre todo, la capacidad de amar, de olvidar ofensas y rencores, de no perder nunca la esperanza. Si conservamos todo eso, la sejuela nos hará lo que las auras flébiles del véspero al Benemérito de las Américas. O sea lo que el aire a Juárez.

Atribuido a Armando Fuentes Aguirre "Catón"
(recibido por e-mail el 31 de enero de 2009).


No teníamos computadoras, apenas si teníamos un cuaderno de doble raya y plumas fuente con las que iniciamos haciendo palotes hasta conseguir escribir en letra palmer, algo que ellos ni siquiera saben que existió. Al tiempo, tuvimos que dejar de usarla y aprender a escribir en scrip o letra de molde. No teníamos procesadores de palabras ni correctores de ortografía, solo teníamos la gramática de Marín y un diccionario, pero era suficiente para escribir un texto en cristiano. Tampoco tuvimos calculadoras con más funciones que las que dio el cine Diana en sus buenos tiempos; bastaba la aritmética de Rozán y unas tablas de logaritmos para resolver un complejo problema de matemáticas.
No teníamos internet, pero contábamos con la Enciclopedia Barsa, la Salvat o el Tesoro de la Juventud, con eso y un lápiz, era suficiente para hacer un trabajo acerca de los próceres de la patria o la teoría de la relatividad. No teníamos messenger para pedirles a nuestros compañeros que nos pasaran la tarea. Ellos, en cambio, aprendieron con gran destreza a hacer grafittis en propiedad ajena.
No existía el comando "copiar y pegar", con trabajos tuvimos copias fotostáticas que eran uno de los inventos más revolucionarios del momento, dado que nos permitía sacar copias de los apuntes de los compañeros para estudiar para los parciales a los que, sin duda alguna, sobrevivimos. Prueba de ello es que estamos aquí.
Así que nos podrán acusar de haber crecido con una tecnología similar a la de los Picapiedra, pero tenemos el orgullo sin mácula, porque al menos sabemos que "burro" no se escribe con "ve" de veinteañero.
¡Ahí la vemos, mis cuadernos de doble raya! Ah, pero ¿vieron lo de Phelps? ¡Le salió lo veinteañero!

Ricardo Santos
(v.pág.4 del suplemento "Tapatío" del periódico El Informador del 7 de febrero de 2009).


No sé cómo estaré con más de 60 años, pero el sólo hecho de saber que formaré parte de la tercera edad me anima a creer que estaré infinitamente mejor que ahora. No hay peor edad que los cuarentaitantos, ese Rubicón que cruzamos con la certeza de haber tocado techo y de que todo lo que no hemos conseguido ya no lo alcanzaremos jamás. Por lo menos después de los 60 seré dueño de mi tiempo, aunque me encuentre jugando la "prórroga".
A los 40 uno cree que es "joven", pero nadie nos va a regalar la indulgencia que sí disfrutan los verdaderos jóvenes. A los 41 quiere pensar que todavía no es "mayor", pero nadie nos dedicará jamás la paciencia que sólo se le ofrece a los mayores. En realidad, a los cuarentaitantos uno todavía tiene los apetitos de la última juventud junto con los achaques de la primera vejez. Una birria de edad.
Mi generación decidió marcharse de la casa familiar para conquistar unos derechos y libertades que los jóvenes de hoy han recibido desde su nacimiento, y que por lo mismo reclaman con absoluta naturalidad. No somos un espejo digno para ellos ni merecemos la conmiseración que al menos le dedican a los mayores. Más bien, somos una panda de fracasados que además envejece mal y deprisa.
Cuando era estudiante universitario y me imaginaba a mí mismo con cuarentaitantos, creía con ingenuidad que los valores de entonces (el conocimiento, la conciencia crítica y el compromiso) seguirían vigentes y que tenía que estar preparado para ese momento. Pero no ha sido así, porque lo que de verdad cotiza es el poder, la fama y el dinero. ¿Quién ganó? Lo ignoro, pero los que perdimos somos los que estábamos leyendo o viendo películas de arte y ensayo. Cuántas horas subrayando a Cortázar, cuántas veces viendo Amarcord y cuántos años preparándome para un mundo que no ha sido éste.
Nunca he sido bueno en matemáticas, pero he averiguado que después de jubilarme seguiré pagando la hipoteca durante 10 años más. ¿Por qué la vida empieza a los 40? Quizás porque los tumores que terminarán conmigo acaban de florecer.

Fernando Iwasaki
(v.pág.3 del suplemento "Visor" del periódico Público del 8 de febrero de 2009).


Motivo de reflexión son los años 50, son aquellas salas con miles de espectadores deseosos simultáneos de complementar su día domingo o festivo concurriendo al cine, en el centro de Guadalajara con 800,000 habitantes, que ahora superan los 4 millones. Los desplazamientos eran a pie y lo que ahora son colas de vehículos, entonces eran de gente para comprar los boletos de ingreso al Alameda, Juárez y Avenida sobre la Calzada Independencia, a los que se agregó el Metropolitan; Colón cercano a la Avenida Juárez donde también se ubicaba el Variedades con cupo superior a 4,000 espectadores; Cuauhtémoc, que primero fue teatro y Jalisco remodelado con el nombre Tonallan; Obregón en la avenida del mismo nombre; México sobre Tolsa; Ideal y Sorpresa ubicados en Javier Mina constituían los cines tradicionales y modernos de aquel tiempo.
Llenos domingueros creaban los sueños con 2 funciones integradas por una película de apertura a la función de las 4 en punto de la tarde y otra de estreno que terminaba al filo de las siete y media. Sin faltar, en el intermedio, la proyección de placas fijas y cine minutos comerciales, noticieros, documentales y avances de las próximas películas, esto último no ha cambiado igual que los comerciales para el aprovechamiento del público cautivo.
Ir al cine en su actual concepto de exhibición y contenido continúa con la modalidad impuesta por la multiplicidad de salas en un solo "centro" comercial para mayor comodidad del cinéfilo, igual la variedad de horarios. En la espera o al ingreso, como en aquellos tiempos, la dulcería tiene el atractivo de las tradicionales palomitas, el refresco y otros refrigerios en sustitución de las pepitas, muéganos y "guasanas" comprados a vendedores ambulantes en el exterior.
Si usted aún es joven y no lo recuerda, intercambie comentarios lo que es y lo fue el cine de aglomerados espectadores ansiosos de la penumbra para soñar con temas y actores de ayer, que ahora son patrimonio de entretenimiento en tiempos de televisión.

Carlos Cortés Vázquez
(v.pág.6-E del periódico El Informador del 11 de febrero de 2009).


A los hombres con la edad les crecen 3 cosas: las cejas, los pelos en las orejas y la codicia.

Flavio Romero de Velaco, licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras y exgobernador de Jalisco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 14 de febrero de 2009).


Diez señales de la crisis de la edad madura en los hombres.

  1. Cambio de empleo. Esta es una señal aterradora de que la crisis es inminente. Cuando el hombre llega a casa y anuncia que va a dejar su carrera de 30 años en los seguros para poner un negocio de cerveza casera, lo más probable es que será una aventura loca y arriesgada.
  2. Conducta temeraria. Es igual de aterradora y tiene el potencial de dejar una viuda. En este caso, el hombre llega a casa y anuncia que va a competir en carreras de autos, hacer paracaidismo, practicar surfing o cazar cocodrilos. "La vida es corta", dice con filosofía. "No quiero morir sin haberme lanzado desde un precipicio".
  3. Arreglo personal. Esto empieza un día en que se ve en el espejo y un tipo viejo le devuelve la mirada. Siente pánico y compra unas tijeras para recortarse los pelos de la nariz, cambia a su fiel peluquero por un estilista que le pone "luces" en el cabello, hace una reservación para depilarse la espalda con cera y se compra todo un guardarropa de elegantes prendas informales y una loción con olor a almizcle.
  4. Vuelta a los hábitos de veinteañero. Este intento de recuperar la juventud perdida suele manifestarse con un deseo súbito de ir a festivales de música de 3 días de duración, beber en exceso, dejar revistas y latas vacías en el coche y comer sólo productos chatarra. A la larga esto conduce o da al traste con el punto 5.
  5. Ejercicio desenfrenado. Su ilusión es fortalecer los músculos del abdomen para poder sumir la panza al pasar trotando junto a los bañistas en la playa. Va al gimnasio 3 veces por semana, y ve su reflejo en la ventana mientras saca del auto la nueva televisión de pantalla plana. Este es uno de los pocos síntomas de la crisis de la edad madura que conviene alentar.
    Selecciones del Reader's Digest de septiembre de 2004.
  6. Compras disparatadas. La esposa llega a casa del trabajo y encuentra una moto nueva, una lancha de motor o un vehículo todoterreno frente al garaje, y una televisión gigante de pantalla plana instalada en el cuarto de trebejos. Se suponía que ese dinero tenía que durarle al marido hasta que llegara a los 90 años, pero da gusto verlo sonreír... para variar.
  7. Coqueteos. El hombre se hace la pregunta clásica: "¿Aún puedo ligar?" Es una duda obsesiva que lo lleva a engolar la voz, a sentarse con desenfado en los escritorios de las recepcionistas y a alisarse con la mano el pelo recién teñido mientras dice cosas como "Vamos a tomar una copa" a chicas más jóvenes que sus hijas. Es un comportamiento inocuo en general, pero puede sobreinflarle el ego o hacer que lo acusen de acosador
  8. Buscar viejas pasiones. Esto se manifiesta de varias formas: tratar de localizar a una novia del bachillerato en Facebook, redescubrir la emoción de la patineta o desempolvar su guitarra eléctrica y su amplificador e invitar a los miembros de su antiguo grupo de rock para tocar un poco. Es un intento desesperado por recordar cómo era antes y por qué le caía bien a la gente. Puede llevarlo a vivir episodios de nostalgia narcisista y a usar palabras obsoletas.
  9. Irresponsabilidad. Se hace un vistoso tatuaje en un brazo que dice "Espíritu libre", empieza a comprar todo a crédito y se desvela hasta las 2 de la madrugada viendo el futbol.
  10. Rememorar en exceso los viejos tiempos. Puede repetir infinidad de veces: "Te acuerdas cuando fuimos a tocar a aquel festival de música y nos pasamos toda la noche bebiendo cerveza y hablando de que algún día haríamos..." A su esposa o a su pareja tal vez no le convenga unirse a él en la nostalgia y recordar con cariño a sus ex novios (excepto, quizá, al que tiene enfrente).
Paige Kilponen
(v.pág.80 de la revista Selecciones de febrero de 2009).
"Olivetti-2Q5" pronunció Fabián para sí mismo, al tiempo que contemplaba con atención el viejo cacharro que tenía frente a él. Una máquina de escribir. "¡La mejor de su tipo!" Había exclamado su abuelo al obsequiársela.¿Mejor?...¿Mejor para qué? Cuestionaba Fabián, a horas de ese encuentro, desde la tranquilidad de su habitación. No podía imaginar en qué forma aquella chatarra roja podría haber sido, alguna vez, la mejor de cualquier cosa que hubiera sido inventada por la humanidad. No tenía pantalla, ni siquiera un monitor pequeño; tampoco se podía hacer correr ningún videojuego. Ni siquiera tenía dónde meter el disco para respaldar la información; y además de todo, la impresión saldría al mismo tiempo en que fuera escrito el texto. Todo eso sin contar el absurdo acomodo escalonado de las teclas.
Pero bueno, el viejo se la había regalado en medio de tanta emoción que no se atrevió a manifestar ningún gesto de desagrado.

Miguel Casillas Dávila
(v.pág.20 del periódico Público del 6 de marzo de 2009).


Hubo una época, estoy seguro, en que uno de los deseos que tuve -y también algunos de mis amigos- era el de ser presidente de México. Era un niño, y así como viví tardes en las que me sentaba debajo del tinaco en la azotea dizque a manejar un camión (con todo y sus pasajeros, todos ellos la pura chiquillería que vivíamos en unos pequeños departamentos de la colonia Nápoles, en la Ciudad de México), también hubo en las que nos poníamos a jugar a lo que queríamos ser de grandes. Nunca faltaba el que la hacía de bombero, el de policía, a otro le latía ser boxeador -de hecho, lo fue, aunque nunca brilló y mejor se dedicó a entrenar a jóvenes- y éramos como 2 o 3 los que siempre queríamos ser presidentes. ¿Por qué? Porque algo nos decía que a ese señor todo mundo le obedecía, que él mandaba y que todos lo admiraban porque trabajaba mucho y tenía al país al tú por tú. Era una época en la que no leía periódicos -las revistas que me chutaba eran las de Editorial Novaro (tamaño "colibrí", "águila" y "avestruz"), además de Chanoc, Memín Pingüín y Cucurucho y tío Rius-; días en los que veía la tele sólo porque salían El Tío Gamboín y Genaro Moreno (¡ah, cómo les envidiaba los muñequitos de cuerda o automáticos que presumían!), El Hombre Nuclear, las series de Chespirito y los partidos de futbol en los que jugaba el Atlante; días de inicio con mis primeros libros (A.J.Cronin y Juan Ramón Jiménez). En casa no se hablaba mucho, pues la jefa llegaba harta de la jornada diaria y ser hijo de madre soltera en la década de los 70 no era nada fácil. Pese a eso, la mamá al menos se relajaba poniendo discos de rock (los Doors, Led Zeppelin, Van Cliburn, Elvis Presley, ¡Angélica María! y hasta música hawaiana y tahitiana), paseando los domingos en el Parque Hundido y de vez en cuando echándose las noticias con Jacobo.
Fue en la escuela y con los amigos del edificio en donde viví (fines de los 60 y primeros años de los 70) en donde la ilusión de quién sería de grande me llevó a pensar en ser presidente. Al paso de los años, también, he confirmado que no fui -ni soy- el único chavito con aspiraciones presidenciales; sin embargo, he sido testigo de cómo esa ilusión cada vez se va distorsionando, perdiendo o, de plano, ya ni importa. Hoy muchos chavos relacionan al presidente con transa, con corrupción, con poder desmedido y con el responsable de que el dinero de los padres nomás no alcanza. Y, por desgracia, esa sensación ha alcanzado a otros personajes que hace años eran considerados como héroes: el policía y el abogado, principalmente.

David "Negro" Guerrero
(v.pág.12-B del periódico El Informador del 11 de marzo de 2009).


A stunning senior moment.

En las sesiones de trabajo previas a la salida al aire de MILENIO Televisión explicábamos en qué casos se debería interrumpir la programación regular para abrir una cobertura especial. Un ejemplo que usábamos como quintaesencia era el asesinato de Colosio.
Usamos el ejemplo hasta que nos dimos cuenta de que cuando en las juntas participaban los más jóvenes, se nos quedaban viendo con cara de "¿Quién?" "What?" Vaya golpazo generacional. El suceso que, quizá como ninguno, nos marcó periodísticamente es una vaga referencia para una mayoría.

El lunes se cumplen apenas 15 años del asesinato en Tijuana del candidato del PRI a la Presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio. Sería interesante aplicar una encuesta a menores de 30 años y preguntarles si saben quién fue ese hombre y qué hizo. Creo que un porcentaje muy alto no tendría idea, porque así es nuestra memoria colectiva: falsamente heroica y afecta a la efeméride ñoña, pero reacia para recuperar ciertos acontecimientos traumáticos que marcaron un antes y un después, como el asesinato de Colosio: por los días previos al 23 de marzo, el drama que fue en sí la campaña electoral, el papel de Manuel Camacho, las decisiones de Carlos Salinas de Gortari y Joseph Marie Córdoba, la foja política de Mario Aburto. En fin, por el cuadro de intereses que se vieron afectados por un viraje en el estilo de ejercer el poder en México.

Ciro Gómez Leyva
(v.pág.2 del periódico Público del 20 de marzo de 2009).


La fortuna de los mayores de 50.

Nunca se pensó que a los 50 se pudiera llegar a tener tanta riqueza.

(Recibido por e-mail el 30 de marzo de 2009).


As I mature...
(Recibido por e-mail el 1o.de abril de 2009).
From the American Association Of Retired People

Questions and Answers from AARP Forum

Where can men over the age of 60 find younger, sexy women who are interested in them?Try a bookstore under fiction.
What can a man do while his wife is going through menopause?Keep busy. If you're handy with tools, you can finish the basement. When you're done you'll have a place to live.
Someone has told me that menopause is mentioned in the Bible. Is that true? Where can it be found?Yes. Matthew 14:92: "And Mary rode Joseph's ass all the way to Egypt."
How can you increase the heart rate of your 60-plus year old husband?Tell him you're pregnant.
How can you avoid that terrible curse of the elderly wrinkles?Take off your glasses.
Seriously! What can I do for these crow's feet and all those wrinkles on my face?Go braless. It will usually pull them out.
Why should 60-plus year old people use valet parking?Valets don't forget where they park your car.
Is it common for 60-plus year olds to have problems with short term memory storage?Storing memory is not a problem, Retrieving it is the problem.
As people age, do they sleep more soundly?Yes, but usually in the afternoon.
Where should 60-plus year olds look for eye glasses?On their foreheads.
What is the most common remark made by 60-plus year olds when they enter antique stores?"Gosh, I remember these!"

(Recibido por e-mail el 1o.de abril de 2009).


Juventud es cuando te dan permiso de desvelarte la noche de Año Nuevo. Madurez es cuando te obligan a hacerlo.

Bill Vaughan


Decía don Vetulio: -A mis 90 años sigo persiguiendo muchachas.
Le pregunta alguien, sonriendo: -Y ¿las alcanza?
-Sí- contesta don Vetulio. -Pero ya no recuerdo para qué.

Armando Fuentes Aguirre "Catón"
(v.periódico El Siglo de Durango del 2 de abril de 2009).


La vejez empieza cuando pesan más los recuerdos que las esperanzas.

Flavio Romero de Velaco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 2 de mayo de 2009).


Cuando hace años murió alguien muy cercano y querido para mí, en el momento de bajarlo a la tumba alguien, entre sus amigos, comentó: "Era un hombre honrado y un caballero". Y qué quieren que les diga. Me pareció el mejor epitafio que un hombre puede desear para sí mismo, pero temo que nadie dirá eso en mi funeral. No porque pueda o no pueda serlo, que ése es asunto mío y no viene al caso, sino porque dudo que alguien aprecie todavía el valor de esas palabras. Ahora, honrado es sinónimo de tonto, y en la puerta de los servicios de los bares llaman señora y caballero a cualquiera.

Arturo Pérez-Reverte
(v.pág.29 del periódico Público del 10 de mayo de 2009).


En la sala de mi casa había una Stromberg-Carlson de bulbos en la que todas las noches aparecían en blanco y negro las protagonistas de El amor tiene cara de mujer. Irán Eory, Lucy Gallardo, Silvia Derbez, Irma Lozano. El mundo ofrecía paraísos que en una hora hacían sudar las manos y acelerar el pulso, El agente de Cipol, con Robert Vaughn como Napoleón Solo y David McCallum como Ilya Kuryaki, y no había prólogo mejor que el que contenía este diálogo:
-Camarada, ese hombre que está ahí nos mira con insistencia.
-Para su información, Piotr, ese hombre que está ahí es el famoso Simón Templar. (Aparecían los créditos: "El Santo, de Leslie Chartiers, con Roger Moore...")
En algún lugar cabalgaban los 4 jinetes de Bonanza. Vic Morrow y Rick Jason avanzaban con sus fusiles de asalto bajo el fuego de los tanques en los bosques oscuros de Combate. La pegajosa entrada de Misión imposible anunciaba intrigas internacionales protagonizadas por Steven Hill y Bárbara Bain. Sin embargo, en aquella sala no había ojos más que para ver las historias de 4 empleadas de un salón de belleza, Laura, Matilde, Vicky y Lucy, que a lo largo de no sé cuántos años -795 capítulos- tuvieron a bien desdoblar los hilos de la telenovela más larga de la historia.
La Stromberg-Carlson fue remplazada por una Philco. La Philco, por una Sony.

Héctor de Mauleón
(v.pág.5 del suplemento "Visor" del periódico Público del 10 de mayo de 2009).


Me diagnosticaron S.A.D.A.E. (Síndrome de Atención Deficiente Activado por la Edad).
Se manifiesta así: Decido lavar el auto.
Al ir a la cochera, veo que hay correo en la mesita de la entrada.
Reviso las cartas antes de lavar el auto; dejo las llaves del auto en la mesita, voy a tirar los sobres vacíos y las propagandas en el bote de basura y me doy cuenta que está lleno.
Decido dejar las cartas (entre las que hay una factura) en la mesita y sacar la bolsa de basura afuera.
Entonces pienso que, ya que voy afuera, puedo pagar la factura con un cheque y echarlo en el buzón que está a 10 metros de la puerta.
Saco del bolsillo la chequera y veo que queda un solo cheque en blanco.
Voy al escritorio a buscar otra chequera y encuentro sobre la mesa la Coca Cola que me estaba tomando y se me había quedado olvidada.
Saco la lata para que no se vaya a derramar sobre los papeles y me doy cuenta que se está calentando, por lo que decido llevarla al refrigerador.
Al ir hacia la cocina, me fijo que el jarrón de flores de la cómoda de la entrada está sin agua.
Dejo la Coca Cola sobre la cómoda y descubro los anteojos de cerca que estuve buscando toda la mañana.
Decido llevarlos a mi escritorio y, después, poner agua a las flores.
Llevo los anteojos al escritorio, lleno una jarra de agua en la cocina y, de repente, veo el control remoto del televisor.
Alguien lo olvidó en la mesa de la cocina...
Me acuerdo que anoche lo estuvimos buscando como pendejos...
Decido llevarlo al cuarto de la tele, donde debe estar, en cuanto ponga el agua a las flores.
Echo un poquito de agua a las flores y la mayor parte se me derrama por el suelo; por lo tanto vuelvo a la cocina, dejo el control remoto sobre la mesa y agarro unos pinches trapos para secar el agua.
Voy hacia el hall tratando de acordarme qué chingados es lo que quería hacer con estos chingados trapos hediondos...
Al final de la tarde... el auto sigue sin lavar, no pagué la factura, el bote de basura está lleno, hay una lata de Coca Cola caliente en la cómoda, las flores siguen sin agua, sigue habiendo un solo cheque en blanco en mi chequera, no encuentro el méndigo control remoto de la tele ni mis anteojos de cerca, hay una fea mancha en el parquet de la entrada y no tengo ni puta idea de dónde están las llaves del coche.
Me quedo pensando cómo puede ser que, sin haber hecho nada en toda la méndiga tarde, haya estado todo el tiempo en chinga y esté tan cansado.

(Recibido por e-mail el 22 de mayo de 2009).


Casi al final del servicio dominical el ministro preguntó: "¿Cuántos de ustedes han perdonado a sus enemigos?"
El 80% levantó la mano.
El ministro volvió a repetir su pregunta. Todos respondieron esta vez, excepto una pequeña viejita.
"Señora María ¿qué no está dispuesta a perdonar a sus enemigos?"
"Yo no tengo enemigos"- respondió dulcemente.
"Señora María, eso es muy raro. ¿Cuántos años tiene?"
"101"- respondió. La congregación se levantó y le aplaudió.
"¡Oh señora María! Puede pasar al frente y decirnos ¿cómo se vive hasta tener 101 años y no se tienen enemigos?"
La viejita dulce pasa al frente. Dirigiéndose a la congregación explica: "Porque ya todas las cabronas se murieron".

(Recibido por e-mail el 23 de mayo de 2009).


La confesión

-(Voz femenina) "Padre, perdóneme porque he pecado".
-"Dime, hija, cuáles son tus pecados?"
-"Padre, el demonio de la tentación se apoderó de mí, pobre pecadora".
-"¿Cómo es eso, hija?"
-"Es que cuando hablo con un hombre tengo sensaciones en el cuerpo que no sé como describirlas..."
-"Hija, por favor, que también soy un hombre..."
-"Sí, padre, por eso vine a confesarme con usted".
-"Bueno hija, y ¿cómo son esas sensaciones?"
-"No sé cómo explicarlas, por ejemplo, ahora mi cuerpo se rebela a estar de rodillas y necesito ponerme más cómoda".
-"¿En serio?"
-"Sí, quiero relajarme y quedarme tendida..."
-"Hija, ¿tendida cómo?"
-"De espaldas al piso, hasta que se me pase la tensión..."
-"¿Y qué más?"
-"Es como que tengo un sufrimiento que no le encuentro acomodo".
-"¿Y qué más?"
-"Como que espero un poco de calor que me alivie..."
-"¿Calor?"
-"Calor, padre, calor humano, que lleve alivio a mi padecer..."
-"¿Y qué tan frecuente es esa tentación?"
-"Permanente, padre, por ejemplo, ahora me imagino que sus manos sobre mi piel me darían mucho alivio..."
-"¡Hija!"
-"Sí, padre, perdóneme, pero me urge que alguien fuerte me estruje entre sus brazos y me dé el alivio que necesito..."
-"¿Por ejemplo yo?"
-"Por ejemplo, usted es la clase de hombre que imagino me puede aliviar".
-"Perdóname, hija mía, pero necesito saber tu edad..."
-"94, padre".
-"Hija, ve en paz, que lo tuyo es reumatismo..."

(Recibido por e-mail el 24 de mayo de 2009).


Mucho se lamenta la gente madura acusando que la fuerza de la juventud se desperdicie vilmente en los jóvenes cuya ingratitud, egoísmo e ignorancia hacen despilfarrar sus años plenos de esa vitalidad que ellos añoran nostálgicamente y de la cual los viejos se sienten más merecedores por su propia experiencia y aprecio. Finalmente se valora cuando ya no se tiene.
Vaya paradoja. Los jóvenes buscan parecer una edad mayor de la que tienen y presumen la apariencia de una madurez adelantada, mientras los mayores buscan esconder los rasgos que se asoman al acontecer la vida. Éstos se empeñan planchando, estirando, endureciendo y entumeciendo sus rostros y sus cuerpos para borrar las líneas y cuantas marcas tengan que revelan hacia afuera el transcurrir del tiempo y la acumulación de la experiencia interior. Unos aparentan lo que no son mientras los otros no son lo que quieren aparentar. Se niegan a sí mismos su propia condición.
Cuando se aburren los niños y los jóvenes, éstos se apresuran a crecer. Cuando el crecer se confunde con envejecer, se apresuran luego a verse jóvenes otra vez.

Norberto Alvarez Romo, presidente de Ecometrópolis, A.C.
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 26 de mayo de 2009).


Un hombre y su esposa están por acostarse. El esposo, parado frente al espejo, se da una mirada y comenta... -¿Sabes querida?, me miro en el espejo y me veo tan viejo... Tengo arrugas en la cara, los pectorales los tengo aguados, tengo las piernas gordas y los brazos flojísimos... la panza ¡no se diga! ¡Es un asco! Y cada vez tengo menos ¡"power"! Triste, se da entonces vuelta y mirando a su esposa, continúa: -Anda, sé buena esposa y dime algo positivo, algo que me haga sentir mejor... La mujer lo observa detenidamente, piensa un momento... y le contesta: -Bueno, mi amor... no te preocupes... por lo menos la vista la tienes muy bien.

Ana María Salazar
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 30 de mayo de 2009).


La vida en 4 botellas

La vida en 4 botellas.
(Recibido por e-mail el 30 de mayo de 2009).
Dicen por ahí que envejecer es
obligatorio y madurar, optativo.
Por lo mismo hay muchos más viejos
que maduros (sin hablar de los podridos).

Nemesio Maisterra
(v.pág.6 del periódico Mural del 11 de junio de 2009).


Dicen que la madurez se gana mediante los duros golpes de la vida, cuando enfrentamos retos y salimos adelante renovados y convertidos en personas más sabias. Sin embargo, existen otros indicadores que a veces pasamos por alto y son avisos muy claros de como ha pasado el tiempo...

Mac
(v.pág.12-B del periódico El Informador del 20 de junio de 2009).


Constantemente se critica a las personas mayores por no adaptarse al mundo moderno. Sin embargo, nosotros nos responsabilizamos por todo lo que hemos hecho y no culpamos a nadie por ello.
No obstante, después de una serena meditación, nos gustaría señalar que, a pesar de haber llevado el pelo largo, de haber vivido una revolución sexual, de habernos rebelado contra ciertos valores tradicionales y de haber bailado con Los Beatles y los Rolling Stones...
NO fuimos nosotros los que eliminamos: ¡En efecto, ya soy una persona mayor! Pero no creas que me he vuelto peleador, cascarrabias ni intransigente... sSimplemente que tengo edad para decir que hay cosas que ya no me gustan: Pero sí deseo seguir disfrutando de mi vida, la vida que Dios me ha regalado. Eso sí: respetando a los demás y que los demás me respeten a mi.
No obstante, ahora no recuerdo quién me envío esto. Tal vez se lo vuelva a enviar a la persona que me lo envió. Que me disculpe.
Total... ¡qué importa! Seguro que él o ella también se puso flores en la cabeza, entonó canciones protesta, hizo algunas cosas no tan santas y se destornilló bailando con los Beatles y los Rolling Stones, como yo.

(Recibido por e-mail el 2 de julio de 2009).


Honorato de Balzac, el gran escritor francés considerado como fundador de la novela moderna, por su realismo y el detallismo descriptivo, en unas cuantas palabras se refirió al drama de los últimos alientos amorosos de la senectud: "¡Lo que el amor cuesta a los viejos!"

Flavio Romero de Velaco
(v.pág.4-A del periódico El Informador del 1o.de agosto de 2009).


Cuando niña, los ladrones tenían la apariencia de ladrones, y nuestra única preocupación en relación a la seguridad era que los acomodadores de los cines nos expulsaran debido a los golpes que dábamos en el suelo con los pies cuando ponían una determinada música al inicio de los filmes, en las matinés del domingo.
Madres, padres, profesores, abuelos, tíos, vecinos, todos eran autoridades dignas de respeto y consideración.
Inimaginable responder maleducadamente a policias, maestros, a los más ancianos, o a las autoridades.
Confiábamos en los adultos porque todos eran padres y madres de todos los muchachos y muchachas de la cuadra, del barrio, de la ciudad.
Teníamos miedo apenas de lo oscuro, de los sapos, de filmes de terror.
Hoy siento una tristeza infinita por todo lo que perdimos. Por todo lo que mis nietos un día temerán. Por el miedo en la mirada de los niños, jóvenes, viejos y adultos.
Matar a los padres o a los abuelos, violar niños, secuestrar, robar, engañar, poner la trampa... Todo, no importa cuan grave sea, termina en la banalidad de noticias policiales olvidadas después del primer intervalo comercial.
Policías que persiguen malhechores están aplicando "abuso de autoridad". Derechos humanos para criminales, pero deberes ilimitados para ciudadanos honestos. No tomar ventaja es ser pendejo. Pagar puntualmente las deudas es cosa de idiotas, pero no lo es la amnistía para los estafadores.
Ladrones de traje y corbata, asesinos con cara de ángel, pedófilos de cabellos blancos. Profesores maltratados en las aulas, comerciantes amenazados por traficantes, rejas en nuestras ventanas y puertas.
Autos que se valoran más que abrazos e hijos que los quieren como regalo por haber pasado el año. Celulares en las mochilas de los recién salidos de los pañales.
¿Cuándo  fue que todo desapareció o se hizo ridiculo?

(Recibido por e-mail el 5 de agosto de 2009).


Huckle Berry Hound.
Chuchos y Michos
(7 de agosto de 2009).
Un joven le preguntó a don Geroncio, señor ya muy entrado en años:
-Aquí en confianza, don Geri, a su edad ¿cómo es hacer el amor?
-Te lo diré, muchacho -responde tristemente el veterano-. Imagina que juegas al billar y usas, en vez de taco, un trozo de cuerda...

Armando Fuentes Aguirre "Catón"
("Subibaja", Ed.Diana. Octubre de 2005).


Conté mis años y descubrí, que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora... Me siento como aquel chico que ganó un paquete de golosinas: las primeras las comió con agrado, pero, cuando percibió que quedaban pocas, comenzó a saborearlas profundamente. Ya no tengo tiempo para reuniones interminables, donde se discuten estatutos, normas, procedimientos y reglamentos internos, sabiendo que no se va a lograr nada.
Ya no tengo tiempo para soportar absurdas personas que, a pesar de su edad cronológica, no han crecido.
Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades.
No quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados.
No tolero a maniobreros y ventajeros.
Me molestan los envidiosos, que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.
Detesto, si soy testigo, de los defectos que genera la lucha por un majestuoso cargo.
Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos.
Mi tiempo es escaso como para discutir títulos.
Quiero la esencia, mi alma tiene prisa... Sin muchas golosinas en el paquete... Quiero vivir al lado de gente humana, muy humana.
Que sepa reír, de sus errores.
Que no se envanezca, con sus triunfos.
Que no se considere electa, antes de hora.
Que no huya, de sus responsabilidades.
Que defienda, la dignidad humana..
Y que desee tan sólo andar del lado de la verdad y la honradez.
Lo esencial es lo que hace que la vida valga la pena.
Quiero rodearme de gente, que sepa tocar el corazón de las personas... Gente a quien los golpes duros de la vida, le enseñó a crecer con toques suaves en el alma.
Sí... tengo prisa... por vivir con la intensidad, que solo la madurez puede dar.
Pretendo no desperdiciar parte alguna, de las golosinas que me quedan... Estoy seguro que serán más exquisitas, que las que hasta ahora he comido.
Mi meta es llegar al final satisfecho y en paz con mis seres queridos y con mi conciencia.
Espero que la tuya sea la misma, porque de cualquier manera llegarás..."

Mario de Andrade, poeta, novelista, ensayista y musicólogo brasileño
(recibido por e-mail el 29 de octubre de 2009).


Recuerdo todavía los años en que el uso de la palabra "condón" estaba prohibido. Llegaba uno a la farmacia y pedía en voz alta: "Me da una cajetilla de cigarros". Y luego añadía con vergüenza, bajando la voz todo lo posible: "Y un condón". Los tiempos han cambiado. Ahora llega el cliente a la farmacia y pide en voz alta: "Me da un condón". Y luego, bajando la voz, para que nadie lo oiga: "Y una cajetilla de cigarros".

Armando Fuentes Aguirre "Catón"
(v.periódico El Siglo de Durango del 5 de noviembre de 2009).


Sitios a visitar en la red:

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Fecha de última actualización: 5 de noviembre de 2009

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